La revolucionaria y feminista francorusa fue una estrecha colaboradora de Lenin y una figura clave en el movimiento feminista de la Unión Soviética, liderando el Jenotdel y promoviendo la emancipación de las mujeres. Su relación con Lenin, mantenida en secreto, ha eclipsado en parte su legado político
Anna Margoliner
@marxoliner
En el Instituto de Investigaciones sobre Marxismo-Leninismo de Moscú se guarda la correspondencia íntima que compartieron Vladimir Ilich Lenin e Inessa Armand. Uno de los secretos a voces mejor guardados, porque todo parece indicar que Nadezhda Krupskaya no fue la única mujer que ocupó el corazón del gran líder soviético. Nadie manda en cuestiones del amor, pero esto le costó, en buena medida, a Inessa ser reconocida por ser parte de este triángulo amoroso y no por su trabajo político.
Inessa Armand, llamada Elisabeth Inès Stéphane d’Herbenville, nació el 8 de mayo de 1874 en París y fue una destacada revolucionaria, feminista y comunista franco-rusa. Pasó gran parte de su vida en Rusia, donde se involucró profundamente en el movimiento bolchevique y fue una estrecha colaboradora de Vladimir Lenin.
Armand fue una ferviente defensora de los derechos de las mujeres y jugó un papel crucial en el movimiento feminista temprano de la Unión Soviética. Lideró el Departamento de Mujeres (Jenotdel) del Partido Comunista, trabajando incansablemente para promover la emancipación de las mujeres y su participación en la fuerza laboral. Sus esfuerzos fueron fundamentales para avanzar en la causa de la igualdad de género dentro de la Unión Soviética.
Del feminismo al comunismo
Inessa fue primero feminista y luego comunista. Llegó al marxismo porque se dio cuenta que no era suficiente establecer organizaciones de beneficencia para ayudar a las mujeres que, por sus condiciones sociales, se veían en la obligación de ejercer la prostitución. No bastaba únicamente con acercarlas a la educación para ofrecerles la posibilidad de tener una mejor vida, porque el problema radicaba en su posición socioeconómica.
A raíz de su trabajo como profesora y la cercanía que tuvo desde pequeña con la literatura, encontró en la prensa el medio perfecto para expresar sus posturas sobre la mujer, incluso desde antes de la Revolución de Octubre, participando en la fundación de la revista Rabonitsa (‘Mujer trabajadora’ en ruso) junto con Konkórdiya Samóilova en 1914. Esta publicación se reorganizó en 1917, pasando a ser administrada por el Jenotdel, la sección de mujeres del Comité Central del PCUS.
La emancipación socialista
Bajo el pseudónimo de Hélène Blonina, publicó el texto La Obrera en la Rusia Soviética en 1920, en el cual expone que solamente a través del socialismo las mujeres encuentran la posibilidad de la emancipación, puesto que genera las condiciones necesarias para tal fin, contrario a las sociedades capitalistas:
«El poder soviético ha sido el primero en crear las condiciones en la que la mujer podrá coronar, finalmente, la obra de su propia emancipación. En el curso de los siglos, ha sido esclava. Al principio, bajo el reino de la pequeña producción, lo fue de la familia; después, con el desarrollo del capitalismo, pasó a serlo por triplicado: en el Estado, en la fábrica, en la familia. Ha sido así no solo bajo el régimen zarista, bárbaro y subdesarrollado, sino también en las “democracias” más “civilizadas” de Europa occidental y de América.
»Bajo el capitalismo, la mujer obrera debe soportar el doble fardo de trabajar en la fábrica y luego realizar las tareas domésticas en el hogar. No solamente debe hornear y tejer para el patrón, sino que también debe lavar, limpiar y cocinar para su familia… Pero hoy es diferente. El sistema burgués está en vías de desaparición. Nos acercamos a la época de construcción del socialismo».
Mujer comunista
Junto con Aleksandra Kolontái, funda en el mismo año, 1920, Kommunistka (en ruso, коммунистка “Mujer Comunista”), revista dirigida principalmente a las mujeres de clase más baja, a través de la cual exploraban cómo resolver la inequidad de la mujer, puesto que la revolución por sí misma no lo haría.
Armand y Kolontái destacaban la baja representación de las mujeres en la esfera pública y la necesidad de un esfuerzo específico para lograr su liberación. La revista trataba temas como la sexualidad, el aborto, el matrimonio, el divorcio, el amor libre, la moralidad, la familia y la maternidad.
La perspectiva de Kommunistka subrayaba que la liberación de las mujeres estaba íntimamente ligada a la emancipación de toda la sociedad comunista. La revista dejó de publicarse en 1930, junto con la disolución del Jenotdel bajo el mandato estalinista.
Inessa falleció el 24 de septiembre de 1920 en Nalchik, Rusia, y fue enterrada en la Necrópolis de la Muralla del Kremlin. Lenin asistió silencioso a las honras fúnebres, según los testimonios de quienes los conocieron, recopilados en la biografía que de ella hizo R.C. Elwood.
Seguramente en el mundo que construyeron juntos no imaginaron que el amor superaría la vocación revolucionaria, pero, aunque nunca llegásemos a saberlo, las mujeres merecen ser recordadas por su trabajo, hablar por sí mismas, más allá de la sombra enorme que, a veces, parece tener estar junto a un hombre como Lenin.