La paz pasa por pensiones justas

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La paz de Colombia pasa por el respeto de los adultos mayores, por la creación de trabajo para que los ciudadanos en edad laboral puedan tener ingresos, especialmente los jóvenes y se vayan acabando esos niveles insoportables de injusticia social.

Anciano

Aída Avella

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) acaba de publicar su último estudio. En él ratifica lo que muchos otros análisis señalan desde hace décadas. Colombia es uno de los países más desiguales del mundo, por los índices de los ingresos y la concentración de la tierra.

Afirma el mencionado informe que “el desempleo ha disminuido en toda la América Latina, la mayoría de los que trabajan lo hacen en la economía informal y a menudo en ocupaciones de baja productividad” y añade que casi no existe la posibilidad de encontrar un trabajo formal. Esa es la Colombia inundada de vendedores ambulantes que sobreviven, algunos caminando las calles en larguísimas jornadas para llevar algo de comer a sus hogares, sometidos a las inclemencias del clima, al sol y al agua. Son los perseguidos en los sitios donde arañan la vida.

Miles de profesionales, después de sus estudios, pasan años llevando hojas de vida a diestra y siniestra sin la más remota esperanza de encontrar un trabajo decente. Les toca seguir siendo hijos dependientes al lado de sus padres, algunas veces jubilados que cargan con la responsabilidad de sus hijos muy bien educados en las universidades. La juventud es la más lesionada por la falta de empleo, pero también por la eliminación de las prestaciones sociales.

El trabajo decente que tanto recomienda la OIT, y que se ha vuelto un tema obligado en sus reuniones, está desapareciendo. Las fábricas han cerrado. La industria textil, la del cuero, la eléctrica, la metalmecánica, las ensambladoras de automóviles, la del vidrio, por nombrar solo algunas, han sido suplantadas por la importación y el contrabando. Y qué no decir del sector agropecuario. Nuestros campesinos están en vías de desaparición. En Boyacá los trabajadores del campo son lanzados de su tierra, vía créditos bancarios. La parcela es hipotecada y si la cosecha no sale como se esperaba, pues viene la persecución jurídica y el remate de la tierra porque las aseguradoras no venden los seguros a que están comprometidas.

Empleo precario

Convirtieron a Colombia en un Sanandresito inmenso, donde se vende toda clase de baratijas importadas o de contrabando que llegan generalmente de la China y de los países asiáticos. El gobierno no contribuye a frenar la destrucción del empleo nacional y por el contrario continúa aprobando los Tratados de Libre Comercio. El último, el de Corea, desplazará mucha más mano de obra.

La OCDE ha planteado el debate sobre las pensiones de jubilación. Tal como lo propuso la UP en la pasada campaña electoral, la pensión debe ser para todos los ciudadanos. Nada justifica que no exista un solo campesino pensionado en nuestro país. El actual sistema de cotizaciones no permite que los trabajadores independientes lo hagan, perjudicando a los vendedores ambulantes, artistas, profesionales, amas de casa, modistas, peluqueros, fotógrafos, periodistas, por citar sólo algunos.

Tan grave es el problema en el mundo de la economía de consumo, donde las ventas dan uno de los trabajos más precarios y convierten a los seres humanos en esclavos, algunos del consumismo y otros de la competencia. En los famosos call-center han implantado jornadas extenuantes, a veces los siete días continuos con salarios miserables. En Colombia se acabaron los asalariados con contrato a término indefinido, ahora los contratos de servicio se impusieron hasta en el propio Estado. Acabaron con casi todas las prestaciones sociales.

Aquí no caben las recomendaciones de bajar las pensiones mínimas, porque el 70% de los ciudadanos no tienen jubilación. Solo el 8,2% de los mayores de 65 años disfruta esta prestación, es decir más del 90% de los adultos mayores no tiene un peso para su vejez. No estamos de acuerdo en subir el IVA y gravar las rentas de trabajo.

¿Por qué no pensar en nacionalizar algunas entidades que producen billones al año, que se van a las arcas privadas, siendo dineros que podrían entrar al presupuesto del Estado? Hablamos de las notarías que llegan a los extremos de ganar en Bogotá, las más grandes, diariamente, un promedio de cien millones de pesos. Los grandes notarios son, en su mayoría, familiares de la clase política tradicional.

También hay que hacer lo propio con las cámaras de comercio, que en ciudades como Barranquilla se han ganado los premios Buitres como demostración de su pésimo manejo y abuso con los ciudadanos. Y ahí anotamos también las curadurías, muchas corruptas, ganando por todos los lados. Los curadores se enriquecen rápidamente no solo por lo que cobran sino por lo que reciben por debajo de la mesa, basta recordar lo que pasó con el edificio Space en Medellín.

Una caja de pensiones

Con todos los billones que se escapan para los bolsillos privados, si se nacionalizan, con ese dinero se puede crear una caja de pensiones para los colombianos que no han cotizado, porque el Estado indolente no les permite. Cuando una persona no pueda hacerlo por razones de falta de trabajo, de trabajos precarios, o de discapacidad comprobada, el Estado debe cotizar.

Si no hay trabajadores activos que coticen, las entidades encargadas no podrán tener lo suficiente para nutrirse de ingresos necesarios para pagarlas. Así, el presupuesto nacional debe hacerlo. El cobro se hará sólo con su cédula.

Paralelo a esto se implementará un verdadero sistema de pensiones, donde el trabajador tenga un registro de cada empresa donde trabaje y sus cotizaciones debe realizarlas a una entidad nacional que asegure a cada colombiano, de acuerdo a sus trabajos realizados, que se resume en su historia laboral. Los fondos privados no tienen razón de ser en un sistema solidario. Esta medida de pensionar a todos los colombianos al llegar a determinada edad es una de las variantes que pueden reactivar la economía local y se creará trabajo, el campo no se abandonará, porque hay dinero rodante que propiciará la creación de pequeñas y medianas empresas.

La paz de Colombia pasa por el respeto de los adultos mayores, por la creación de trabajo para que los ciudadanos en edad laboral puedan tener ingresos, especialmente los jóvenes y se vayan acabando esos niveles insoportables de injusticia social.