miércoles, julio 17, 2024
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El Pacto de Santos: Falso positivo agrario

La firmeza política es plena en el campesinado colombiano. Quieren ser los protagonistas del cambio en el agro

Hernán Camacho

Sus rostros son los de la dignidad. El lanzamiento de la Cumbre Nacional Agraria, Campesina y Popular, demostró la fuerza campesina, su capacidad de transformar el campo.

Unos dos mil campesinos delegados de 17 departamentos del país, junto a plataformas sociales y políticas como Marcha Patriótica y el Congreso de los Pueblos, además de los voceros de centenares de organizaciones campesinas, se dieron cita en la Concha Acústica de la Universidad Nacional, para dejar claro ante el país, que están dispuesto a construir la política pública agraria en función del interés general.

El otro encuentro

Esta convicción contrasta con la solemnidad de los “encorbatados”, como dijeran algunos, en el Pacto Agrario concertado por Juan Manuel Santos, y su ministro de Agricultura, Rubén Lizarralde. Allí asistieron la clase dirigente tradicional y los representantes de los mega negocios de la tierra y los latifundios. Los rostros campesinos no asistieron.

Desde esa tribuna oficial se buscaban dos objetivos, dicen expertos, arañar puntos de favorabilidad al gobierno nacional luego de la derrota política sufrida en las carreteras y movilizaciones de los campesinos inconformes y, por otro lado, legitimar la política agraria desde y para los grandes negocios del campo o la industria multinacional de alimentos, lavando culpas de un modelo de negocio que lleva a la deriva al campesinado y consigo la soberanía alimentaria y el desarrollo rural integral para el país. Las razones del paro.

En la otra cara de la moneda estaban las voces que día a día labran la tierra, siembran el alimento y producen riqueza campesina, los de ruana y alpargatas. En el lanzamiento de la Cumbre Nacional Agraria y Popular lo que se respiraba era aires de cambio para el campo, radicalmente opuesto al pacto oficial que beneficia al gran capital.

Las voces

A la pregunta ¿cuál es el desarrollo integral del agro que propone el campesinado en la Cumbre Agraria Nacional?, no se vaciló en la pronta respuesta: “es el desarrollo y la sostenibilidad de una soberanía alimentaria, pero también inversión social, educación, salud, proteger nuestros recursos nacionales”, le dijo a VOZ, David Martínez, vicepresidente del Sindicato de Trabajadores Agrícolas Independientes del Meta, Sintragrim y quien desde muy tempranas llegó a la capital trayendo consigo un mensaje desde el oriente del país: “seguimos en paro”.

Ese entusiasmo campesino impregnó a los asistentes al lanzamiento de la Cumbre. Nadie puede darle un sí a la propuesta de un pacto que muchos llamaron un falso positivo agrario de Santos.

“La diferencia es inmensa. En el Pacto Agrario los acuerdos son burocráticos para los sectores del campo con poder económico, aquí la Cumbre Agraria Nacional, es un espacio legitimo donde se construye unidad campesina y una base social que encuentra con soluciones propias el mejor camino para superar las condiciones sociales que viven en el campo colombiano”, reiteró el llanero Martínez.

Las políticas del campo

La senadora Gloria Inés Ramírez, acompañó la jornada campesina. Dijo estar a gusto con la Cumbre pero incómoda con el Pacto de Santos, donde asistió y preguntó a los industriales: ¿están dispuestos a comprometerse en la revisión y aún en la renuncia a los tratados de libre comercio firmados o por firmar, tal como están concebidos, que conducirán irremediablemente a la ruina del campo colombiano y de otros sectores de la economía? “me quede esperando una respuesta” indicó.

Otros temas agrarios hicieron parte de la cumbre de la Universidad Nacional: la acelerada extranjerización de las tierras, las concesiones mineras en zonas de páramos generando un riesgo a las fuentes de agua para los colombianos, la necesaria adopción de programas de sustitución de cultivos ilícitos, el coto a las compañías madereras.

No obstante uno de los elementos más reclamados en la Cumbre es el reconocimiento de las zonas de reserva campesina y el rechazo a las talanqueras jurídicas y militares a los procesos de reserva en curso. Junto a ello la abolición de los planes militares de consolidación generadores de desplazamiento campesino que allanan el camino de los mega proyectos agroindustriales y minero-energéticos.

Rostro de la dignidad

Carlos Velasco, campesino del departamento del Cauca, productor de pollo y caficultor quebrado, llegó a la Concha Acústica para empujar, dice, “un poquito más”, la unidad campesina y así “encontrar soluciones reales y no acuerdos”. Le contó a VOZ, una tragedia personal que parece ser el paisaje común del campesinado: “el café estaba en crisis y los campesinos del Cauca tomamos la decisión de volvernos productores de pollo: salimos de un problema y nos metimos en otro”.

Velasco, explicó que la reglamentación para que los campesinos produzcan pollo es imposible de cumplir para no generar competencia a las grandes empresas que se dedican a la producción avícola. “Es un campo sin oportunidades para los campesinos. Todo es pa` quien tiene la plata”

Una nueva cita se acordó: ni un paso atrás en la pelea campesina, hasta ahora victoriosa, “basta ya de promesas oficiales” se agotaron las políticas públicas que repercuten en pocos “eso lo cambiamos” se escuchó. La Cumbre resultó ser la mejor cátedra de paz con justicia social para Colombia.

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