El proceso a Trump: Un show con fondo electoral

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Con el proceso al expresidente se repite la historia de Al Capone, el mafioso más famoso de la historia norteamericana, que fue a parar a la cárcel por evasión de impuestos y no por los numerosos crímenes cometidos

Ricardo Arenales

El 6 de enero de 2021, el entonces presidente Donald Trump, una vez conoció el resultado de las urnas —que le fue adverso— en las elecciones presidenciales que acababan de terminar, dijo que estas le habían sido ‘robadas’ y enfureció a una multitud de sus partidarios, que horas más tarde llevaron a cabo un ataque aleve contra el Capitolio de los Estados Unidos. Con esta acción, el magnate incurrió en varios delitos penales.

El más grave sería la incitación a desconocer el resultado de las urnas en la otrora primera potencia en el mundo, que se precia de ser cuna universal de la democracia.

Trump, sin embargo, no cometió delitos solo en el ámbito interno de la política de su país, durante su mandato, el ahora expresidente estuvo al frente de operaciones criminales que violan el Derecho Internacional y la Carta de las Naciones Unidas.

Comprando silencios

El intento de invasión a Venezuela; el apoyo al golpe de Estado contra Evo Morales en Bolivia; la declaración de Jerusalén como capital de Israel, en una grave provocación a la dignidad del pueblo palestino; la escalada de sanciones contra Cuba y Nicaragua; las agresiones a los pueblos de Yemen, Palestina y Sahara Occidental. Pero ante todo el asesinato del general Qasem Soleimani, entrañable líder del pueblo iraní. Para ninguno de estos delitos hay amenaza de arresto contra el líder del Partido Republicano en Estados Unidos.

En cambio, el exmandatario ha debido comparecer ante un juez del Distrito de Manhattan, que le formuló 34 cargos en total, relacionados con el dinero que pagó a la actriz porno Stormy Daniels, para comprar su silencio, después de que ambos mantuvieron relaciones sexuales. En el cálculo del entonces candidato republicano, si se conocía la aventura, probablemente perdería las elecciones.

Algunas notas de prensa recientes aluden a las semejanzas entre el proceso de Trump y el del jefe mafioso Al Capone, que, a pesar de ser un gran matón y contrabandista, fue juzgado finalmente por evadir impuestos y no por los escabrosos crímenes cometidos. De casos como estos, está llena la historia de la justicia norteamericana.

Desde la prisión

El fiscal del Distrito de Manhattan, Alvin Bragg fue quien formuló los cargos contra Trump. Si es hallado culpable, probablemente vaya a la cárcel por una infracción menor que en todo caso, de acuerdo a la ley norteamericana, no le impide seguir adelantando su campaña electoral, incluso desde los muros de la prisión.

El artículo 11 de la Constitución de los Estados Unidos establece los requisitos para optar por la presidencia: tener 35 años de edad, haber vivido en Estados Unidos al menos 14 años y ser ciudadano natural. La jurisprudencia impide añadir otros requisitos.

Por lo tanto, la carta constitucional no exige que el presidente esté libre de acusación penal, condena o prisión. Se deduce que la persona imputada o en prisión puede postularse al cargo, e incluso ejercer como presidente.

Otra cosa es que la imputación pueda afectar la imagen de Trump y, en este caso, pesará más la sanción moral de la sociedad que los cargos que le imputen las autoridades judiciales. Como el proceso no se va a resolver en unos pocos meses, lo que cambiaría es que, si Trump es elegido, su calidad de primer mandatario impide que sea juzgado mientras permanezca en el cargo.

Hay analistas que vaticinan que a Trump le favorece el escándalo mediático en curso, pues su habilidad política le permite victimizarse, adelantar una cruzada contra la justicia que lo acusa, como ya viene sucediendo y a la larga mejorar su popularidad, lo que le abriría el camino de regreso a la Casa Blanca.