Rudecindo Wilches: Un maestro que no fue a la escuela

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Rudecindo Wilches,

El Partido Comunista Colombiano y el semanario VOZ hacen un reconocimiento a uno de los grandes luchadores del movimiento campesino en la región del Sumapaz, visionario de las luchas agraristas y defensor de la causa revolucionaria

Redacción Historia

Rudecindo Wilches nació en el Valle de Teatinos, Boyacá, y llegó al municipio de Pasca en 1940 producto de la migración que generó la pobreza en muchos territorios del país. Después pasó a vivir en el Alto de Sumapaz con la familia Vargas, periodo en que terminó su adolescencia y empezó la juventud. Para el profesor Alfredo Díaz, profesor rural y ahijado de Rudecindo, es clave esta época porque se encuentra en pleno desarrollo la lucha agrarista.

Su padrino se encontrará con Erasmo Valencia, quien para entonces ayudaba a las tareas ideológicas del movimiento. A su lado, junto con otros compañeros ilustrados como el señor Carlos Barrera, Rudecindo comenzará un importante camino de aprendizaje. Aunque no pudo ir a la escuela, sí aprendió a leer, a escribir y a interpretar los principales algoritmos matemáticos gracias a algunos compañeros ilustrados.

Con el entusiasmo de haber aprendido a leer y a escribir, Wilches se dedicó a enseñar a los demás compañeros, es decir, un maestro que no fue a la escuela. Fue capaz de invertir las ganancias de la cosecha de papa en la compra de la enciclopedia Salvat, cuando su núcleo familiar esperaba estrenar botas, prendas de vestir o un alimento especial. “Así conocí los 12 tomos de la enciclopedia debidamente cuidados y leídos por el padrino Rudecindo”, refiere Alfredo.

Escuela popular

Posteriormente, a Rudecindo le ofrecen una máquina de escribir, por lo que vendió su vaca lechera para comprarla, “y allí la generación nuestra, que es la que les sigue a ellos, aprendimos a escribir a máquina, nuestros primeros versos” nos cuenta Díaz. Además, agrega que “el compañero Wilches no permitía que se escribieran pendejadas”, por eso “había que escribir documentos, actas, cartas que fueran los más aventajados versos o discursos políticos”.

Además, Wilches se preocupó mucho porque el campesinado, así como trabajaba materialmente en el agro, estudiara. Ese empeño motivó a que Alfredo Díaz y su hija fueran a estudiar pedagogía. Díaz cuenta que cuando se graduó de maestro en 1978, Rudecindo fue a la fiesta de grado y le preguntó: “«ahijado ya estudió 11 años de su vida, debe saber cuál es el principio de la sabiduría».

Yo respondí «no padrino, la verdad no le tendría una respuesta exacta», porque él no aceptaba cualquier respuesta. A lo que me dijo, «bueno entonces en un año me responde».

Al año, después de trabajar como maestro en la vereda El Raizal, al primero que me encuentro es a Wilches insistiendo en la respuesta, le dije «padrino yo he estado en tantas vainas este año que no he investigado eso», y a continuación Rudecindo sentenció «ahijado que coincidencia, es que ese es el principio de la sabiduría: la investigación»”.

Enseñanzas poderosas de Wilches, reflexiona Díaz, el que no investiga no puede asegurar cosas, tan solo puede memorizarlas.

Rudecindo y Juan de la Cruz

El compromiso con la lucha destacó a Wilches como uno de los referentes de la organización campesina liderada por Juan de la Cruz Varela en la cuenca del río Blanco. En su máquina de escribir organizaba los informes para las conferencias del Partido Comunista de la región, muchas de ellas clandestinas por el momento político que se vivía, y organizaba las cartas de Juan de la Cruz para el gobierno.

Existe un detalle que el profesor Alfredo recuerda con picardía: “cuando se acababa la cinta que contenía dos colores, roja y negra, cuando terminaba el color negro las escribía en rojo, pero las escribía”.

Cuando la juventud de la región logra acceder al colegio y conocer máquinas más modernas, le llevaban las cintas para que no quedara a dos colores una carta, ya que, en los colegios, los carretes eran desechados tan pronto bajaba la intensidad de la tinta, siendo aprovechados en su totalidad por el campesinado.

Alfredo Díaz refiere una anécdota escuchada en las palabras de Wilches: “como Juan de la Cruz Varela orientaba la organización campesina, para la posesión de cada nuevo presidente, es decir a todo gobierno que se posesionaba le pedía la audiencia.

Llegado Lleras Restrepo al gobierno, Wilches joven, iba delegado con Juan de la Cruz a la audiencia, y en el discurso de posesión de Lleras, que en ese tiempo se escuchaba por la radio, él dijo que había sido criado con habas que era lo que más le gustaba, y Wilches cultivaba habas. Lo que se inventó fue llevarle una maleta de habas de dos arrobas y media. Los demás delegados dijeron «¡no, pero que vamos a llegar al Palacio con un bulto de habas!»”.

Wilches no renunció a llevar las habas, “entonces dijeron «nos tocó dejar a Wilches». Ellos salieron de primeros del hotelito para ir seguros y dejarlo atrás, pero a Wilches, que no le faltaba inteligencia se dio cuenta de la trampa, y se fue por entre las calles y les ganó. Ellos no pensaron que llegara antes. La guardia no advirtió la mala fe porque él dijo que le llevaba un presente al presidente. La cosa es que cuando comunicaron al presidente su llegada, ya Rudecindo los había burlado y estaba en la oficina del presidente con la maleta de habas. Ese talante era el que manejaba”.

Férreo luchador del Sumapaz

Rudecindo se destacó como edil, cargo que ejerció en el año 1996, destacándose por su firmeza y su agudeza intelectual. Tal cosa quedó muy clara al iniciarse el siglo XXI, cuando nuevamente arreció la persecución.

Durante el gobierno de Álvaro Uribe, el Partido Comunista y el movimiento campesino del Sumapaz fueron objeto de un plan de exterminio. La región llegó a tener tres militares por cada civil.  Lo que se orientó desde la organización campesina fue salir del territorio por un periodo ante los riesgos de seguridad. Las mujeres no querían ir a aventurar a otro lado, y hubo una comisión que fue a consultar la opinión al compañero Wilches.

Según Alfredo, la respuesta de Rudecindo fue: “Yo sí que estaba esperando ese momento”. La comisión reprochó, “cómo así, compañero”. “Sí, esto si no hay un revolcón no hay nada, estamos muy conformes con todo, dijo Wilches y continuó, pero si la pregunta es qué voy a hacer: me muero aquí. Díganles que Rudecindo Wilches no se va a ir y que mi consejo es que no nos vayamos, hay que redactar una denuncia, acudir al gobierno, a las organizaciones defensoras de los derechos humanos”.

Wilches vivió de manera modesta en su finca, que se la compró al señor Rubén Díaz, hasta que la muerte lo encontró a los 91 años. Alfredo asegura que hasta los 90 estaba entero y que todos sus hijos son muy cercanos al Partido. La hija Magdalena es la maestra que estudió con Díaz; ella ha priorizado la academia y ha escrito algunos textos, sobre todo de pedagogía. “Digamos que como relevo Rudecindo confiaba mucho en nosotros, de los que militábamos en el Partido en esa generación y se sentía contento porque sabía que nos había transmitido su entrega”, termina el profe Alfredo.