Karl Marx y Abraham Lincoln

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A pesar de la admiración de Marx hacia Lincoln, sus posiciones ideológicas se mantuvieron diametralmente opuestas, por los escenarios históricos en que vivieron y sus formaciones culturales.

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Hernán Ortiz Rivas

Este año se cumple una centuria y media del asesinato de Lincoln, el 14 de abril de 1865, cuando el famoso líder asistía a la representación de la obra Nuestro primo americano en el teatro Ford, crimen cometido por un conocido actor, John Wilkes Booth, al dispararle un certero balazo en la cabeza, que le ocasionó la muerte al día siguiente. Lincoln pertenecía a una familia modesta de colonos de Kentucky, que gracias a su talento, actividad profesional como abogado, y sus luchas políticas, pudo llegar a la Presidencia de los Estados Unidos, en dos oportunidades. Lincoln fue un extraordinario dirigente en momentos difíciles de los Estados Unidos, en medio de guerras y de crisis; por esto, se le considera una figura histórica de primer orden, de pensamiento liberal, republicano, partidario de la unión nacional, opositor a los demócratas, antiesclavista; razones por las cuales, la Asociación Internacional de los Trabajadores, lo felicitó, el 28 de enero de 1865, según nota suscrita por Marx, esa misma Asociación deploró su asesinato, en comunicación de 13 de mayo de 1865. Las relaciones de Marx y Lincoln, fueron de naturaleza epistolar, motivadas por las luchas antiesclavistas y democráticas. No olvidemos que Marx, entre 1861 y 1862, escribió varios artículos sobre los Estados Unidos, especialmente dedicados a sus guerras y dificultades socio-económicas y jurídico-políticas.

Oposiciones ideológicas

A pesar de la admiración de Marx hacia Lincoln, sus posiciones ideológicas se mantuvieron diametralmente opuestas, por los escenarios históricos en que vivieron y sus formaciones culturales: el primero, europeo, alemán, comunista; el segundo, norteamericano, liberal, republicano. Marx nos dejó una enorme obra teórica para toda la humanidad, unida a sus luchas revolucionarias; Lincoln, nos legó discursos, proclamas, documentos oficiales, alegatos, de mucha utilidad en el ámbito norteamericano. Lincoln ejerció como abogado representando a las corporaciones ferroviarias de su patria, era un paladín del trabajo asalariado libre y de la revolución democrática burguesa. En cambio, Marx, desde su juventud estuvo al servicio de los proletarios, fue enemigo declarado del capitalismo de su tiempo y demostraba que el trabajo asalariado era una nueva forma de esclavitud, y que el obrero se veía obligado a vender su fuerza laboral, por necesidad económica, para subsistir con su familia.

No sobra decir que Marx reconocía rasgos progresistas del capitalismo, frente a los modos de producción anteriores; pero, sus luchas teóricas y políticas lo encaminaban a buscar todos los medios para derrocarlo e instaurar el socialismo, bajo la orientación de los obreros, campesinos, pobres del mundo. En todo caso, también las luchas populares debían dirigirse a la implantación de la democracia liberal, para la conquista del poder, el derrocamiento de las clases dominantes y la edificación futura del socialismo. Distinta era la visión de la democracia de Lincoln, que la entendía al margen de la lucha de clases, como garantía de las libertades públicas y derechos civiles, para todos las asociados que debían considerarse iguales.

La democracia es “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, definición clásica, que figura en su Discurso de Gettysburg, del 19 de noviembre de 1863. Estamos, pues, frente a dos personajes históricos, con visiones diferentes de la vida colectiva e individual; para Lincoln, la abolición de la esclavitud es una cuestión de derecho natural, según Marx dicha abolición es una etapa, en el proceso evolutivo de la humanidad, que debe profundizarse con la emancipación del trabajo asalariado, el fin de la explotación de unos seres por otros, la extinción de todas las formas e instrumentos de opresión.