El legado de Bolívar está vigente

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Oleo sobre tela “Bolívar y Bello” (1930) del artista Tito Salas.

“La burguesía colombiana puede querer la paz pero una paz barata, que no cueste absolutamente nada. Que se silencie la protesta, que se silencien los fusiles y seguir profundizando la explotación espantosa del pueblo colombiano”.

Oleo sobre tela “Bolívar y Bello” (1930) del artista Tito Salas.
Oleo sobre tela “Bolívar y Bello” (1930) del artista Tito Salas.

Gerardo Esteban Vargas*

La Batalla de Boyacá del 7 de agosto de 1819 marcó la acción militar decisiva contra la corona española. Fue una de las confrontaciones claves de la campaña libertadora en búsqueda de independizar a América del Sur del Virreinato de Nueva Granada. Esta gesta se inició desde Venezuela, y fue liderada por el General y Libertador Simón Bolívar. La batalla tuvo lugar en el cruce del río Teatinos, en inmediaciones de la ciudad de Tunja. El saldo terminó con la rendición en masa de la división realista, y fue la culminación de 77 días de campaña.

Han pasado 197 años, casi dos siglos de aquella épica batalla y los pueblos de América del Sur, al no crear colectivos de trabajo, ni organización social, han quedado bajo el control de gobiernos oligárquicos cuyos gobernantes, líderes en su mayoría colocados bajo corrupción, volcaron a los pueblos de nuevo al sometimiento de intereses foráneos. Hoy día al gobierno de Washington y de algunos mandatos de Europa, bajo un modelo de saqueo y extractivismo de materias primas impuesto por el modelo neoliberal.

Imposición ideológica del poder

Estas imposiciones de poder interno y foráneo sobre los pueblos han generado grandes desigualdades e inequidades contra las mayorías. Pues en el constructo social viviente, constante y dinámico, se da una búsqueda de la verdadera equidad e igualdad. Por ende, como toda causa conduce a una consecuencia, esta imposición violenta de pobreza, desempleo, falta de oportunidades, provoca en los sectores y sujetos conscientes de su entorno social, la inconformidad, la indignidad y lleva a buscar soluciones a tales problemas. Pero el poder enquistado no va a permitir fácilmente dichos cambios.

Por ello, el discurso del actual mandatario Juan Manuel Santos, a los empresarios reunidos en el Palacio de El Pardo en Madrid, durante un evento organizado por las cámaras de comercio españolas, donde les informaba los alcances de un proceso de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC-EP). Les aseguraba el mandatario a la clase empresarial española: “Tengan ustedes la seguridad de que lo que estamos negociando en nada afecta al inversionista”. Como buen protector del modelo neoliberal, les decía que “no es cierto que estamos negociando las políticas económicas o las políticas de desarrollo o las políticas de inversión o las políticas tributarias. Nada de eso está sobre la mesa en la negociación con la guerrilla”.

Igualmente, a los empresarios españoles les dijo que en Colombia las oportunidades son enormes en el sector agropecuario y anotó que “la mitad del país está por conquistarse y ponerse a producir”. Claro, implícitamente está dice que está a favor de los intereses de multinacionales internas y extranjeras, y por ende, en detrimento de las condiciones socioeconómicas y políticas de las mayorías del campo y de la población en general.

Paz con equidad e igualdad

Por tanto, no se puede esperar y mucho menos dar una paz para los empresarios y la oligarquía, y una continuación de la problemática social para las mayorías. Problemas de violencia provocada por la delincuencia común, falta de salud, educación y oportunidades en general para la población. Por ello, como plantea Darío Fajardo Montaña[1. https://anncol.eu/index.php/colombia/politica-economia/item/1106-construir-a-colombia-como-una-nacion-de-paz-y-no-como-la-israel-de-america.], Profesor de la Universidad Nacional de Colombia e integrante de la Comisión Histórica del Conflicto Colombiano, cuando se le consultó por el rol de la burguesía colombiana en las negociaciones de paz, afirmó: “La burguesía colombiana puede querer la paz pero una paz barata, que no cueste absolutamente nada. Que se silencie la protesta, que se silencien los fusiles y seguir profundizando la explotación espantosa del pueblo colombiano. De alguna manera buscan las conversiones de paz para derrotar a la guerrilla así como no ha sido posible derrotarla en el terreno militar”. A la vez planteó que hay condiciones para terminar con el principal actor de la violencia, el paramilitarismo: “Bastaría con que se retirara el apoyo a los paramilitares para que efectivamente se desmonte el paramilitarismo en Colombia. Ellos operan como un instrumento de inteligencia, de represión, que son financiados con recursos del narcotráfico y por las empresas transnacionales. Entonces es evidente como opera esa estructura que así como se montó se puede desmontar”.

Por ello, es natural el planteamiento de Carmelo Suárez, Secretario General del Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE), que se identifica como “la voz de la clase obrera, no de la ciudadanía o la gente”, en oposición a los partidos oportunistas “a los que nunca veremos a las 6 de la mañana en los piquetes con los obreros en lucha, pero sí en los medios de comunicación”. En su intervención también destacó el aumento de la represión y llamó a la clase obrera a luchar “para vencer, a perder el miedo, a destruir hasta sus cimientos este sistema que nos condena a la miseria, a la guerra imperialista y al colapso ecológico. El capitalismo no va a funcionar bien, la única salida es la revolución”.

* Economista Investigador del Centro de Estudios e Investigaciones Sociales (CEIS).