Los resultados electorales

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La táctica de dispersarse en instrumentos distintos, atenta contra la tarea de construir una identidad diferenciada de las fuerzas de la política tradicional, que hoy también se están recomponiendo de cara a las nuevas disputas, incluidas las del año 2018.

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Gabriel Becerra Y.

Un primer balance de los resultados electorales del pasado 25 de octubre, que será necesario profundizar y precisar desde cada territorio, evidencia la persistencia y el crecimiento de los fenómenos de clientelismo y corrupción; el atraso y falta de garantías en el sistema electoral vigente, y en su contexto, el favorecimiento a los candidatos de la política tradicional y de derecha, que logran mantener su influencia en varias regiones y retomar el control del gobierno de la capital de la república.

Aunque aumentó levemente la participación en estos comicios, los fenómenos de la abstención y el voto en blanco continúan siendo bastante elevados, con promedios del 45% y 4%, respectivamente. Ahora bien, en esta campaña fue descarado el uso de grandes sumas de dinero para comprar el electorado por parte de candidaturas aliadas a mafias políticas, clanes familiares y partidos tradicionales que a cualquier precio buscaron continuar con el control de los recursos públicos; a su vez, el escandalo presentado con la exclusión de más de un millón doscientas mil cédulas ligadas a la llamada trashumancia, colocó en evidencia, el atraso y el desorden del sistema electoral colombiano y sus débiles autoridades, incluyendo la Registraduría Nacional, que permiten múltiples irregularidades presentadas durante todo el proceso, muy especialmente, en el momento de los escrutinios, que se continúan realizando en medio de un atraso tecnológico sorprendente y están lejos de ser transparentes.

A su vez, la inexistencia de controles efectivos por parte de las autoridades electorales, permite que las encuestadoras y grandes medios de información manipulen e induzcan hasta último momento a la población para favorecer o rechazar ciertas candidaturas. Así sucedió, y fue denunciado por Clara López en Bogotá, donde la derecha utilizó todo su poder mediático para desconocer logros de las administraciones, estigmatizar a la izquierda, y favorecer abiertamente el retorno de Enrique Peñalosa.

Lo anterior, se suma a otras irregularidades, como el uso de la violencia, la amenaza, la judicialización y la estigmatización, que no desaparecieron en el proceso electoral, y son una agresión directa a cualquier intento de paz política que debe tener como base firme la existencia de garantías plenas para todas las fuerzas en contienda, pero en especial, para la oposición, y para quienes aspiran a incorporarse como un nuevo actor en la competencia.

Se hace indispensable, en el contexto de un futuro acuerdo de paz, la discusión y aprobación de un nuevo sistema electoral, realmente democrático y con garantías plenas. Sin ello, la amenaza de la exclusión, y por ende, de nuevos y mayores conflictos, inclusive mediante la violencia política, sigue latente.

En otro campo del análisis de los resultados, las izquierdas y los sectores progresistas sufren un retroceso. Sumado a las barreras impuestas por el régimen dominante, permanecen factores subjetivos que vienen afectando la unidad y exigen evaluarse con el mayor rigor crítico y autocrítico, y no exclusivamente alrededor de los intereses electorales.

La UP hizo un esfuerzo valioso para recuperar una voz patriótica en el Concejo Distrital, triplicando su fuerza electoral en la capital de la república y superando el umbral, pero fue insuficiente ante la dispersión que predominó y le impidió llegar por pocos votos a la cifra repartidora. Aun así, la campaña permitió rescatar un legado y una influencia con proyección en las tareas vigentes por la paz, la unidad y la lucha por una ciudad democrática.

La táctica de dispersarse en instrumentos distintos, atenta contra la tarea de construir una identidad diferenciada de las fuerzas de la política tradicional, que hoy también se están recomponiendo de cara a las nuevas disputas, incluidas las del año 2018. Los esfuerzos por separado de cada organización, caudillo o proceso existente en las izquierdas, más allá de algunas conquistas puntuales a favor de un grupo en particular, no benefician al conjunto, ni mucho menos contribuyen a las necesidades del momento.

Hay que insistir en la unidad aprendiendo de la experiencia, sin ella, una verdadera alternativa política para ser gobierno y ser poder es irrealizable.

@gabocolombia76