La evolución histórica en Karl Marx

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Un polémico artículo que cuestiona el materialismo histórico en lo que respecta a las formaciones socioeconómicas que hacen el tránsito de conformidad con la dialéctica materialista, negándose unas a otras. Es un punto de vista interesante que suscita el debate. Intertítulos son de VOZ

Ilustracion Teoría

Miguel Camilo Espinosa Ardila

Según una forma vulgarizada de la concepción materialista de la historia, se afirma que todas las sociedades humanas han pasado por determinados modos de producción en la siguiente sucesión cronológica: comunismo primitivo, esclavismo, feudalismo, capitalismo y socialismo. Esta interpretación es etapista, que, en palabras de Néstor Kohan, “postula la férrea sucesión evolutiva de rígidas etapas, sin saltarse ninguna… El desarrollo social es concebido como lineal, moviéndose siempre de lo peor a lo mejor y en una sola dirección”.

La “desviación estaliniana” (Louis Althusser) dio el acabado al famoso sistema de las cinco etapas, que, dentro de la historiografía soviética, según P. Petit, abarca los años 1934-1956. Este etapismo se integra a su visión teleológica de la historia, o si se quiere, desarrolla la concepción materialista de la historia como una filosofía de la historia.

La única forma de suprimir las interpretaciones etapistas es, por un lado, retomando a Marx y Engels, pero, por otro, criticando sus errores, pues, siguiendo en este punto a Perry Anderson, podemos decir que “tomarse «libertades» con el nombre de Marx significa simplemente entrar en la libertad del marxismo”. Por lo pronto, se pretende exponer brevemente la evolución histórica según Marx. La forma de exponerlo es muy particular: se parte del texto sintético más antiguo, para luego, irnos al primero de formulación y seguir de allí el recorrido teórico.

El progreso en Marx

En el célebre Prólogo de la Contribución a la crítica de la economía política (1858), Marx expresa: “A grandes rasgos, podemos designar como otras tantas épocas de progreso, en la formación económica de la sociedad, el modo de producción asiático, el antiguo, el feudal y el moderno burgués”. Dos aspectos requieren nuestra atención. El primero, distinguir entre lo que en ese momento Marx entiende por progreso, y la escatológica “marcha triunfal hacia el progreso” (en términos de Alberto Prieto Arciniegas) desarrollada por los soviéticos, entre otros. El progreso en Marx se entiende como la emancipación cada vez mayor de la humanidad respecto de la naturaleza, que, originariamente, fue espontánea, y que sólo el trabajo puede conseguir.

En Marx el trabajo no se concibe sólo como la transformación de la naturaleza para sus propios fines, sino de sí mismo, de sus relaciones sociales (en ello, no se desprende de Hegel, pues éste “capta la esencia del trabajo y concibe el hombre objetivo, verdadero porque real, como resultado de su propio trabajo”). Por otra parte, la “marcha triunfal” es entendida como el ineluctable camino de la humanidad de etapas inferiores a superiores, y que culmina necesariamente en la sociedad comunista (“Para nosotros [es decir, Marx y Engels], el comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal al que haya de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual”).

Fases del trabajo y formas de sociedad

El otro aspecto de importancia, es que, en esas “otras tantas épocas de progreso”, Marx enumera sólo cuatro: el modo de producción asiático, el antiguo, el feudal y el moderno burgués. De aquí, que éstas no sean las únicas relaciones sociales, como tampoco significa que debamos aceptarlas.

Para poder determinar cómo Marx llega hasta esta formulación, debemos analizar su evolución teórica al respecto, por lo que nos remitimos a La ideología alemana, escrita con Engels. En el mencionado texto, identifica fases de la división del trabajo y formas de propiedad, o, lo que es lo mismo, “cada etapa de la división del trabajo determina también las relaciones de los individuos entre sí, en lo tocante al material, el instrumento y el producto de su trabajo”.

