Pacto por el campo

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Las iniciativas estarán priorizadas a sistemas productivos basados en economías campesinas familiares y comunitarias. Foto Agencia Prensa Rural

La propuesta busca redistribuir la tierra fértil y el agua para incrementar la producción de alimentos. También quiere aumentar significativamente las áreas de siembra y su productividad, que pasa necesariamente por liberar la tierra ociosa y combatir decididamente el latifundio improductivo

Jaime Osorno

No es hora de echar para atrás, por el contrario, hay que empujar hacia delante, especialmente en el universo de posibilidades de avanzar en temas de tierras y reforma agraria en un eventual gobierno de cambio y transformaciones sociales que representa el Pacto Histórico, PH.

Entre las fuerzas de la derecha y su campaña de mentiras, miedos infundados e intentos de entrampamiento, el oportunismo de sectores que se han acercado y vinculado a la campaña, y la parsimonia propia y de otros sectores para liderar la dinamización programática en temas de tierras y reforma agraria, podemos estar perdiendo terreno en posicionar y empujar al PH, a la opinión pública y al pueblo colombiano en dirección de las transformaciones democráticas y de cambio en materia agraria.

No basta con que en el programa de gobierno estén las propuestas de cambio. Es menester defenderlas, divulgarlas, y ganar mayor audiencia y organización en defensa y exigencia de implementación. El compromiso notariado de no expropiación por nuestros candidatos Gustavo Petro y Francia Márquez, amén de las consideraciones políticas alrededor de contener la campaña de miedo y desinformación, especialmente en el ala empresarial de la ANDI y el Consejo Gremial, es un pulso que va más allá del cálculo electoral.

Hemos perdido los que reivindicamos la reforma agraria redistributiva y la lucha contra el latifundio y la recuperación de las tierras acaparadas ilegal y violentamente; o por lo menos, no obedece a una exigencia propiamente de los sectores rurales campesinos y étnicos empobrecidos.

Tierra fértil para el campesinado

El programa presidencial ‘Colombia, potencia mundial de la vida’ se destaca por ser el que pone de presente varios temas que antes no estaban en la agenda política y gubernamental. Nunca, al menos en los últimos 20 años se había propuesto, de manera clara y directa la necesidad de hacer una reforma agraria, de articular las acciones agrarias y ambientales y de reconocer las comunidades rurales en sus derechos territoriales e interculturales, iniciando por la mujer como eje central y articulador de los espacios rurales. Las mujeres rurales serán las primeras en ser reconocidas en sus derechos a la tierra y el territorio.

La propuesta de reforma agraria y acuaria busca democratizar la tierra fértil y el agua para alimentar a Colombia. Además de aumentar significativamente las áreas de siembra y su productividad que pasa necesariamente por liberar la tierra de su uso ocioso y combatir decididamente el latifundio ganadero.

La tierra fértil será para la producción de alimentos. Los mecanismos propuestos son diversos: Mediante la imposición de tributos a la tierra que no cumpla con la función social y ecológica; garantizar el cierre de la frontera agrícola; mayor tecnología y adecuación de tierras con sistemas de riego; agroecología como ciencia y método de producción y revertir el fraccionamiento antieconómico de la tierra, con una participación de la agricultura campesina familiar y comunitaria en los procesos de transformación y la agroindustria alimentaria.

Para ello es necesario reorientar el catastro multipropósito tanto en sus contenidos como en su metodología de implementación. Así mismo se cumplirá con el punto uno del Acuerdo de Paz, especialmente en recuperar la naturaleza del fondo de tierras y potenciándolo, la implementación de los PDET y las metas de formalización.

Modernización del campo

Ciencia y tecnología: La agroecología será la base donde se sustente el plan de modernización para ganar mayor productividad en el campo, masificando los conocimientos y reconociendo los saberes ancestrales; recuperando y fomentando las semillas nativas y criollas como fundamento de la soberanía alimentaria. Producir nuestros propios insumos recuperando las empresas de fertilizantes, basados en sistemas agroecológicos, garantizando precios bajos y créditos para la producción primaria.

Sustitución de importaciones y aranceles inteligentes: control arancelario a las importaciones indiscriminadas de los alimentos que podemos producir nacionalmente. Ello debe ser una prioridad. Es posible jurídicamente y viable económica y políticamente renegociar las condiciones de los TLC y pactar nuevas cuotas de importaciones y partidas arancelarias.

Desarrollar un plan de sustitución gradual de importaciones ha de ser una de las medidas en los primeros cien días de gobierno, dejando de importar millones de toneladas de alimentos que podemos cultivar en nuestros campos.

Comercialización: Comercio justo y regulado, priorizando la compra a los productores locales e implementación de las compras públicas a los campesinos y campesinas. Así como la “conexión de las unidades de producción con los centros de comercio y exportación” para acercar a los productores primarios con los centros de consumo nacionales e internacionales, todo ello basado en redes asociativas, comunitarias y el cooperativismo solidario.

Economía campesina

Las iniciativas estarán priorizadas a sistemas productivos basados en economías campesinas familiares y comunitarias: maíz, arroz, trigo, papa, aguacate, plátano, yuca, soja, sorgo, ñame, tomate, café́ y cacao se convertirán en productos líderes de las cadenas de valor basadas en economías asociativas y solidarias. El cannabis será un producto a potenciar: productores e industriales serán objeto de apoyos articulados con la investigación y conocimiento para la diversificación de sus usos en la medicina, textiles, alimentos entre otros.

Institucionalidad rural para la innovación y el fomento: entidades como la Agencia de Desarrollo Rural, ADR, encargadas de los temas de riego e innovación, así como Finagro y el Banco Agrario tendrán una transformación dirigida a fomentar y apoyar la pequeña y mediana producción, así como la producción agroalimentaria y todo aquel que tenga una relación de producción directamente con la tierra. La ADR, la UPRA trabajarán de la mano y sinérgicamente con Finagro, y el Banco Agrario, así como con Agrosabia, ICA, Vecol, las plazas de mercado e incluso la Bolsa Mercantil de Colombia.

Territorialidades y autoridades rurales. Campesinado, pueblos indígenas, afrodescendientes, negros, raizales, palenqueros y rom dignificados y liderando la defensa de la vida, el territorio, la diversidad natural y cultural de la nación serán objeto del reconocimiento que históricamente le han negado: “Gobernarán desde sus territorios” como “sabios y sabias ancestrales”, serán los “guardianes de la vida, el territorio y la paz”.

Límites y victorias

Estos son solo algunos aspectos de lo que se puede denominar el programa agrario del PH, el cual es más robusto y con mayor detalle. Sin embargo, es menester advertir que aun el programa está abierto, en construcción y presto a ser alimentado. Por ello hago mención de tres propuestas ausentes en el programa y que a juicio del suscrito son vitales: i) Recuperación de baldíos indebidamente ocupados, ii) Resolución de las solicitudes de ZRC. iii) Reforma institucional de la autoridad de tierras, ANT.

Así mimo se menciona lo que pueden ser victorias tempranas del nuevo gobierno: i) Adoptar la declaración de la ONU sobre los derechos del campesinados y trabajadores agrarios. ii) Restructuración de la comisión de crédito agropecuario. iii) Conformación de comités de reforma agraria en todos los municipios del país. v) Liberar a la institucionalidad agraria de la mediocridad e incompetencia a la que fue sometida en los últimos años implementando un plan de formación y especialización de derechos y procesos agrarios a todos los funcionarios, especialmente en la ANT.