sábado, abril 13, 2024
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El Alto Sinú, espacio de resistencia y dignidad

Crónica de la primera acción humanitaria por el derecho a la vida, la dignidad, la tenencia de la tierra y la permanencia en el territorio.

Colectivo Brecha

Luego de más de 24 horas de viaje, nuestro camino inició en el Frasquillo, una vereda que hace parte del municipio de Tierralta (Córdoba). La primera imagen que vemos al llegar a este sitio son soldados cuidando la hidroeléctrica, hombres vestidos de camuflado, armados hasta los tuétanos y con poca cara de buena gente. Desde el puerto de Frasquillo montamos en “johnson”, como les dicen en estas tierras a las lanchas de motor; durante 45 minutos aproximadamente, navegamos por la represa, observando el daño ambiental que esta ha causado, más de 7.600 hectáreas inundadas que podrían ser espacio de cultivos y generación de soberanía alimentaria.

Al cruzar la represa de Urrá, iniciamos nuestro recorrido a pie hacia la vereda El Crucito, camino por el cual pudimos comprobar la fertilidad de estas tierras; a nuestro paso encontramos toda variedad de frutas como mango, coco, mandarina, guayaba, cultivos de arroz entre otros. La fertilidad de estos terrenos permite el cultivo de una gran variedad de productos, pero lastimosamente, como lo averiguaríamos más tarde, la hidroeléctrica, a palabras de un poblador, “había sido la muerte para esta región”.

Desde Crucito, que era nuestro destino, existía carretera hasta Montería y la municipalidad de Tierraalta. Los pobladores solo debían costear un pasaje, lo cual les permitía sacar sus productos y generar utilidades de esto. Pero desde que se construyó la hidroeléctrica hace 16 años les cambió la vida.

La estafa de Urrá 1

Durante la primera acción humanitaria por el derecho a la vida, la dignidad, la tenencia de la tierra y la permanencia en el territorio, nos dedicamos a dialogar con los campesinos y poco a poco nos fueron narrando sus historias de desplazamiento, estafas, persecución y violencia paramilitar que se generó en la región por Urrá 1.

El primer punto en el que coincidían casi todas las narraciones era en cómo Urrá los había estafado, pues les había pagado las mejoras de sus tierras, mas no el valor de la tierra. También había llegado la violencia. El paramilitarismo se tomó la región y desde estas montañas Jorge 40 y Mancuso manejaban las AUC. La violencia se volvió un pan de todos los días, sumada a la complicidad de las Fuerzas Militares.

La hidroeléctrica inundó 7.600 hectáreas de terrenos productivos, desplazando a más de 5.600 familias en complicidad con los actores armados legales e ilegales que asesinaron y desaparecieron alrededor de unos 300 pobladores de esta región.

Irónicamente, en medio de las historias, algunos pobladores comentaban el hecho de vivir al lado de una hidroeléctrica y no tener luz. Las carreteras que les prometieron nunca llegaron y, para colmo, la carretera que antes tenían y les permitía salir con facilidad, terminó bajo el agua, aumentando hasta cinco veces el costo del transporte, pues ahora solo pueden salir a través de los “johnson” (lanchas).

Comunidades empobrecidas en medio de la riqueza natural que otros saquean

Pero las denuncias no terminaban ahí. Con el aumento del costo del transporte los campesinos, en su gran mayoría, no pudieron seguir sacando sus cosechas, y muchos de ellos por cuestiones de la violencia tuvieron que empezar a cultivar coca para sobrevivir, situación que desencadenó la fumigación indiscriminada, por parte del ente estatal, con glifosato, lo que acabó no sólo con las plantaciones de coca, sino con cultivos de pan coger y cosechas, situación que nos contaba en medio de lágrimas una campesina que perdió por culpa de dichas fumigaciones cuatro mil matas de cacao.

La salud y la educación, como en la mayoría de regiones apartadas, no funciona. A esta región viene un médico semanalmente, pero la mayoría de la población carece de Sisbén, por lo tanto no son atendidos. A palabras de estos campesinos, “si uno se enferma y no tiene plata para salir a la municipalidad y pagar un médico privado tiene que morirse en su cama”.

Todas las escuelas de la región llevan ocho meses sin profesor. Irónicamente la hidroeléctrica está construyendo un colegio pero de nada funciona si en ella no hay alumnos ni un maestro que enseñe.

Prácticamente esta región sufre un bloqueo económico auspiciado por la Brigada Nº 14 y el gobierno. Los campesinos que se dirigen hacia el Alto Sinú y el Nudo de Paramillo no pueden entrar mercados de más de 300 mil pesos ni drogas, pues son acusados de colaboradores de la guerrilla, y ni hablar de los insumos agrícolas, los cuales les son decomisados bajo el argumento de que serán utilizados para los cultivos de coca.

Increíblemente ante nuestros ojos observamos un territorio con tantas riquezas, con tanta potencialidad que poco a poco había sido acabado por la avaricia de unos pocos, una hidroeléctrica que solo produce un 3% de energía había acabado con los sueños de los pobladores.

Organización y lucha es el camino

Pero esta historia no termina acá. El gobierno tiene dentro de sus planes la construcción de Urrá 2, 76 mil hectáreas quieren ser inundadas, algo así como diez veces Urrá 1, diez veces más toda esta problemática de desplazamiento, guerra y hambre.

La historia le ha enseñado a estas comunidades que la mejor forma de protegerse de las garras del capitalismo es a través de la organización. La Asociación para el Desarrollo del Alto Sinú (Asodecas) es el proceso organizativo que está surgiendo como respuesta a los atropellos que cometen el gobierno y las fuerzas armadas legales e ilegales. La experiencia que Urrá 1 les ha dejado es que la única forma de frenar el peligroso problema que se les viene con Urra 2 es a través de la organización.

Y es por eso que estamos en estos alejados paraísos colombianos, porque estamos apoyando la consolidación de los procesos de base de las juntas de acción comunal en pro de la construcción de una organización que les permita mejorar sus condiciones de vida.

Agradecemos a todas estas comunidades que nos compartieron un poco de sus alegrías y tristezas, agradecemos a Asodecas por habernos permitido conocer estos espacios de resistencia y dignidad, y nos comprometemos con estas comunidades a iniciar un largo y duro proceso de difusión de las problemáticas que afectan a estas comunidades y de las problemáticas que nos afectan a todos los colombianos como la construcción de Urrá 2 que no solo genera problemas sociales sino también ambientales y culturales para toda la población colombiana.

En realización de este y otros productos frutos de la acción humanitaria, nos enteramos con toda tristeza que el pasado 5 de mayo, efectivos del Ejército Nacional asesinaron al campesino Manuel Enrique Martínez Cardona, miembro de las comunidades campesinas de la región de Tierralta (Córdoba), donde afirman que ya hay otros casos en los que este tipo de asesinatos han quedado en la impunidad y sin ninguna excusa por parte de las Fuerzas Militares.

Acompañamos con nuestra fuerza y valor a toda la comunidad del Alto Sinú y a Asodecas en su dolor y en su lucha que no se puede ver acallada por los actos violentos cometidos por el Estado, y exigimos una investigación por los entes correspondientes para dar claridad sobre este y otros hechos que se llevan a cabo con total impunidad en esta zona del país.

Colectivo Brecha

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