El rescate a Chipre: los comunistas no pueden contemporizar con la Unión Europea

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Demetris Christofias, el presidente comunista que creyó poder defender a los trabajadores chipriotas dentro de un régimen capitalista

José Luis Forneo

Los partidos integrantes del Partido de la Izquierda Europea (PIE) insisten en autodenominarse como comunistas, aunque en realidad asuman el sistema capitalista, sus normas, y sus formas de organización política y económica. Su argumento es que se pueden desarrollar políticas humanas, favorables a los trabajadores, dentro del régimen capitalista y de organizaciones como la Unión Europea, cuyo principal fin es el de defender los intereses de la elite económica.

El gran debate abierto por los partidos que abandonaron el marxismo-leninismo defendiendo la idea de que se podría cambiar la Unión Europea (UE) y los regímenes capitalistas aceptando sus normas de democracia burguesa (que esconde en realidad, cada vez con menor disimulo, una verdadera dictadura del capital), o incluso de que la crisis económica se puede superar con la participación de los partidos comunistas en los gobiernos nacionales, es nada mas que una gran estupidez, que además de perjudicar los intereses de la clase trabajadora en cada país, sirve para debilitar y fragmentar el movimiento obrero internacional.

El Partido de los Trabajadores de Chipre (AKEL)
El Partido de los Trabajadores de Chipre (AKEL)

El rescate a Chipre y cómo éste se ha gestado sirven como nueva enseñanza para demostrar que en la dictadura del capital (vendida por los medios de propaganda y asumida como tal por algunos partidos que se dicen comunistas como «democracias») no caben medias tintas, y que la única forma de defender la libertad, el bienestar y el empoderamiento de los trabajadores es la construcción del socialismo, y todo intento de contemporizar con el régimen obedece bien a un interés personal de los dirigentes, o bien a una estrategia dirigida por la propia elite para hacer perder la esperanza a la clase obrera de poder alcanzar alguna vez su emancipación, y en último extremo, a una gran inocencia o estupidez de los militantes de esos partidos eurocomunistas, socialdemócratas de izquierdas o, los que se han puesto de moda en los últimos tiempos de crisis, ciudadanistas.

Chipre se ha convertido en el quinto país de la Unión Europea que ha tenido que ser rescatado, a cambio de obligaciones políticas y económicas contra sus ciudadanos. La ayuda de 10 mil millones de euros, destinada a sanear la situación de los principales bancos y, de refilón, la del estado, exige a cambio la expropiación en forma de novedoso impuesto de depósitos bancarios: los depositarios que tengan más de cien mil euros pagarán un equivalente al 9,99% de sus ahorros; quienes no alcancen esa cantidad abonarán el 6,75%.

En principio, la medida no es necesariamente mala, si no fuera porque el dinero recaudado por el estado irá a parar a manos de los mafiosos que controlan la UE y no a los trabajadores que sostienen el país, y al final castiga a todos casi por igual, independientemente de que se tengan decenas de miles de euros ahorrados (una situación que pocos trabajadores hoy pueden permitirse) o simplemente unos cientos. Hubiera sido sin duda mucho más eficaz que el propio estado expropiara a los grandes propietarios, en especial a las grandes empresas, una parte, si no toda, de la riqueza apropiada por estas.

El «corralito» europeo ya ha provocado grandes colas en los cajeros, y parece que los bancos serán cerrados el lunes, día de fiesta, y el martes, para evitar grandes aglomeraciones y, en definitiva, quedarse con el dinero de los clientes para poder aplicar la nueva medida.

Independientemente de la situación actual de Chipre, de haberse convertido en el siguiente país después de España en sufrir un rescate de la UE, lo que mas debería alertarnos de que algo anda mal para los trabajadores en todo el continente es que en la isla hasta hace bien poco gobernaba un partido comunista, y que precisamente este fue el que inició las negociaciones con la UE y el FMI para «rescatar» al país.

El Partido Progresista de los Trabajadores (AKEL) tiene raíces profundas en el movimiento obrero y en la sociedad chipriota. AKEL sufrió una escisión en los años 90 como la mayoría de partidos comunistas. La corriente política que perdió más de dicha escisión se reivindicaba de la línea eurocomunista, hoy un partido extraparlamentario.

Sin embargo, esta isla es donde el presidente de la república hasta las elecciones de hace apenas un mes, Dimitris Christofias, se dice comunista (y su partido el más numeroso del parlamento), sigue siendo un paraíso fiscal donde los grandes criminales económicos de dentro y fuera de la UE depositaban su dinero. Así que el AKEL que nació como un partido ortodoxo, y del que se separaron en un principio los defensores del eurocomunismo, parece que acabó convertido en un reflejo deformado de sí mismo.

Además, aparte de algunas decisiones llamativas pero poco efectivas (tasa a los coches de lujo, etc.) AKEL y el partido conservador (DISY) votaban una y otra vez amnistías fiscales a los defraudadores, y las profesiones liberales apenas pagan impuestos en el país. Mientras tanto los bancos no fueron nacionalizados, como debería haber hecho un partido que se reconoce a sí mismo como comunista, y se dedicaron a especular con los problemas de sus vecinos griegos, comprando bonos griegos muy baratos que se han convertido, al final, en un problema.

