Propuesta de paz duradera desde los sin tierra (II)

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El fortalecimiento de la agricultura pasa por la ampliación de su disponibilidad de tierras con medidas redistributivas en donde sea indispensable; de riego, vías y electrificación, infraestructura sanitaria, créditos y asistencia técnica.

Campesinos trabajan la tierra

Jairo Rubio

En la nota anterior trabajé la propuesta intitulada “Democratizar el acceso de la tierra”. Trataremos en este espacio que generosamente ha cedido el Semanario VOZ los siguientes temas:

2. Fortalecimiento de la agricultura.

A partir de la década de 1990, se han hecho evidentes en la agricultura colombiana los cambios a nivel mundial en términos de la participación de los cultivos y de las tierras aptas destinas a ellos. Según el Ministerio de Agricultura el área cultivada en Colombia en 1990 pasó de 3’739.200 Ha a 3’069.000 en 2009.

Esta tendencia se ha expresado como una crisis agrícola. Siguiendo el comportamiento general de la agricultura, el país ha registrado la disminución de la participación del sector en el conjunto de la economía: en el periodo 1945-49 el sector agropecuario tenía una participación del 40% en el PIB total; para 1960-64 esta participación se redujo al 30%, al 17% en 1990 y al 11% en 2000 (SAC 2012).

Por su parte la composición de la producción: entre 1990 y 2005 el área sembrada con cultivo temporales pasó del 51,1% al 41,5% de la tierra apta en producción y de 2.366 a 1.687 millones de toneladas para el mismo periodo (C. Salgado, 2008). Como vemos, el desastre del modelo capitalista de acumulación ha afectado enormemente la economía campesina, para ello ha acudido a formas violentas mediante la guerra, el destierro y la usurpación final de las tierras aptas para cultivos.

La política pública

La política pública que se ha implementado en el país en los últimos años, en lo referente a la orientación productiva de la agricultura y la garantía de la disponibilidad de alimentos para la población colombiana, muestra un evidente sesgo hacia la importación de alimentos básicos. Hoy el país importa alimentos procesados o no en más de diez millones de toneladas anuales, lo que significa la ruina total de los campesinos pobres y medios de Colombia.

El fortalecimiento de la agricultura pasa por la ampliación de su disponibilidad de tierras con medidas redistributivas en donde sea indispensable; de riego, vías y electrificación, infraestructura sanitaria, créditos y asistencia técnica.

La organización productiva del campo ha de buscar el complemento de la producción campesina con la de las medianas y grandes unidades, el acuerdo de sus capacidades y ventajas para atender la demanda, facilitando la agregación de la oferta mediante la organización de los productores (D. Fajardo, 2014), por su parte el propósito de un ordenamiento territorial orientado hacia la construcción de una sociedad menos excluyente, con mayor capacidad de distribución de la riqueza, capaz de atender sus requerimientos alimentarios en condiciones de soberanía y seguridad alimentaria.

Mercados y TLC

3. La agricultura frente a los mercados y a los TLC.

Los desarrollos desiguales de la economía, en particular el de la economía agrícola, han afectado negativamente el desempeño técnico y económico de la agricultura colombiana. Tal como lo señala Darío Fajardo, las condiciones de protección y fomento ejercidas sobre la producción se tradujeron en políticas arancelarias, pero también en incentivos a la producción, investigación y transferencias tecnológicas.

Los Tratados de Libre Comercio (TLC) elaborados en los países céntricos traen consigo la aplicación de las políticas formuladas de los años 60, conocidas como la “Revolución Verde”, que prepararon el camino para una agresión del poder hegemónico mundial lideradas por los EEUU hacia los países periféricos. Por consiguiente la liberalización comercial y en particular la adhesión a los TLC han modificado estas condiciones al exponer al mercado nacional a las importaciones de alimentos protegidas, como fue el caso del arroz, además favorecer las semillas genéticamente modificadas en favor de las transnacionales como la Monsanto, que pretende destruir el patrimonio nacional de las semillas criollas al imponer semillas patentadas bajo su control.

En el caso de la agricultura, se trata de proteger aquellos renglones que sustentan las economías campesinas y los sectores con mayores capacidades de generación de empleo y más amplias posibilidades de aprovechamiento sostenible de los recursos naturales, como son las Zonas de Reserva Campesinas. No se puede constituir una política de protección a ultranza de sectores no sostenibles en términos económicos, sociales y ambientales.

En este caso de reglones productivos soportados en la concentración de la propiedad territorial y en tecnologías depredadoras, como son la ganadería extensiva, las explotaciones agrícolas desarrollas con tecnologías intensivas en utilización de agrotóxicos, la explotación acelerada de la palma aceitera y la caña de azúcar para la producción de etanol o la extracción no sostenible de los recursos renovables y no renovables.