viernes, abril 4, 2025
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Ofensiva diplomática para frenar genocidio

Los despachos de prensa más recientes dan cuenta que al cierre de esta edición, habrían muerto más de cinco mil palestinos a causa de las bombas israelíes

Alberto Acevedo

En medio de una oleada de multitudinarias manifestaciones que recorren las principales capitales del mundo, clamando porque se ponga fin a la barbarie y el aniquilamiento del pueblo palestino, comenzó la que pudiera señalarse como una ofensiva diplomática en la que un grupo de gobiernos y naciones reclaman de Israel y de las potencias occidentales que lo apoyan, el cese del fuego en la Franja de Gaza y el inicio de conversaciones de paz que pongan fin a los enfrentamientos armados.

El pasado sábado 21, en El Cairo, capital de Egipto, se dieron cita presidentes, jefes de gobierno y voceros diplomáticos de 31 naciones, en la que se considera la mayor movilización diplomática hasta la fecha para tratar la escalada de violencia en la Franja de Gaza, Cisjordania y en algunas naciones vecinas, a donde intenta extenderse el fuego de la guerra.

El presidente de la nación española, Pedro Sánchez, el responsable de la política exterior de la Unión Europea, Josep Borrell, el presidente de Francia, el canciller alemán, la primera ministra de Italia, el primer ministro de Canadá y el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, estuvieron entre las numerosas personalidades que compartieron mesa con los jefes de Estado de las principales naciones del mundo árabe.

Una meta más ambiciosa

En ese escenario, la delegación de los Estados Unidos asumió la defensa de la causa anexionista y genocida de Israel, pretendiendo arrancar de la comunidad árabe una condena generalizada al grupo de resistencia islamista Hamás, objetivo que no consiguió. Más aun, la cumbre terminó sin conseguir una declaración general y tampoco una ruta de acción clara en torno al conflicto.

A pesar de estos resultados, la comunidad internacional no renuncia a su reclamo de paz en Palestina y el Cercano Oriente. Por el contrario, el coro de voces se amplía. En la reunión de El Cairo, China pidió a las Naciones Unidas convocar una cumbre de paz influyente y de amplio alcance para resolver urgentemente el conflicto palestino-israelí.

“Las Naciones Unidas deben facilitar la celebración de una conferencia de paz internacional más prestigiosa, más influyente y más amplia a la mayor brevedad posible”, dijo el enviado especial del gobierno chino a Oriente Medio, Zhai Jun. El funcionario señaló que la causa palestina no puede ser ignorada u olvidada.

Cifras de la barbarie

A la iniciativa se suman propuestas similares del presidente ruso, Vladimir Putin, de los jefes de Estado de México, Brasil y Colombia, y de miles de voces de la sociedad civil en todo el planeta.

Todo esto se plantea en medio del brutal recrudecimiento de los bombardeos, día y noche contra Gaza. Los despachos de prensa más recientes dan cuenta que hasta al cierre de esta edición, martes, habrían muerto más de cinco mil palestinos a causa de las bombas israelíes.

De acuerdo a las agencias de las Naciones Unidas para el trabajo humanitario, en los primeros once días de la escalada de guerra, 300 mil niños palestinos han sido desplazados. La cifra de infantes muertos y heridos es desgarradora.

En medio de esta tragedia, surge la voz de la relatora especial de la ONU, Francesca Albanese, advirtiendo del riesgo de que se produzca una nueva limpieza étnica masiva de palestinos como consecuencia del conflicto bélico. Así lo recoge un comunicado publicado en la página web de las Naciones Unidas.

Nuevo éxodo

“Existe un grave peligro de que lo que estamos presenciando sea una repetición de la Nakba (catástrofe) de 1948 y de la Naksa (retroceso) de 1967, pero en mayor escala”, declaró, en referencia a los éxodos palestinos tras la guerra árabe israelí y la Guerra de los Seis Días, respectivamente. “La comunidad internacional debe hacer todo los posible para impedir que esto vuelva a ocurrir”, precisó la alta comisionada.

No debería ser indiferente la comunidad de naciones, pero en general lo es. Israel ha trazado todo un plan de tierra arrasada. Conminó a la población del norte de la Franja de Gaza para que abandone la zona y se desplace hacia el sur, pues tiene el propósito de liquidar físicamente al movimiento de la resistencia palestina Hamás.

Ya inició su empresa criminal, que en realidad no es contra Hamás sino contra todo el pueblo palestino. El bombardeo a un hospital, donde murieron alrededor de 500 personas. Pero no solo eso; también el bombardeo a varias mezquitas, el ataque mortal contra una escuela, donde estaban no solo los niños, sino que el edificio estaba repleto de refugiados, son apenas expresiones tomadas al azar, de la magnitud de la matanza.

Guerra larga

Israel ha reconocido de manera explícita que prepara una guerra que durará varios meses. Alberga planes para iniciar una operación militar por tierra, para matar y quemar lo que encuentre a su paso, maniobra que se suma a los bombardeos aéreos y los disparos de artillería.

La campaña de Israel para desplazar a los habitantes de Gaza, y más tarde expulsarlos por completo a Egipto, es otro capítulo de la Nakba, en la que unos 750 mil palestinos fueron expulsados de sus hogares durante la guerra de 1948.

El ministro de Defensa israelí, Yoav Gallant, dijo el 9 de octubre: “Estamos imponiendo un asedio completo a Gaza. Sin electricidad, sin comida, sin agua, sin combustible. Todo está cerrado. Estamos luchando contra animales humanos y actuaremos en consecuencia”. A la luz del derecho internacional, esto es un genocidio.

La Fuerza Aérea Israelí, según sus propias cuentas, ha lanzado hasta ahora más de 6.000 bombas sobre Gaza, que es una de las zonas más densamente pobladas del mundo. Casi tantas bombas como las que Estados Unidos lanzó sobre Afganistán durante los años de su guerra allí.

La organización humanitaria Human Rights Watch ha confirmado que la aviación sionista ha utilizado bombas de fósforo blanco contra la población civil en Gaza y contra objetivos civiles en el Líbano. El fósforo blanco es una sustancia química utilizada en municiones de artillería, bombas y misiles, que se incendia al ser expuesta al oxígeno y puede calentarse hasta 815 grados Celsius. Virtualmente quema a sus víctimas. Y las potencias occidentales miran para otro lado frente a semejantes atrocidades en su justificación de los crímenes de Israel.

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