Miedo y violencia: plan de la derecha

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El candidato presidencial Federico Gutiérrez mostró en el reciente debate una foto de su contrincante Gustavo Petro, lo cual ocasionó miles de reacciones en redes sociales

Desinformación y fraude son la estrategia de los sectores interesados en continuar con el proyecto uribista

Pablo Arciniegas

A casi dos meses de las elecciones presidenciales, parece que por fin hay humo blanco en el plan que tiene la derecha. Fico, en efecto, es el candidato del uribismo y es la continuación de la administración Duque. Y el hecho de haber nombrado a Rodrigo Lara Sánchez como su vicepresidente deja manifestado un interés en captar a los verdes estilo Angélica Lozano, que esperarán un faro para cuando Sergio Fajardo repita su operación ‘ir a ver ballenas’ en la primera vuelta de este año ―que esperemos, no haya―.

Básicamente el proyecto político de Fico, y el de Duque, es mantener a Colombia en un estado de miedo, represión y crisis, para que cualquier decisión que tomen los clanes que concentran el poder sea vista como necesaria o como una salvación. ¿Aspersión con glifosato? Gutiérrez la aprueba. ¿Fallo que despenaliza el aborto a las 24 semanas? No, ni tampoco la adopción de parejas del mismo sexo, ni la marihuana recreativa. ¿Y el fracking? No sabe, no responde el candidato, según los resultados de una encuesta que esta semana compartió La Silla Vacía en Twitter.

Mejor dicho, con el exalcalde de Medellín estamos de regreso al 2018. Le faltaba tocar guitarra en televisión, pero haciendo una extraña imitación de Miguel Uribe Turbay, prefirió colgarse el acordeón y cantarle un paseo vallenato a Vicky Dávila. De cara a eso, uno concluye que el fascismo en Colombia no se esfuerza, y que más que candidatos, tiene una línea de marketing político, aunque pensarlo significa subestimar a una fuerza que siempre ha gobernado el país.

La campaña de desinformación

Más bien, Fico es uno de los muchos recursos que esperan desplegar la derecha y el uribismo para mantenerse en el poder. ¿Cuáles son el resto? Teniendo en cuenta los últimos 60 años de historia nacional son desinformación, fraude, miedo y violencia. La desinformación la observamos en todos los niveles. Gutiérrez, que llevó al debate una foto de Petro ―le faltó sacarla de la billetera― para preguntarle sobre lo mismo de siempre: expropiación, es un tipo de desinformación que denota la falta de proyectos políticos.

Pero la desinformación que practica Luis Carlos Vélez en La FM, donde acusa a Francia Márquez de perder el temperamento si le hacen preguntas, después de una entrevista de 20 minutos en la que Juan Lozano y Darcy Quinn solo hablaron de César Gaviria, demuestra que los grandes medios funcionan como agencias de linchamiento.

Lo curioso es que Fico o no ha investigado o simplemente evita el tema, pero quienes han estado más cerca de expropiar en Colombia han sido los políticos de derecha, como Uribe que alcanzó a firmar la Ley de Desarrollo Rural 1152 en 2007, que por escrito propone expropiar tierras improductivas. ¿Ah y qué decir de Peñalosa y los decretos en su alcaldía como el 835, con el que quería expropiar a habitantes de Barrios Unidos para levantar uno de sus famosos proyectos de ‘renovación urbana’?

El caso es que Fico prefiere denunciar la expropiación de la fe (?), como hizo en su Twitter, a raíz del performance que realizó la Red de Artistas en Resistencia, RAR, en la Catedral de Bogotá, quizás por recomendación de su asesor en comunicaciones Mateo Gómez, que con dineros de la Alcaldía de Medellín montó una bodeguita uribista en el 2017. Un detalle de fina coquetería del candidato que enarbola las banderas de la moral.

“Registraduría del siglo XXI”

A la constante desinformación se le suma el fraude, que empieza por la pobre infraestructura electoral de la que está encargado el registrador Alex Vega, miembro del Partido de la U. Además de que en las pasadas elecciones de Congreso permitió que se desaparecieran casi 390 mil votos del Pacto, muy obediente, este funcionario que se jacta de tener buenas relaciones con todas las orillas de la derecha, solicitó el reconteo de votos después de que Uribe se lo hubiera ordenado por Twitter.

