lunes, marzo 4, 2024
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Palabra itinerante: Señales

La derecha está encrespada y tiene pesadillas horribles con hordas hambrientas asaltando sus palacios de invierno

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Jaime Cedano Roldán

Hace 26 años la izquierda latinoamericana celebró las victorias del Frente Amplio y del Partido de los Trabajadores en las elecciones municipales de Montevideo y Porto Alegre. Eran tiempos de pocas o ninguna celebración. Culminaba una década muy dura que había sustituido a otra quizás peor. El neoliberalismo estaba en su apogeo y se había derrumbado el muro de Berlín. Los sueños “habían fracasado” y la historia se había detenido. Pero hubo un despertar, una nueva década con vientos renovados del Sur, nuevos actores sociales y la creación del Foro de Sao Paulo como espacio de construcción de unidades y confianzas en la izquierda latinoamericana.

Desde los pueblos ancestrales y campesinos se enarboló la bandera del Quinto Centenario y el Nuevo Mundo se llenó de movilizaciones y para el Bicentenario logró construir un discurso transformador, el de la segunda independencia, y entonces con Chávez y con Lula y luego con Evo, Correa y Mujica se inició una nueva época. Las victorias sucesivas mostraban que era una tendencia, no eran hechos aislados. Había nacido una nueva época.

El triunfo del no en Grecia no está solo en los escenarios del sur de Europa. Llega después de las victorias de diversos procesos de unidad popular en Madrid, Barcelona y otras ciudades españolas. Una victoria extraordinaria. Contra todos los poderes reales y contra los grandes medios. Los organismos supranacionales europeos rompieron todas las barreras de la neutralidad y la decencia. Desde España Mariano Rajoy acorralado por sus propios miedos encabezó la descarada campaña contra el gobierno de Tsipras. En las calles la solidaridad de la gente.

Muy seguramente la propuesta de Syriza no es la más revolucionaria del mundo, seguramente contiene propuestas de sospechosa conciliación, pero se colocó en el centro de la confrontación y las contradicciones de hoy con el imperio y con el gran capital y la victoria le ha dado un nuevo aire, otra bocanada de aire fresco a un continente que necesitaba celebrar victorias en consecutivo, para acostumbrarse a ellas, para aprender a tenerlas y para saber si las seguidillas de pequeñas victorias pudiera ser una tendencia y el advenimiento de una nueva época. La solidaridad con el gobierno y el pueblo griego tendrá que multiplicarse.

La derecha está encrespada y tiene pesadillas horribles con hordas hambrientas asaltando sus palacios de invierno. Siguen las negociaciones, el tablero está vivo y vienen también las elecciones generales en España en las que se espera que la sensatez se imponga sobre los egos principescos de quienes se oponen a procesos de Unidad Popular. Para que al final del túnel se vea la luz y lleguen otras bocanadas de aire fresco a pesar del infernal calor que está haciendo.

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