El cardenal contra Camilo Torres

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Camilo en la sede del Partido Comunista, acompañado de Gilberto Vieira. “No soy anticomunista”, dijo ante la militancia de Bogotá. Foto archivo de VOZ

Camilo Torres, desde su juventud, quiso poner sus conocimientos al servicio de los excluidos y explotados. Estas actividades lo llevan al diagnóstico de que las jerarquías eclesiásticas guardan silencio ante la inequidad y explotación de la mayor parte de la población colombiana

José Ramón Llanos

Camilo Torres Res­­tre­po nació el 3 de febrero de 1929, en Bogotá. Su niñez transcurre durante los cambios políticos liberales que generan las reformas de las instituciones establecidas por los conservadores entre finales del siglo XIX y las tres primeras décadas del siglo XX. Durante sus estudios en el Seminario Conciliar de Bogotá, el país es asolado por la violencia conservadora contra los liberales y los comunistas. El 29 de agosto de 1954 es ordenado sacerdote.

Desde octubre de 1954, cuando se matricula en la Escuela de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica), hasta el año 1959, se dedica a estudiar disciplinas y procesos que le permitan investigar las condiciones socioeconómicas de América Latina. Esas actividades y estudios le permiten, tan pronto regresa a Bogotá en 1959, vincularse al Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional. Al año siguiente participa con Orlando Fals Borda en la fundación de la Facultad de Sociología.

La acción social de Camilo

Camilo Torres, desde su temprana juventud, manifestó su propósito de poner sus conocimientos al servicio de los excluidos y explotados de Colombia. Una manifestación de esta decisión es la creación en Lovaina del Equipo Colombiano de Investigación Socio-Económica (ECISE). En un documento el equipo llama “a la unión de todos los colombianos deseosos de poner al servicio del país su preparación intelectual”.

Efectivamente, Camilo participa en la organización de un grupo de estudiantes e intelectuales que se dedicó al trabajo en las comunidades pobres. Al inicio de los años sesenta fundó y presidió el Movimiento Universitario de Promoción Comunal (Muniproc), así como también colectivos orientados promover estudios socioeconómicos sobre las condiciones de sectores urbanos marginados.

La Iglesia contra Camilo

Estas actividades y los debates con sociólogos y economistas progresistas lo llevan al diagnóstico de que las jerarquías eclesiásticas guardan silencio ante la inequidad y explotación de la mayor parte de la población colombiana; incluso concluye que, en cierta manera, la Iglesia incluso contemporiza con la ideología de la clase dirigente: “A quien llega a obispo, arzobispo o cardenal, se le tolera en el cargo a condición de un conformismo absoluto con los valores de la minoría dominante”[1. Germán Guzmán. El padre Camilo Torres. Siglo XXI Editores. México Argentina España. 1969, p. 115.].

A medida que Camilo estudia la problemática nacional radicaliza su discurso cuestionador de las jerarquías católicas. Por ejemplo se opone al afán de riqueza de los sacerdotes “…en sectores urbanos, donde se hace más patente el deseo de lucro”[2. Ibid, p. 117.]. Todavía es más contundente: “Soy partidario de la expropiación de los bienes de la Iglesia, aun en el caso que no se dé ninguna clase de revolución”[3. Ibidem, p. 117.].

En junio de 1965, Camilo no solo comunica al cardenal Concha su decisión de actuar como revolucionario, sino que la justifica desde la doctrina cristiana. Al respecto escribe: “Al analizar la sociedad colombiana me he dado cuenta de la necesidad de una revolución para poder dar de comer al hambriento, de beber al sediento, vestir al desnudo y realizar el bienestar de las mayorías de nuestro pueblo. Estimo que la lucha revolucionaria es una lucha cristiana y sacerdotal”[4. Ibid, pp 135-136].

Esas precisiones del cura guerrillero hicieron explotar la sacra paciencia del cardenal Concha Córdoba, quien atacó por los medios de comunicación al sacerdote rebelde y lo señaló ante la feligresía. A partir de ese momento se desató un sistemática y violenta persecución contra Camilo, la cual lo obligó a cambiar el discurso y la acción legal por el fusil.

* Tomado de Wikipedia.