lunes, mayo 20, 2024
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Policrisis: Capitalismo, con respiración asistida

El término “policrisis” goza de popularidad y es utilizado, entre otros, por el historiador económico norteamericano Adam Tooze para caracterizar la situación actual, en la que intervienen varias crisis, actuales o potenciales

Alberto Acevedo

En su reciente discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el presidente Gustavo Petro utilizó el término policrisis, para ilustrar su afirmación de que el capitalismo es un sistema fallido, y el causante de no pocos de los graves problemas que azotan al mundo y ponen en grave riesgo la existencia de la humanidad.

El mandatario colombiano dijo en ese momento: “Lo que ha pasado desde el último discurso que di en Naciones Unidas es que no hemos visto sino profundizar lo que los ricos reunidos en Davos (Suiza) llamaron la policrisis: la guerra sigue, el hambre continúa, la recesión aumenta, y la crisis climática ha mostrado sus dientes como nunca llevándose decenas de miles de vidas y calentando las tierras y los mares como nunca. Todas estas crisis son en realidad una: la crisis de la vida”.

Y agregó: “ha sido un año en que la humanidad ha perdido y ha avanzado sin titubeos hacia los tiempos de la extinción”, pues “pareciera que la dirigencia mundial se hubiera enemistado con la vida”.

El término policrisis goza de cierta popularidad y es utilizado, entre otros por el historiador económico norteamericano Adam Tooze, para caracterizar la situación actual, en la que intervienen varias crisis, actuales o potenciales.

Intersolidaridad de problemas

Dice Tooze: “una policrisis no es solo una situación en la que nos enfrentamos a múltiples crisis. Esta es una situación en la que el conjunto es todavía más peligroso que la suma de las partes”.

En 1993, los filósofos Edgar Morin y Anne-Brigitte Kern utilizaron el término policrisis en su libro Tierra Patria. Allí sostienen los autores: “no existe un único problema vital, sino muchos problemas vitales, y es esta compleja intersolidaridad de problemas, antagonismos, crisis, procesos incontrolados y la crisis general del planeta la que sigue siendo el problema vital número uno”.

Esta idea de crisis que se envuelven unas a otras y profundizan mutuamente su impacto en el planeta fue mencionada nuevamente en 2016 por el entonces presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. Las distintas crisis del mundo “se alimentan mutuamente, creando una sensación de duda e incertidumbre en la mente de nuestros ciudadanos”, dijo. Este sentimiento de enormidad de la secuencia de crisis (medioambiental, económica, social y política) se recoge en la expresión “policrisis”: una crisis singular compuesta por muchas crisis.

Nadie está a salvo

Más recientemente, a mediados de mayo pasado, Ignacio Ramonet participó en un seminario sobre Anatomía de una policrisis, donde se refirió a las repercusiones del cambio climático, las migraciones, el impacto de las rápidas innovaciones tecnológicas, como elementos que integran este fenómeno.

Dijo Ramonet: todas estas crisis se producen simultáneamente. Están entrelazadas. Se cruzan. Unas mantienen a las otras. Y, entre todas ellas, dibujan un panorama complejo de pasmo y sobresalto. Nadie acierta a entender lo que ocurre. Nadie está a salvo. En el comportamiento de los ciudadanos, esta policrisis está produciendo unos impactos y unos traumas que desconciertan, atontan y deprimen.

Los propios gobernantes -asegura-, de cualquier país, se encuentran desorientados. Incapaces de comprender los nuevos retos y los nuevos desafíos que están sucediendo a escala global. Pero aún, la mayoría de los gobiernos se revelan inhábiles e incompetentes a la hora de fijar las perspectivas y de proponer soluciones.

Cambio geopolítico

El complejo entramado económico global da sustento a los vaticinios de quienes intentan definir un marco teórico de la policrisis. Los propios analistas occidentales reconocen que el capitalismo ha entrado en una fase de depresión que tiende a ser de larga duración.

Situaciones aparentemente disímiles como la guerra en Ucrania y el ascenso económico de China, muestran que se está produciendo un cambio geopolítico global. Las contradicciones interimperialistas van en ascenso y, entre tanto, se impone una crisis ecológica de proporciones descomunales.

Muchos indicadores económicos presentan saldo en rojo. La deuda pública de los Estados Unidos superó en el presente semestre los 33 billones de dólares, una cifra sin precedentes en la historia económica de esa potencia occidental.

Durante dos trimestres consecutivos, los 20 países de la zona euro han visto caer el Producto Interno Bruto, PIB, del bloque, con una contracción del 0.1 por ciento entre enero y mayo de 2023, después de una caída similar, entre octubre y diciembre de 2022. Autoridades del Banco Central Europeo, BCE, reconocen que el viejo continente entró en recesión técnica a principios de este año. Esta recesión la padece con especial crudeza Alemania, el país más desarrollado y líder en la política económica del continente.

El gasto de la guerra

Como en el resto del mundo desarrollado, en Europa la caída se le atribuye a la débil demanda interna. El gasto público está mostrando un fuerte retroceso, mientras el consumo en los hogares se reduce en un contexto de inflación y de uso restrictivo del crédito.

Aunque hay otra realidad que no debemos ocultar. La guerra en Ucrania, las sanciones económicas a Rusia, que dejaron sin gas ni cereales a Europa, le han costado un ojo de la cara al mundo capitalista.

Y esta crisis, arrastra de contera el prestigio de las instituciones de la democracia occidental. No en vano, el presidente Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, en el foro del Grupo de los 77 más China, recientemente concluido, dijo: “La ONU, el sistema de Bretton Woods (que dio origen a la banca internacional con el FMI a la cabeza) y la Organización Mundial del Comercio, han perdido credibilidad” ante las nuevas realidades económicas y del desarrollo en el mundo.

En el mismo escenario del G-77 trascendió que en este momento 20 países hacen esfuerzos por reemplazar el dólar como moneda de comercio entre sí, por otras monedas nacionales.

En Francia, de acuerdo a las autoridades económicas, el crecimiento anual del PIB caerá del 2.5 por ciento en 2022 al 0.6 por ciento en 2023. Se espera que la compra de bienes inmuebles de las economías domésticas de los franceses disminuya este año. También, que la inversión empresarial se desacelere, frenada por el aumento de las tasas de interés.

La enumeración de secuelas se haría interminable. Una mirada marxista nos llevaría a indagar sobre lo que está causando estas múltiples crisis. En su análisis, Ramonet apunta con dedo acusador al capitalismo. Corresponderá a las masas trabajadoras diseñar un correctivo, mediante una acción global, que nos saque del atolladero. La discusión está planteada.

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