La Guajira muere lentamente

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Foto Katalina Rojas.

El problema no es de hoy. Desde hace más de 30 años los habitantes de La Guajira mantienen una lucha abierta contra la explotación minera a cielo abierto en El Cerrejón. Esta es una de las más grandes del mundo y sólo ha beneficiado a las transnacionales que han saqueado sus recursos y a los políticos.

Foto Katalina Rojas.
Foto Katalina Rojas.

Saúl Figuera

La Guajira sufre una grave sequía que ha obligado a sus habitantes a movilizarse hasta la capital del país para exigirle garantías para la vida al presidente Juan Manuel Santos. Al cierre de esta edición el Comité Cívico por la Dignidad de La Guajira, compuesto por más de 50 organizaciones de todo tipo, había convocado a un paro cívico para el 11 de agosto.

El semanario Voz sostuvo una conversación con Susana Gómez y Rafael Rumbo, miembros de la Asociación Campesina de Dibulla y de la Mesa Municipal de Víctimas del Desplazamiento Forzado de este mismo municipio, quienes se dirigieron a principios de este mes, junto a otros 120 campesinos e indígenas, hasta Bogotá. Entre el jueves y el domingo de la semana pasada estuvieron recogiendo alimentos no perecederos para su departamento que resiste la situación, sin que el gobierno ayude a mejorarla.

Los niños son los que más sufren. Mueren a diario por sed y desnutrición. El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) presta ayudas que no son suficientes ni siquiera para mantenerlos vivos. La situación empeora cada vez más la situación laboral. Los trabajadores bananeros son parte de los afectados: 500 personas ya han perdido su precario empleo al que se entregan en jornadas de más de 12 horas diarias por apenas 400 mil pesos.

El problema no es de hoy. Desde hace más de 30 años los habitantes de La Guajira mantienen una lucha abierta contra la explotación minera a cielo abierto en El Cerrejón. Esta es una de las más grandes del mundo y sólo les ha beneficiado a las transnacionales que han saqueado sus recursos y a los políticos de turno que también han sacado jugosas ganancias. BHP Billiton, Anglo American y Glencore son las empresas que actualmente controlan el complejo minero. Estas gastan cerca de 17 millones de litros de agua al día en la explotación de carbón, según datos del Proyecto de Expansión Iiwo’uyaa para Grupos de Interés de 2011. Además para los cultivos bananeros y de palma se está desviando el cauce de los ríos de la región.

Cesar y Magdalena son los otros dos departamentos gravemente afectados por la sequía que está generando este tipo de explotación. Los oriundos han sido desplazados y engañados con programas de gobierno donde se les vendían animales enfermos que debían ayudar a garantizar la economía campesina.

“En Dibulla se secó el agua, y si se secó ahí con su riqueza hídrica, la cosa va a ir a mucho peor. Estamos soportando temperaturas de 42 grados”, comenta con tristeza Rafael Rumbo.

Los habitantes de la zona mantienen una lucha contra las transnacionales CCX y Cerrejón que desean acabar con el Manantial de Cañaverales para construir una línea de ferrocarril que sacará del país el carbón de la nueva mina.

La Guajira sufre graves problemas como falta de escuelas, de vivienda digna, alto desempleo, ausencia de alumbrado público y una fuerte presencia paramilitar que se traduce en amenazas, extorsión a comerciantes, violaciones a mujeres, homicidios y desplazamientos forzados. Es la realidad de los 15 municipios de La Guajira.

Rafael tiene claro que sus problemas se podrían haber solucionado hace mucho tiempo: “La Guajira sostiene a Colombia, el departamento produce carbón, sal, petróleo y gas natural que llevan al exterior y a otros lados del país. Ese gas natural es más barato aquí en Bogotá que en La Guajira. Nuestra región no tiene reconocimiento de ninguna parte con todas las regalías que está generando y cuenta con más de 20 pozos que le están dando resultados”.

Pero Rafael cuenta con apoyo. Con alegría relata toda la ayuda que ha recibido de Aída Avella, la ex candidata vicepresidencial por la Unión Patriótica, quien demuestra su interés real por el país. “A esa señora le vamos a hacer un homenaje, vamos a reunir 600 o 700 personas en el campo. Aída ha sido la gestora y acompañante en La Guajira y ha estado pendiente de las comunidades indígenas y no indígenas, orientándonos y llevándonos a las instancias pertinentes”.