Siempre con los pobres

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Voz habló con el padre claretiano Miguel Ángel Calderón, quien impulsa la conformación de un Consejo Territorial de Paz en la localidad de Bosa, y se ha destacado por luchar desde la fe por la justicia social.

Padre Miguel Angel calderon Claretiano

Sara Cifuentes Ortiz

El padre Miguel Ángel Calderón es un sacerdote claretiano de 75 años de edad que ha pasado la mayor parte de su vida en franco servicio a los pobres no solo de Bogotá, sino del país.

Nacido en Mogotes, un pueblo comunero de Santander, ha estado vinculado a esta congregación desde los 12 años de edad, siempre acompañado de ese espíritu misionero de los claretianos.

La mayor parte de su trabajo como sacerdote la ha desarrollado en la localidad de Bosa. Había estado en la parroquia San Bernardino durante los años 70 inicialmente y posteriormente en los 80 hasta el 92. Luego se fue a la zona sur en la localidad de Usme. Hizo presencia en barrios como el Danubio Azul, La Paz, La Fiscala y El Porvenir.

Ha trabajado siempre en áreas deprimidas del país y estuvo incluso en la frontera de Ecuador y Colombia, en la zona llamada Esmeraldas, de comunidades afrodescendientes.

El padre Miguel Ángel regresó a Bosa desde hace cuatro años y ha estado muy atento a la situación de la localidad y le comentó a VOZ sobre la propuesta del Consejo Territorial de Paz:

“Últimamente hemos podido reunirnos con varias organizaciones de la zona, para pensar un poco y organizar un Consejo Territorial de Paz, como contribución al proceso nacional de paz, y como manera de enfrentar la problemática en diferentes campos sociales que hay en esta zona, como la inseguridad, la desnutrición y el desempleo”.

“El proceso se puede decir que apenas está iniciando. Estamos participando organizaciones como Quinua, En Contravía, la Corporación Claretiana Norman Pérez Bello, Comosoc y la Parroquia de San Bernardino de Bosa. Entre todos hemos hecho propuestas, hemos hecho una síntesis de esa problemática y estamos cerca de lograr una propuesta común, de todas estas organizaciones para poder comenzar procesos sobre esas problemáticas sociales”.

La idea de organizar un Consejo Territorial de Paz en la localidad de Bosa surgió a finales de 2012 y ha continuado este año. Varias organizaciones han estado impulsando procesos parecidos, organizando a la comunidad en torno a la problemática de la violencia, y como contribución al proceso de paz.

En cuanto a las diferencias que este sacerdote aprecia desde la primera vez que estuvo en Bosa y actualmente afirma:

“La palabra desarrollo es ambigua, no puedo decir que Bosa se haya desarrollado. Ha crecido en extensión. Son innumerables los barrios que existen hoy, que forman parte de la localidad, pero las problemáticas sociales, en lugar de mejorar se agudizan. Se agudiza la violencia, la falta de trabajo, de educación adecuada, en cubrimiento y en calidad”.

“Una de la problemáticas que ha predominado en Bosa es la inseguridad, pero usted sabe que los atracos, robos, etc., tienen su origen en otras cosas como son la falta de empleo, la falta de educación. Hoy tenemos que determinar con exactitud cuáles son las causas de estos problemas y por ello es que estamos organizando un Consejo Territorial de Paz, para que entre todos podamos conocer mejor la realidad y enfrentar los aspectos más deficientes”.

Persecución al trabajo social

La Corporación Claretiana Norman Pérez Bello tiene el nombre de un joven de Sogamoso, perteneciente a uno de los grupos juveniles orientados por los claretianos llamado Kigüe-Yacta (Tierra de hermanos), el cual funcionó en Bosa muchos años. Norman se unió al trabajo de los claretianos en el barrio José Antonio Galán de esta localidad. Allí dieron vida a una comunidad eclesial de base, de la cual Pérez Bello fue el coordinador. Luego de dos años de trabajo de este joven de 22 años de edad en la localidad, fue asesinado a tiros en 1992 y su crimen aún está en la impunidad.

Pese a estas dolorosas circunstancias que conlleva el trabajo de base en barros populares, el padre Miguel Ángel estuvo 11 años en la Parroquia de San Valentín Berriochoa en el barrio La Fiscala en la localidad de Usme y la problemática era dramática en cuanto a violencia, representada en pandillas juveniles:

“Eso no nace espontáneamente por maldad de los jóvenes, eso tiene sus raíces en los dramas sociales que viven ellos, en la falta de trabajo y de oportunidades para vivir dignamente en la sociedad. Entonces no les queda otro camino que asociarse para resistir. La causa de ello es sociopolítica”.

Cuando este sacerdote claretiano llegó a La Fiscala ya había procesos educativos, dirigidos por el colegio Champagnat del Centro, que tenía una extensión en el barrio La Paz, con un centro de salud y un equipo de personas dedicadas a organizar a la juventud y a la niñez. También estaban los procesos de Fe y Alegría, a través de colegios en La Paz, El Danubio y el Palermo Sur.

“Yo trabajé con otro sacerdote, el padre Manolo y un grupo de laicos, incluso logramos hacer una comunidad de vida y de trabajo, viviendo juntos. Esa comunidad posteriormente por presiones externas y persecución se diluyó”, añade el sacerdote.

Laicos que trabajaban en el proyecto social junto con estos padres, tenían para sobrevivir un taller de publicaciones, el cual fue allanado el mismo día que allanaron la sede de la Conferencia de Religiosos de Colombia en 1998. El allanamiento se hizo por parte de agentes del CTI buscando supuesta propaganda del ELN.

Eso complicó el trabajo social que realizaban en la zona, fue un aviso para los laicos y para los mismos sacerdotes de que su trabajo estaba en riesgo. Por ello, el trabajo en la zona se dispersó.

Pese a las dificultades de su trabajo basado en la Teología de la Liberación, el padre Calderón se siente satisfecho y reivindica más que nunca esta corriente que nació luego del Concilio Vaticano II en Latinoamérica:

“Considero que La Teología de la Liberación no solamente está vigente, sino que sigue dando aportes sumamente buenos, para responder con una fe liberadora a toda esta avalancha del neoliberalismo que todo lo convierte en mercancía. Por eso la Teología de la Liberación es un faro que nos ilumina, un faro que nos sostiene dentro de nuestra fe cristiana como seguidores de Jesús el Libertador, como es el título de un libro de Leonardo Boff. Toda mi vida he estado con los pobres y espero hasta la hora de mi muerte estar con los pobres”.