La tumba de Antígona: La culpa hasta la muerte

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Rosa Elvira Cely.

De ahora en adelante, bajo esta alcaldía misógina, las mujeres deben atenerse a las consecuencias de cualquier cosa que les suceda en manos del machismo aberrante que las acecha, solo por incurrir en el acto de desobediencia de salir de sus casas.

Rosa Elvira Cely.
Rosa Elvira Cely.

Renata Cabrales

Y la odiosa culpa hasta la tumba persigue a las mujeres. La Eva desobediente, la Lilith come niños, la Pandora imprudente; supuestas culpables de todos los males de la humanidad. La religión no lo perdona y en la Edad Media, esta sensación de culpa constituye una pretensión disciplinatoria, que sugiere una norma sobre las prácticas y los cuerpos de las mujeres.

No muy lejos de estas prácticas medievales se encuentra nuestro país, que a pesar de ser laico constitucionalmente, se está aún en pleno siglo XXI, fuertemente influenciado por la religión católica. Un país donde aún se culpa a las mujeres jóvenes y niñas por ser víctimas de las atrocidades del machismo. Donde aún se culpa a la víctima por haber sido abusada sexualmente, siendo además revictimizada, al ser señalada como la provocadora de su victimario.

Aberrante es el caso de Rosa Elvira Cely, el que todavía recordamos con indignación, por la condición monstruosa de los hechos. Y nos toma por sorpresa la noticia que circuló en todos los medios, despertando la rabia de las y los colombianos; aunque nada que venga de la actual alcaldía deba sorprendernos, y es la resolución de la Secretaría de Gobierno de Bogotá, que palabras más, palabras menos, expresa que la culpa es exclusiva de la víctima, pues todos sabían que el par de hombres con los que ella departió esa noche “tenían comportamientos raros y eran tildados de malosos”… De esta forma ella puso en riesgo su integridad y por lo tanto si no lo hubiera hecho, “hoy no estaríamos lamentando su muerte”.

Este discurso misógino no hace otra cosa que reafirmar las construcciones sociales que se han hecho de las mujeres, las cuales naturalizan la violencia, el escarnio y la desvalorización de sus capacidades, tanto físicas como intelectuales, así como la objetivación de su cuerpo.

Recordamos claramente quien era Rosa Elvira Cely por la atrocidad de su caso. La sevicia con la que el asesino se ensañó sobre su cuerpo, esas imágenes inhumanas, aún se encuentran nítidas en la mente de muchas personas que lamentan su fallecimiento en manos de un aberrado feminicida.

Incluso se logró que se aprobara una ley en su nombre. La Ley Rosa Elvira Cely. La Ley del Feminicidio: asesinar a una mujer sólo por su condición de mujer. Pero la culpa de tan brutal agresión, sin embargo, fue de la víctima: así lo sustenta la Secretaría de Gobierno de Bogotá, en cabeza de un machista más, Miguel Uribe, quien por vergüenza debería renunciar a su cargo.

Se niega así, toda responsabilidad del asesino y la culpa es exclusiva de la víctima. Y de ahora en adelante, bajo esta alcaldía misógina, las mujeres deben atenerse a las consecuencias de cualquier cosa que les suceda en manos del machismo aberrante que las acecha, solo por incurrir en el acto de desobediencia de salir de sus casas.