La excusa de Vega es que las inconsistencias con los resultados que fueron evidenciando los testigos electorales y las herramientas tecnológicas que utilizó el Pacto Histórico de manera constitucional, eran culpa de los jurados de votación. Ojo, jurados de votación que preparó la misma ‘Registraduría del Siglo XXI’ con dineros de la ciudadanía. El caso es que con esta jugadita se buscaba abrir las bolsas de votos, que habían perdido su cadena de custodia y hasta ya estaban en la casa de algunos funcionarios.

Fico Gutiérrez, por supuesto, se subió al bus de los que estaban a favor del reconteo, y salió a decir en el debate presidencial de El Tiempo, que por qué solo le habían aparecido votos a Petro (o a la foto de Petro), como si estuviera reclamando directamente a sus maquinarias. Por suerte, el reconteo se cayó antes de llegar al Consejo Nacional Electoral, CNE, pero queda la espinita de saber que la derecha está dispuesta a todo para cometer el fraude en las elecciones de mayo.

La fórmula de siempre

Ahora, cuando el fraude y la desinformación empiezan a cojear, inmediatamente se alza el volumen del miedo y la violencia; es la fórmula de siempre. El atentado que ocurrió la semana pasada en el CAI de Arborizadora Alta, en Bogotá, donde murieron un niño de 12 y una niña de 5 años, puede estar marcando una tendencia que busca regresarnos a hace más de 20 años, cuando se revisaba con un espejo el chasis de los carros antes de entrar a un centro comercial, época en la que precisamente se vendió como necesaria la implacable mano dura de Uribe.

Sin embargo, a estos actos violentos también se suman las amenazas a los protagonistas de la campaña presidencial, como Francia, quien el pasado 27 de marzo recibió un panfleto del grupo armado Águilas Negras, que tristemente nos recuerda cómo se silenciaron las voces de Pizarro y de cientos de miembros de la UP. Lo indignante es que para el presupuesto y estímulo que los gobiernos de Duque y sus predecesores le han dado a las fuerzas militares y a la Policía, los actos de terrorismo no deberían suceder a menos que estén cohonestados por las mismas fuerzas armadas colombianas.

Ahora, el miedo no es exclusivo del terrorismo. Fico, por ejemplo, es un gran dosificador de pánico económico. La expropiación, las pensiones y hasta los bloqueos por el paro, le han servido para inocular el miedo en los debates. El miedo, por supuesto, a que si el Pacto Histórico pone un próximo presidente, la economía de Colombia se va ‘de culo pal estanco’, como si en estos momentos de neoliberalismo arraigado estuviera en su mejor momento.

Destaparon las cartas

Fue patético ver a Fico peleándole a Petro por los pollitos que tuvieron que ser sacrificados durante los bloqueos de las carreteras en el marco del paro nacional, sobre todo, porque quedó claro que esas son las vidas que le importan al candidato y no las de los jóvenes que torturó y asesinó la Policía. Pero su reclamo deja claro una noción muy pobre de economía, que culpa de la pobreza a los propios colombianos y no a la manera como los mercados internacionales se están feriando los recursos más básicos del país.

Quizás el pánico económico que proyecta Fico no es el de Colombia, sino el de los grandes cacaos, quienes también se aferran al plan de la derecha para seguir empobreciendo a los ciudadanos y especular en la bolsa con su plata.

Este es el panorama: la derecha y el fascismo en Colombia ya destaparon sus cartas. ¿Cuáles son los recursos del sector que busca un verdadero cambio político y una verdadera movilidad social? El voto, por supuesto, pero como quedó demostrado en las elecciones pasadas un voto acompañado de testigos electorales y de tecnología, y a eso hay que sumar una participación política desde la prensa, pero también desde la opinión que derrote el miedo y nos recuerde que gobernar es construir y no vivir de mentiras.