Procesos electorales y cambios en América Latina: Izquierda recargada

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La izquierda latinoamericana lucha por la redención de las masas, en su empeño de justicia y libertad.

Los resultados de las urnas en Ecuador, Bolivia, Cuba y Venezuela auguran continuidad en los procesos de transformaciones sociales en el continente. Los gobiernos progresistas encaran nuevos retos en la lucha contra la pobreza, la inequidad social y por un desarrollo armónico

La izquierda latinoamericana lucha por la redención de las masas, en su empeño de justicia y libertad.
La izquierda latinoamericana lucha por la redención de las masas, en su empeño de justicia y libertad.

Alberto Acevedo

Hace algunos meses, analistas de la política europea indicaban, no sin razón, que los cambios sociales más significativos que se presentan hoy en el mundo se están dando en territorio latinoamericano. En contraste con las grandes movilizaciones en Europa y las denominadas “primaveras” árabes, africanas o centroeuropeas, que han terminado en aspiraciones fallidas, en tierras latinoamericanas cuajan realmente importantes procesos de transformación social.

Los veredictos electorales que se han registrado en las últimas semanas en Ecuador, Cuba y Venezuela, y los que se anuncian en otros países donde se han instalado democracias populares, auguran la continuidad, en una nueva etapa de profundización de esos cambios liderados por gobiernos democráticos, de centro izquierda o de inspiración socialista.

La izquierda aparece recargada. La victoria de Rafael Correa en Ecuador es un triunfo para toda la región, porque ratifica la validez de los procesos de corte progresista surgidos en América Latina en las últimas décadas. Es una victoria del continente, empeñado en el logro de una integración efectiva, sobre nuevas bases, a partir del derrumbe de la política hegemonista norteamericana, de reconocer las grandes aspiraciones comunes de los latinoamericanos y al mismo tiempo reconocer la autodeterminación de cada pueblo.

La obra de la denominada ‘revolución ciudadana’ de Correa es un referente necesario para el continente. En un franco despliegue económico y de impulso a programas sociales, bajo la gestión de Correa se han hecho más cambios sociales que en los últimos 50 años de gobiernos plegados a los dictados de Washington. En pocos años, el nuevo gobierno sacó de la pobreza a millones de habitantes. Esto ha sido reconocido por la Cepal que hace notar que de una pobreza y marginalidad superior al 60% en los años 90, se pasó al 25% en el año anterior, con un crecimiento sostenido del 5% anual y una inversión pública del 25% del ingreso bruto de la nación.

Venezuela y Cuba

El regreso de Hugo Chávez a Caracas, después de casi dos meses de estar luchando con tenacidad por superar graves quebrantos de salud, introduce un elemento de estabilidad en la política del vecino país y frustra los planes de la burguesía de apartar del camino a Chávez y anular el proceso de reformas sociales en Venezuela.

En La Habana, al término del último período legislativo de la Asamblea Nacional del Poder Popular (parlamento), el 24 de febrero, el organismo legislativo ratificó a Raúl Castro como presidente de la República y del Consejo de Estado para un período de cinco años, al cabo de los cuales el gobernante anuncia que no será reelegido.

La ratificación del mandato de Castro estuvo acompañada de significativos relevos en la cúpula dirigente. Como vicepresidente de la nación y del Consejo de Ministros, fue elegido Miguel Díaz Cancel, un veterano líder de la revolución. En la presidencia del parlamento fue designado Esteban Lazo Hernández, quien reemplazó a Ricardo Alarcón, que tras permanecer cuatro períodos en el cargo, es promovido a otras responsabilidades de Estado.

Estabilidad socialista

“Consideramos que en las circunstancias que vive el país, que se ha visto obligado a desenvolverse durante más de medio siglo de Revolución -dijo Raúl Castro-, debe garantizarse en la cúspide del poder estatal y gubernamental la unidad ejecutiva frente a cualquier contingencia por la pérdida del máximo dirigente, de manera que se preserve, sin interrupción de ningún tipo, la continuidad y estabilidad de la nación”.

Y mientras en Cuba se anunciaban estos cambios generacionales, los mayores que se han presentado desde el triunfo de la Revolución en 1959, en otros países del continente también se hacen anuncios dirigidos a utilizar el mecanismo de las elecciones para la continuación de procesos transformadores.

El presidente Evo Morales, en Bolivia, anuncia su disposición de postularse para un nuevo período presidencial en la intención de apuntalar sus programa de reformas sociales, dirigidas hacia la lucha contra la pobreza, por la inclusión social y por el desarrollo independiente de la economía de su país.

La presidenta Dilma Rousseff, en Brasil, con el apoyo del ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva, abrió ya su campaña electoral para un nuevo mandato, con el objetivo de sacar de la miseria a 22 millones de brasileños y sostener el actual nivel de consumo familiar, una de las banderas enarboladas por el anterior mandatario del Partido de los Trabajadores.

Argentina y Chile

Cristina Fernández de Kirchner, en Argentina, estudia también su propia estrategia dirigida a mantener la continuidad de una política, muy controvertida en el campo interno, pero saludada y respetada a nivel internacional, y que se ha granjeado las simpatías de sectores democráticos en el exterior.

En Chile, a punto de finalizar la desastrosa gestión del derechista Sebastián Piñera, todo parece indicar que se abre paso la llegada a la presidencia, para un nuevo mandato, de la representante de la Concertación Democrática, Michelle Bachelet. Y aunque su presencia en el gobierno no es la solución a los males que aquejan a la sociedad chilena, ni es garantía a la solución de las injusticias sociales, sí representa una carta diferente a la que propone la derecha pro imperialista de Piñera.

Con este panorama, a la izquierda latinoamericana le corresponde hacer una seria reflexión sobre el camino de las reformas, en el sentido de que hay que hacer rectificaciones en ciertos manejos y afianzar no pocas conquistas sociales.

Una cosa de no poca monta es el tema relativo al relevo en la dirección del estado y la formación de nuevos cuadros dirigentes. Lo que ha hecho Cuba es aleccionador en este sentido. Es necesario preparar nuevos dirigentes, asunto en el que no se puede improvisar, y llevarlos a la dirección del Estado.

Nueva agenda

Asistimos a un proceso de formación de nuevas democracias, de construcción de una nueva sociedad y estamos llegando a un modelo de integración de la Patria Grande, la que soñaron Bolívar y Martí, en una situación impensable hace diez años atrás.

Asuntos como el de la estructura de la tierra y del Estado, el saqueo de los recursos naturales del subsuelo por parte de empresas transnacionales, la superexplotación del trabajo asalariado por grandes empresas de capital nacional y extranjero, la lucha contra la inequidad social y contra la pobreza, el goce efectivo de derechos por parte de los sectores más desvalidos de la sociedad, son temas de los que deberán ocuparse los gobiernos de izquierda en esta segunda generación de las democracias latinoamericanas.

Y esto conlleva, necesariamente, a reformas constitucionales, a examinar el papel de las fuerzas armadas, a revisar el concepto de seguridad nacional, el papel de los grandes medios de comunicación en manos de empresas monopólicas, a examinar el papel de América Latina, como bloque regional, en condiciones de negociar, con un margen de mayor ventaja, frente a otros bloques de poder imperial. Son estos, entre otros, los temas de la agenda latinoamericana en los años por venir.