Ingreso a la OTAN es una afrenta para América Latina

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La reversa del presidente Santos no disipa las dudas. Es evidente el viraje negativo en política exterior. La cooperación con la OTAN se establece en función de intereses estratégicos y militares

Redacción Política

El anuncio del presidente Juan Manuel Santos el pasado 1 de junio, durante la ceremonia de ascensos del Ejército en la Escuela Militar de Cadetes en Bogotá, del proyecto de su Gobierno de establecer acuerdos de cooperación con la OTAN con la intención de incorporarse a este bloque militar de las potencias capitalistas, alborotó el avispero en América Latina, de suyo agitado por el espaldarazo del mandatario colombiano a Henrique Capriles, quien desconoce los resultados electorales en la República Bolivariana de Venezuela que le fueron adversos y está comprometido en acciones desestabilizadoras y subversivas contra el gobierno legítimo de Nicolás Maduro, así como por la conformación de la Alianza del Pacífico, eje derechista enfrentado a los postulados de la Celac, Unasur y el ALBA, que tienen la finalidad de la cooperación y la integración latinoamericana y caribeña sin la injerencia estadounidense y sobre la base de la ayuda mutua y no de los TLC y el libre mercado neoliberal.

De inmediato, hubo fuertes reacciones en el continente. Daniel Ortega dijo desde Managua, donde presidió un acto de masas con jóvenes sandinistas acompañado del mandatario venezolano Nicolás Maduro: “Cuando la región busca mayor unidad mediante la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), resulta preocupante que se estén tomando iniciativas para tratar de dividir y debilitar el proceso. Es algo que resulta totalmente inadmisible y quiero pensar que eso no puede estar pasando, me cuesta creer que el presidente Juan Manuel Santos haya expresado la decisión de incorporar a Colombia a la OTAN”.

Nicolas Maduro y Daniel Ortega

Maduro también rechazó la decisión del gobierno de Colombia, así: “La pretensión adjudicada a Colombia contradice la doctrina y la legalidad internacional sobre la cual se basa la unión regional; le quieren meter dinamita en la médula de los logros en la unión de América Latina, el Caribe, de América del Sur. El camino está en mantenernos como escenario de paz, libre de armas nucleares y libre de ejércitos interventores imperiales donde se encuentren y de donde vengan”.

Mientras desde Bélgica, dignatarios de la OTAN rechazaron la posibilidad de que Colombia ingrese al pacto militar “por razones geográficas”, voceros del Departamento de Estado en Washington expresaron que Colombia es un aliado y que EEUU respalda su integración en la alianza militar atlántica.

Bases militares e inseguridad

El presidente Evo Morales de Bolivia y el canciller de Ecuador, Ricardo Patiño, también rechazaron la eventualidad de que Colombia ingrese a la OTAN. Para todos es contradictorio con el ideario de la unidad regional que se ha construido al margen de la presencia norteamericana y coloca al continente en riesgo de tener bases militares que ponen en peligro la seguridad de los países que la integran.

Luis Varese, ex representante adjunto del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados en Ecuador y funcionario de la ONU, escribió un interesante artículo en ALAI, en que dice lo siguiente:

“¿Hacer la paz en el frente interno para golpear a sus enemigos ideológicos en el frente exterior? Y digo con precisión enemigos ideológicos, porque en materia de comercio o en materia de voluntades de los pueblos, la vocación es la unidad de la Patria Grande. ¿Para qué entrar a la OTAN, si en ninguna parte de los Objetivos de Defensa de Unasur se dice que hay que buscar alianzas fuera de la región para consolidar la paz en América del Sur? (…)”

“Estas tres acciones, Alianza del Pacífico, recepción a Capriles y solicitud de ingreso a la OTAN, anuncian vientos antidemocráticos y altamente riesgosos para nuestros pueblos. ¿Surgió el nuevo Santander ante el renacido Bolívar? Cuidado que la espada de Bolívar se ha empuñado para no volverla a dejar caer y la Patria Grande es la aspiración de nuestros pueblos”.

Quedan las dudas

Justas reacciones por la preocupación que desata el sorpresivo anuncio. Que no quedan disipadas con la declaración del ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, el pasado lunes 4 de junio, en el sentido que “Colombia no quiere ni desea pertenecer a la OTAN”, aunque sí reconoció que se establecerán convenios de cooperación, que no explicó en qué consisten.

En todo caso, las palabras del presidente Santos fueron otras y anunció que el paso hacia la cooperación establecía la posibilidad de vincularse al bloque militar agresivo. La reversa no esclarece las intenciones del gobierno de Colombia. Países en Asia y África que establecieron ese tipo de cooperación terminaron como enclaves de la OTAN con bases militares, utilizadas en intervenciones y agresiones a otros países.

¿Es un viraje de Santos en política exterior, cuando quiso diferenciarla de su predecesor Álvaro Uribe Vélez? Para algunos analistas de izquierda no es así. Desde un comienzo dijeron que las diferencias entre Uribe Vélez y Santos Calderón, revestidas de pugnacidad, eran apenas de forma. En el fondo coinciden en lo mismo: los dos apegados al mismo modelo económico y a la dependencia de la política de Estados Unidos.

No pasa inadvertido que los hechos negativos, uno tras otro, se dieron después de la visita a Bogotá del vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden. Juan Manuel Santos se ha portado como otro cachorro del imperio, como le dijo el comandante Hugo Rafael Chávez en alguna ocasión a Álvaro Uribe Vélez. Está demostrando que tampoco merece el calificativo de “mi nuevo mejor amigo” con el que lo honró Chávez en el mejor momento de amistad y buenas relaciones.