Leonardo Posada: Unitario, carismático y bohemio por excelencia

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Leonardo Posada. Foto archivo

Recuerdos de la vida del inmolado revolucionario y dirigente comunista en su paso por Barrancabermeja, donde dejó un legado visionario en la vida política del puerto petrolero

Alfonso López Díaz (*)

Se recuerda a Leonardo Posada Pedraza por el ejemplo y la solidez de sus enseñanzas. Dos aspectos de su impronta en Barrancabermeja aún los llevo en mi memoria.

El primero de ellos fue la valoración que tenía de la historia de la ciudad como crisol de las luchas sociales, políticas y económicas, y como estas impactaban en la vida nacional. Por ello siempre consideró a Barranca como una universidad donde se podían forjar los liderazgos que tuvieran como banderas los intereses populares. De hecho, conocía perfectamente la historia del petróleo en los años veinte determinadas por personajes como María Cano, Ignacio Torres Giraldo y Raúl Eduardo Mahecha.

Sin duda, también conoció la vida y obra de Gilberto Vieira, el maestro Gerardo Molina y del recordado abogado Diego Montaña Cuéllar, entre muchos hombres que marcaron la historia rebelde del puerto petrolero.

Con los pies en el barro

Esa historia convocó a Leonardo a irse para el puerto y forjarse en esa universidad de las luchas sociales. En la ciudad de Barranca forjó su futuro como gran líder de las jóvenes generaciones que en los años ochenta estaban construyendo su propia visión de país con una nueva narrativa basada en la defensa de la vida, la justicia social y las soluciones a necesidades básicas como el agua, la vivienda y construcción de nuevas vías.

Obviamente también era poseedor de una conciencia de clase que había formado en la militancia del Partido Comunista, amén de la influencia y ejemplo que recibió de sus padres doña Reina Pedraza y don Julio Posada.

Cómo no recordarlo en esa coherencia de lo que vivía, creía y enseñaba, pues como se diría coloquialmente, era el líder que metía los pies al barro y su ejemplo nos convocaba a seguirlo. ¡Y sí señor! Con el paso del tiempo fui comprendiendo su lectura sobre Barrancabermeja en cuanta escuela de formación político – social y el privilegio que teníamos los recién iniciados de vivir en el puerto petrolero y contar con los maestros de entonces.

Un dirigente unitario

Un segundo recuerdo de Leonardo y que hoy cobra vigencia por las circunstancias actuales, es su profundo y agudo sentido de la unidad. Creo que en su momento muchos no lo comprendíamos, pero hoy y visto en perspectiva histórica, no hay duda que era el más visionario de los líderes sociales de entonces.

Más que nadie (de pronto Lucho Garzón también) comprendía que la unidad y/o acuerdos entre diferentes, era el camino para alcanzar los objetivos en las luchas sociales y políticas. Se reunía y coordinaba con posturas tan disímiles como Abelardo Rueda Tobón, Aníbal Salazar (el invidente conservador) y hasta con el mismo Horacio Serpa Uribe, siempre con el propósito de alcanzar objetivos como la defensa de la vida y la solución al tema del agua.

Pero quizás la mayor expresión de su convicción unitaria fue la Coordinadora Popular, que para su momento tuvo las características de un “pacto histórico” local.

Visionario, carismático y bohemio

No queda duda que su temprana muerte contribuyó a retrasar los procesos que el país necesita para los cambios urgentes que en la actualidad viene conquistando la sociedad colombiana.

Leonardo, artífice de esa Coordinadora, logró sentar en la misma mesa al Frente Amplio del Magdalena Medio, FAM, de Ricardo Lara Parada, con la Anapo del sector de Carlos Toledo Plata, conservadores, la iglesia del padre Eduardo Díaz, sindicatos, en fin, la diversidad multicultural, multipolítica, multiideológica en la misma mesa y por banderas comunes.

Así era el gran Leonardo: Unitario, visionario, carismático y bohemio por excelencia. Son las características, que más allá de un recuerdo, definen la estatura política de un hombre que estaba llamado a ser protagonista de la historia colombiana y que fue silenciado por las balas de un Estado y unas élites que siempre acallaron la voz de los más débiles. Sin duda, su asesinato hace parte del proceso y costo que la sociedad ha asumido para alcanzar el lugar que hoy tenemos.

No me queda duda, si Leonardo hubiese vivido para contarlo, el siete de agosto de 2022 lo hubiera celebrado la llegada del pueblo al poder con la bohemia de su existencia.

*Dirigente sindical de la Unión Sindical Obrera