Palabra itinerante: Tiempos de dificultades

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La derecha española, preocupada por sus socios en Venezuela.

Que vienen los comunistas. Que traerán miseria, caos y aplastamiento de las libertades. Estrategia débil que permite a los señalados responder que han sido ellos los que con sus políticas de recortes han dejado a millones sin hogar, sin empleo y sin comida.

La derecha española, preocupada por sus socios en Venezuela.
La derecha española, preocupada por sus socios en Venezuela.

Jaime Cedano Roldán

Hablar en España de las cosas que pasan en España es asunto molesto para los dirigentes de los partidos del sistema, los medios de comunicación oficialistas y para sus analistas y tertulianos políticos. Es duro levantar entusiasmos para unas elecciones repetidas. Nada fácil cuando crecen los escándalos de corrupción y desaparecen las políticas sociales. La convergencia electoral que han pactado Izquierda Unida, Podemos y otras expresiones de la izquierda podría darles una sorpresa poco agradable el 26 de junio. Recurren al miedo, vieja receta.

Que vienen los comunistas. Que traerán miseria, caos y aplastamiento de las libertades. Estrategia débil que permite a los señalados responder que han sido ellos los que con sus políticas de recortes han dejado a millones sin hogar, sin empleo y sin comida. O que escondieron las libertades y convirtieron en delito penal el ilusionismo de titiriteros, poetas y cantores. Que cerca de 300 sindicalistas están pendientes de condenas que superarían los mil años de cárcel. No, no es fácil hablar de España en España en estas circunstancias. Entonces lo mejor es hablar de Venezuela.

Felipe González y Aznar lo hacen pensando en las fortunas que ganan como lobistas. Albert Rivera ha entrado a fondo en el tema buscando los votos y protagonismos que ha ido perdiendo. Los grandes medios ejecutan la matriz diseñada. Pedro Sánchez trata de salvar el pellejo electoral y también aplica matrices. Y Mariano Rajoy un poco más de lo mismo al mando de un gobierno en decadencia aunque con posibilidades de gobernar, cosa contradictoria con una imagen que compite con la del bobo del pueblo.

Parece estar España en zona de fronteras. Parece querer romper con las ataduras del embrujo de generalísimos, reyes y falsos bienestares y un largo adormecimiento de las conciencias. Parece. Pero aún tiene fuerza el discurso del atraso y la pandereta. Mirar para otro lado. Sirve de perlas para desacreditar a quienes se levantan como alternativa. Entre el fracaso de Syriza y el de Venezuela como alternativas, están ellos como continuidad de garantías y tranquilidades. Pero también parece que el tema no es solo la campaña electoral. Que de verdad cosas graves y preocupantes se ciernen sobre Venezuela y que las aventuras militares desde afuera no son descartables. Y que tratar el tema venezolano en el Consejo de Seguridad Nacional no fue una payasada de Rajoy.

Detrás están poderes fácticos reales. Imperiales. La batalla por Venezuela es una batalla de toda América Latina y la Europa transformadora. Aquí no se juega la suerte de Maduro ni de Diosdado. Se juega el futuro de toda la región. La suerte está echada. Se avecinan tormentas y es la hora de las dificultades. Tiempos para que Bolívar despierte de nuevo.