Las fases de la propiedad que distingue son: a) tribal (grupos de parentesco, incipiente producción, división natural del trabajo, esclavitud familiar latente, etc.); b) la antigua propiedad comunal y estatal (separación ciudad-campo, propiedad mobiliaria e inmobiliaria, esclavitud, división del trabajo desarrollada, etc.); c) la feudal; d) la moderna o capitalista. El comunismo surge como una superación (Aufhebung) real de todas las relaciones precedentes, y no como un ideal apriorístico al que deba sujetarse la realidad. Por demás, se manifiesta como praxis revolucionaria.

Como puede observarse, Marx y Engels distinguen cuatro grandes formas de división del trabajo o de propiedad. Es una constante que no se analice la transición de esa propiedad tribal a la antigua comunal y estatal, lo mismo que de ésta a la feudal (si bien le sigue cronológicamente, como argumenta Hobsbawm, “no se desprende relación alguna entre ambas, limitándose a señalar la sucesión y el efecto de la mezcla de las instituciones propias de los romanos vencidos y de las tribus germánicas conquistadoras”).

La excepción está en la transición del feudalismo al capitalismo, que ha sido mayormente tratada. Los niveles de abstracción son muy altos, y el grado de generalización conlleva a problemas: no cabe la menor duda que al referirse a la “propiedad comunal y estatal”, o a “modo antiguo”, etc., se refiere a Grecia y a Roma, y sólo a un período concreto: el clásico (Cf.: F. Vittinghof).

La periodización

El asunto de la periodización queda relegado hasta el año 1857-1858, momento en que Marx redacta los Grundrisse. Se mantiene el alto nivel de abstracción (Hobsbawm), y su relación con las fuentes supera al de La ideología alemana (1845-1846). Destina un espacio para determinar las condiciones históricas del trabajo asalariado y capital en la sección Formas que preceden a la producción capitalista.

En él distingue: a) la propiedad comunitaria, donde el productor es propietario y no trabajador (de otro), y se relaciona con los demás como propietarios de una propiedad comunal. La finalidad de la producción es conservar la existencia individual y colectiva, y el trabajo excedente es ocasional; b) el (despotismo) oriental o asiático, desarrollada a partir del anterior, presenta una ausencia de propiedad, y una unidad en las pequeñas comunidades de manufactura y agricultura, por lo que son autosuficientes. En él, la relación de clases es inexistente, o muy primitiva; c) la eslava, que no desarrolla, pero que guarda estrecha relación con la anterior, por cuanto aparece como modificada; d) la antigua, con mayor “dinámica histórica”, donde la totalidad económica es la ciudad (polis o civitas) con las tierras contiguas, con presencia de una esclavitud desarrollada, y la existencia de clases sociales, etc.; e) la germana, en la que la totalidad económica está en cada casa, que son “para sí misma un centro independiente de producción”; f) feudalismo; y, g) capitalismo.

Podemos hacer la siguiente distinción presente en Marx: a) propiedad comunitaria; b) cuatro formas alternativas que se desprenden de la anterior: asiática, eslava, germana y antigua; c) feudal; y, d) capitalista. Como se observa, en Marx la disolución de la comunidad primitiva no lleva necesariamente a la sociedad antigua (sobre todo al esclavismo), tal como se presenta en Grecia y Roma, sino que tiene formas alternativas, sin que presente algún tipo de relación de sucesión, o, lo que es lo mismo, no hay una línea recta de evolución histórica, presentando una gran complejidad. Es este esquema el que le sirve a Marx para el Prólogo de la Contribución, suprimiendo el eslavo y el germano.

Nota:

El presente artículo recoge sintéticamente mi exposición en el Panel sobre el Concepto de Historia en Marx, llevado a cabo en la ciudad de Barranquilla el 9 de mayo, convocado por el Proyecto de Conmemoración de los 150 años de El Capital, de Karl Marx. Agradecemos a la compañera Magda Rivera por su participación en el evento.