Rupturas y reacomodos

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Gabriel Becerra Y.

Como era previsible el 2013 será un año decisivo para la política colombiana. Al centro está el futuro del proceso de paz y con él la posibilidad de abrir un nuevo período de la historia del país hacia su democratización tras décadas de guerra interna. Se equivocan quienes desde la lucha política o social, con cálculos individualistas, soslayan o minimizan el significado del actual proceso. No hay que equivocarse: no habrá cambios políticos progresistas en Colombia si no se encuentran salidas al prolongado conflicto social y armado impuesto por la clase dominante. La paz y los cambios que ella implica, nuevamente cruza la agenda política del país. En otras palabras, uno será el escenario político con un proceso de paz en marcha y otro muy distinto sin él.

Esta realidad y la creciente conflictividad social agudizan las contradicciones políticas en el bloque de poder dominante, pero también en el campo popular.

En la derecha, sin menospreciar los intentos que hace la fracción más reaccionaria por reagruparse para amenazar la reelección de Juan Manuel Santos, aprovechando sus múltiples debilidades, lo más seguro es que se imponga el continuismo de la fracción que busca presentarse como “modernizante”, para recomponer la hegemonía del poder. Por ahora, es la que cuenta con la mayor favorabilidad del reelegido Obama y su política imperialista, las multinacionales, los principales grupos económicos del país, los monopolios informativos, y sobre todo, con el poder de la contratación y la burocracia para mantener cohesionada la “unidad nacional”, incluyendo a buena parte del “centro” y algunos “independientes”.

Más allá de la hojarasca que dejan los titulares y las columnas de prensa sobre el devenir de ciertos príncipes de la política tradicional –Vargas Lleras, Gavirias, Uribes, Gómez-, lo cierto es que los factores reales de poder, los mismos que estuvieron con Uribe y su política pro fascista, parecieran hoy sentirse mejor representados por el continuismo de Juan Manuel Santos que con el regreso a la ya superada etapa uribista. Asistimos a un reacomodo en la derecha colombiana y no se ve fácil que otra fracción logre desplazar al actual mandatario y lo que representa.

En el campo popular y democrático también se asiste a una recomposición. Los comunistas estamos por una política de Frente Amplio por la Paz, la Democracia y la Soberanía. Empezando por reagrupar a todos los niveles la izquierda revolucionaria, comprometida con la paz con justicia social y la lucha de masas clasista que se propone construir un nuevo poder constituyente; orientación que no es incompatible con una política de unidad y alianzas con otros sectores progresistas y democráticos. Hacemos énfasis en acuerdos sin macartismos, vanguardismos o exclusiones. Una orientación que se propone aprender de los errores e ir más allá de una simple coalición electoral, escenario en el cual habrá que encontrar las fórmulas más indicadas para derrotar los obstáculos del antidemocrático sistema aún vigente y garantizar mantener vocerías populares.