Demetris Christofias, el presidente comunista que creyó poder defender a los trabajadores chipriotas dentro de un régimen capitalista
Demetris Christofias, el presidente comunista que creyó poder defender a los trabajadores chipriotas dentro de un régimen capitalista

A pesar de que la ambición de los bancos agravó el problema, Christofias y el AKEL comunista no hicieron nada contra los bancos, y al contrario negociaron préstamos con las instituciones económicas imperialistas y buscaron otros con Rusia, más caros pero sin exigencias políticas. Así Christofias aparecería en la televisión el miércoles 5 de diciembre del pasado año para explicar que la austeridad (reducción de salarios, la erosión de los servicios públicos, la congelación de la indexación automática de salarios) era el mal menor.

Muchos trabajadores y sindicalistas, como muchos miembros de AKEL, se preguntaron cuál es el mal mayor entonces. Las encuestas ante las elecciones de febrero daban menos del 20% a AKEL y casi 35% a a DISY, el partido de la derecha. Ni siquiera aquellas encuestas parecieron alertar a los dirigentes de AKEL sobre la urgencia de un cambio de política y de sistema, porque la política de la burguesía y la derecha socialdemócrata aplica en toda Europa no es digna de un partido que se llama comunista y se hace en contra de los que en teoría defienden, los trabajadores.

Se trata de un ejemplo más del gran servicio que hacen los partidos comunistas que desarrollan su actividad en la UE, una institución radicalmente capitalista, a los intereses de la clase dominante, a la oligarquía económica, y da una respuesta a los que defienden la participación de los partidos comunistas en los gobiernos de los estados miembros de la UE.

Su contemporización con la especulación de la banca chipriota, su pasividad en la lucha para acabar con el evasionismo fiscal para lo que Chipre se había convertido en un paraíso internacional, hizo no sólo que los comunistas perdieran las elecciones hace un mes, sino que al final se hiciera efectivo el rescate de la UE y el FMI y que la bancarrota del estado chipriota, cuyos principales responsables son los bancos y las grandes empresas, sea pagada principalmente por los trabajadores. Es decir, lo mismo que en España, Portugal o Grecia…

Sin embargo, en España, Portugal o Grecia no había un gobierno comunista, aunque el resultado final fuera el mismo. ¿Qué enseñanza podemos sacar de esta gran lección?

El ejemplo chipriota tiene que enviar señales de alarma a los trabajadores de toda Europa sobre el hecho evidente de que no es posible la idea eurocomunista y de la socialdemocracia de que se puede gestionar el capitalismo, la especulación, la desigualdad, con políticas más humanas o impuestos más justos. La única forma de luchar contra la injusticia y el crimen que forman la esencia misma del capitalismo es acabar con el sistema y construir el socialismo, en el cual sean los trabajadores, los que producen la riqueza, los beneficiarios principales de esta.

Los trabajadores van a ir siempre por mal camino de la mano de la Union Europea
Los trabajadores van a ir siempre por mal camino de la mano de la Unión Europea

El gobierno comunista debería haber nacionalizado los bancos que están en bancarrota, y simultáneamente todo el sector financiero, recuperando el dinero que su clase capitalista envió a otros paraísos fiscales, y realizando una política a favor de los trabajadores y campesinos chipriotas, y no de las multinacionales extranjeras. De hecho, a estas alturas hace tiempo que es evidente que la única manera de poder luchar soberanamente contra la crisis económica es la salida del euro y, mucho mejor aun, de la Unión Europea. AKEL, lamentablemente, no hizo nada de todo lo anterior.

Al contrario, las promesas de AKEL se limitaban a decir que «las medidas económicas deben ser negociadas con las instancias europeas y que serán compartidas según la capacidad económica de cada uno y y de ninguna manera a costa de los trabajadores» , algo que podrían ponerse en boca, perfectamente, del mismísimo Rubalcaba, un liberal disfrazado de socialdemócrata, Cayo Lara, coordinador de IU. o, sin irnos muy lejos de Chipre, de la famosa Syriza griega.

El rescate, es cierto, ha llegado inmediatamente después de la derrota de AKEL y el triunfo de la derecha, pero no hay que olvidar que los últimos cuatro años hubo un presidente comunista y con un partido mayoritario en el parlamento, y que fue en esos años en los que se gestó la tragedia.

El fracaso de la imposible convivencia de políticas más humanas y capitalismo, la asunción de los comunistas del mecanismo brutal de la Unión Europea, construida y dedicada al beneficio de la clase explotadora a costa de la clase productora, los trabajadores, en primer lugar ha hecho que ganara la derecha, poniendo la responsabilidad del fracaso en los comunistas, y haciendo la labor esencial de los eurocomunistas y de la socialdemocracia tradicional de desmovilizar al movimiento obrero, fragmentándolo y dejándolo sin esperanzas; y en segundo lugar, ha demostrado que no valen medias tintas, y que para luchar contra la barbarie capitalista no valen las buenas formas, la paciencia o la esperanza en las negociaciones, sino que el único camino efectivo para dar el poder a los trabajadores y convertir a estos no solo en origen sino también en objetivo de la riqueza de un país es la construcción del socialismo.

Fuente: Un vallecano en Rumania