Las siete plagas en Estados Unidos

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Foto archivo

Agencias de inteligencia y de seguridad nacional admiten que la mayor amenaza de violencia terrorista hoy en Estados Unidos proviene de fuerzas extremistas del propio país, muchas de ellas aglutinadas en torno al supremacismo blanco y doctrinas antiinmigrantes y neonazis

Alberto Acevedo

Una inflación que llega a su máximo histórico en los últimos 40 años, un aumento de precios que amenaza la estabilidad social de los ciudadanos, cifras récord de contagios y muertes por el coronavirus y la acción de grupos extremistas de ultraderecha que trabajan sin descanso para revertir los resultados de la última contienda electoral y volver al control de la Casa Blanca, con o sin Donald Trump, son apenas algunos de los escenarios que vive la nación norteamericana en la actualidad.

Desde luego, no todos estos indicadores son imputables a la gestión del actual mandatario demócrata, Joe Biden, pero sí lo son en buena medida debido, bien a su negligencia, en no pocos casos, o a la acción de la bancada republicana en ambas cámaras del congreso, que desde la posesión del mandatario anunciaron que irían a boicotear los aspectos más relevantes de su agenda de gobierno.

Uno de los hechos más notorios, que preocupan a analistas locales, pero también a políticos y jefes de Estado en casi todo el mundo, es la polarización que vive la sociedad norteamericana. Justamente hace un año, un 6 de enero, se produjo el asalto por parte de fuerzas trumpistas, al capitolio nacional.

Anuncian más violencia

Y aunque las investigaciones, algunas todavía en marcha, apuntan a las maniobras del entonces presidente Trump y a su argumento retorcido de que hubo un fraude electoral, muchos norteamericanos, un año después, siguen creyendo que el tal fraude existió. Se trata de una exitosa operación de fake news, que ha calado en la mente de muchos.

Pero no solo eso. Detrás está en marcha una compleja operación de una mayoría republicana y un sector neofascista, para recuperar el control de la Casa Blanca, sin escatimar esfuerzos. El país vive una creciente violencia política promovida por extremistas antimigrantes que amenazan con una “guerra civil” con tal de alcanzar sus objetivos.

La amenaza de violencia política, incluso armada, es abierta y explícita, difundida de forma cotidiana en redes sociales, radio y televisión por fuerzas derechistas dentro del Partido Republicano, subordinado a Donald Trump y sus aliados.

De su propia cosecha

Desde el Departamento de Seguridad Interna, el FBI y otras agencias de inteligencia y seguridad nacional, admiten que la mayor amenaza de violencia “terrorista” hoy en Estados Unidos proviene de fuerzas extremistas del propio país, muchas de ellas aglutinadas en torno a la supremacía blanca y doctrinas antinmigrantes, incluyendo neonazis.

Doctrinas como la del “enemigo interno”, elaboradas por estrategas norteamericanos de la lucha contrainsurgente, se perfilan ahora como instrumento para combatir esa escalada extremista. Es decir, a los estrategas norteamericanos les está tocando beber de su propio cocido. No en vano, el ejército de Estados Unidos anunció que entre el 22 de enero y el 4 de febrero, en los Estados de Carolina del Norte y Carolina del Sur, llevará a cabo un extenso simulacro de “guerra de guerrillas” en zonas pobladas de ambas regiones.

Las autoridades militares advirtieron a la población que se trata de ejercicios “realistas” en que soldados de operaciones especiales pueden disparar “balas de fogueo y bengalas ocasionales”. En realidad, es un ejercicio de guerra no convencional en decenas de condados del sur.

Una tormenta perfecta

El simulacro incluye un combate con un “movimiento de resistencia” integrado por “guerrilleros de la libertad”. Es un curso de calificación de fuerzas especiales de elite, un programa intensivo para los boinas verdes del Ejército de los Estados Unidos “en un país políticamente inestable”. Lo curioso es que ejercicios que antes se hacían en otras latitudes, ahora se hagan en su propio suelo. ¿Qué es lo que temen? ¿A quién va dirigido el mensaje?

Noam Chomsky, el conocido lingüista y politólogo, tiene una explicación. En declaraciones de la semana pasada al portal Democracy Now, dice que Estados Unidos avanza hacia el fascismo en medio de un colapso social masivo y una lucha de clases. “Cuando Estados Unidos cae hacia el precipicio, tiene un impacto en los demás. Otras cosas que están sucediendo son bastante malas, pero con Estados Unidos a la cabeza y marchando hacia la destrucción, el futuro es muy oscuro”, precisó Chomsky.

Otros pensadores también han prendido las alarmas. Joseph E. Stiglitz, Premio Nobel de Economía, asegura que el panorama para este año en Estados Unidos es ‘desesperanzador’ y vaticina que el Partido Republicano, liderado por Donald Trump “constituye un peligro” para los Estados Unidos y el resto del mundo. David Brooks, destacado analista de The New York Times, asegura que simplemente “Estados Unidos se está descosiendo”. Y hasta el multimillonario Jeffrey D. Sachs, reconoce que “Estados Unidos se volvió un país de los ricos, por los ricos y para los ricos” y en ello radica el trasfondo de la crisis social.

Pandemia, inflación

Otros datos de la crisis son sencillamente escalofriantes: el problema de la pandemia se le salió de las manos al presidente: La semana pasada, Estados Unidos rompió la barrera de un millón de casos de contagios diarios, según datos recopilados por la Universidad Johns Hopkins. Lo grave es que cerca del 40 por ciento de los ciudadanos se niegan a vacunarse.

Según datos del Departamento del Trabajo, la inflación se disparó un 7 por ciento en diciembre de 2021, dos décimas por encima del mes anterior, la más alta en 40 años. En esa proporción aumentaron los precios al consumidor, la energía, los alimentos, los arriendos y otros rubros.

Junto a la brega por doblegar la espiral de contagios del coronavirus, la mayor potencia del mundo enfrenta otra pandemia: la de la drogadicción. Durante el confinamiento se dispararon las cifras de consumo de marihuana, cocaína, hachís y otras sustancias. Pero entre ellas, una rompe las barreras de consumo: el fentanilo.

Se trata de una sustancia creada en laboratorio, 50 veces más fuerte que la heroína, y 100 veces más fuerte que la morfina. Y debido a las sobredosis, o simplemente a la tendencia de mezclar varios fármacos para producir efectos ‘siderales’, el fentanilo, en el último año, produjo más muertes que el covid-19, especialmente en una población entre los 18 y los 45 años.

Si se extiende la mirada, aparecerán sobre el horizonte otros indicadores preocupantes: el crecimiento de la pobreza, la desfinanciación de subsidios para la asistencia social, la desaprobación de la gestión del presidente Biden… La democracia más sólida del mundo, al menos así nos la presentaron, se derrumba, marcha al precipicio. ¡Que Dios guarde a Norteamérica!