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“Hay gente que no tiene nada; solo cuenta con nosotros”

La selección de fútbol del país antillano logró un cupo para la Copa Mundial de la FIFA 2026. A pesar de la dramática crisis estructural que vive la sociedad haitiana, miles de personas salieron a las principales calles con el único objetivo de celebrar

Simón Palacio
@Simonhablando

Minutos antes de saltar al campo, el capitán de la selección haitiana de fútbol, Duckens Nazon, dio un emotivo y combativo discurso a sus compañeros: “Hay gente que no tiene nada en el bolsillo. Solo cuentan con nosotros. Y hoy los podemos hacer llorar de alegría. Démosle eso. No los defraudemos”.

A pesar de que Haití era el local, el partido se disputó en el estadio Ergilio Hato, ubicado en la ciudad de Willemstad, Curazao. Debido a la situación que vive en la actualidad el país caribeño, desde 2011 la selección nacional de fútbol disputa sus partidos por fuera de casa. Nunca ha sido local.

De hecho, el 29 de febrero de 2024, el estadio Sylvio Cator de Puerto Príncipe, sede oficial de la selección, fue ocupado por las bandas armadas que hoy controlan el 90 por ciento de la región metropolitana de la capital.

Fecha histórica

El rival era Nicaragua. Con una victoria, Haití volvería a la máxima competencia del fútbol internacional después de cincuenta años. Su última participación había sido en el mundial de Alemania en 1974. La anhelada consagración se logró gracias a dos goles, uno de Ruben Providence y otro de Louicius Don Deedson.

El 18 de noviembre de 2025 será recordado como el día en que el onceno de la Perla de las Antillas logró su cupo para la Copa Mundial de la FIFA 2026. Lo increíble es que el día coincidió con otra fecha crucial para la historia del país antillano.

El 18 de noviembre de 1803 los rebeldes derrotaron a los soldados franceses durante la Revolución Haitiana. El acontecimiento quedó consignado en los libros como la Batalla de Vertières. Doscientos veintidós años después y gracias al fútbol, el insurrecto pueblo de negros y mulatos que abrió el camino independentista del continente, volvió a soñar.

La reacción inmediata a la clasificación fue un estallido de felicidad. Según los reportes periodísticos, miles de personas salieron a las principales calles de Puerto Príncipe, Cabo Haitiano, Les Cayes y otras ciudades, con el único objetivo de celebrar. Para un país que le está pasando realmente mal, este triunfo fue un bálsamo social.

Crisis estructural

Haití no solo es el país más pobre del hemisferio occidental. Desde el fatídico terremoto de 2010, así como después del asesinato en 2021 de Jovenel Moïse, su último presidente elegido “democráticamente”, la nación antillana se ha sumergido en una profunda crisis estructural.

Esta situación, que no es circunstancial ni reciente, responde a una histórica intromisión imperial, disfrazada en los últimos tiempos de “intervencionismo humanitario”, cuyas consecuencias más dramáticas son la configuración de un Estado fallido y la paramilitarización del tejido social.

Para verificar lo anterior basta con analizar las cifras. Según Human Rights Watch, cerca del 64 por ciento de la población haitiana vive en la extrema pobreza. Por otro lado, de acuerdo con mediciones del Banco Mundial, en 2024 la economía del país se ha contraído más de cuatro puntos porcentuales, al tiempo que persiste la inflación y la baja recaudación fiscal.

En esta ecuación también es importante analizar la compleja situación política. Desde el asesinato de Moïse la constante ha sido la inestabilidad institucional, al punto que hoy no existe una autoridad política con legitimidad propia. El frágil Estado y sus representantes, organizados en el elitista Consejo Presidencial de Transición, no controlan ni la población, ni el territorio, ni muchos la seguridad.

Para comprender lo anteriormente expuesto, es importante considerar la paramilitarización de la sociedad haitiana por cuenta de la guerra entre pandillas. La situación con respecto a este punto es tan compleja, que según información extraoficial más del 90 por ciento de la región metropolitana de la capital Puerto Príncipe está controlada por los actores armados. Y esto significa el posicionamiento de una economía ilegal de secuestros, extorciones, contrabando y narcotráfico, principales fuentes de financiamiento de estas bandas.

Por supuesto, las consecuencias sociales son devastadoras. De acuerdo con los recientes informes de la Organización Internacional para las Migraciones, OIM, para 2025 hay más de un millón de desplazados internos y cerca de 1,7 millones de personas han emigrado de Haití hacia Republica Dominicana, Estados Unidos o Chile.

Además, hay inseguridad alimentaria, hambre severa, el sistema de salud está colapsado y la educación funciona a media máquina. En resumen, la situación haitiana deja en evidencia una crisis compleja y estructural de todo un sistema económico, político y social. Un país en ruinas.

Lo bonito del fútbol

Por eso la clasificación de Haití ha conmovido no solo al universo futbolero, sino también a diferentes sectores sociales. Y es precisamente la difícil situación que debe sortear el pueblo haitiano la que ha despertado una inédita solidaridad y empatía de los diferentes pueblos del mundo y de América Latina.

En este emotivo capitulo que deja el deporte, especial atención ha recibido el espónsor oficial de la selección haitiana. “Felicitaciones a SAETA. Marca colombiana que estará en las camisetas del mundial por su solidaridad con Haití. Ayudar es la clave de la existencia”, dijo el presidente colombiano Gustavo Petro, haciendo referencia a la empresa bogotana que desde 2012 viste al seleccionado caribeño.

Faltan algo así como 190 días para que comience el mundial y este redactor ya tiene equipo al que le hará toda la fuerza: El glorioso seleccionado de Haití, primera república libre de Nuestra América.

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