Ecuador ama la vida

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Foto: Noche Cultural en Pujilí via photopin (license)

Hay que elevar hoy la solidaridad con Ecuador y su Revolución Ciudadana, amenazada con golpe blando para poner el pueblo contra el pueblo. El pueblo de este lado debe estar atento contra esta amenaza al proceso revolucionario ecuatoriano que favorece a miles de compatriotas.

Foto: Noche Cultural en Pujilí via photopin (license)
Foto: Noche Cultural en Pujilí via photopin (license)

Armando Orozco Tovar

Alguna vez debo contar que vi de cerca a Rafael Correa, presidente de la república ecuatoriana, y que me sorprendió, no sólo por su prodigiosa memoria mostrada al recordar innumerables zonas y lugares geográficos de su país, nombrándolas con facilidad, pasión y poesía, como si mirara desde adentro de su corazón el mapa. Con sabiduría y admiración se refirió a la cultura plurinacional de su país nombrando el gran número de comunidades existentes. Dijo: “Esta región del mundo que se reconoce en lo diverso”.

Habló Correa de las comidas regionales nombrando los infinitos platos de su gastronomía. Los presentes quisieron salir corriendo a buscarlos como también los libros, pinturas, poemas de sus escritores y artistas, los cuales nombraba con gran facilidad. Desconocidos en Colombia. Se refirió con inmensa propiedad a los escritores y artistas reconocidos: Alfaro, Montalvo, Jorge Icaza, Pablo Palacio, Andrade, Carrión, el pintor contemporáneo de la flora ecuatoriana Ricardo Dávila y el inmenso Guayasamín.

Recalcó en medio de imágenes y metáforas el aislamiento padecido por unos y otros pueblos de la región. Y cómo si se angustiara, de pronto se refirió nombrando a los responsables de esta injusta separación: “¿Quiénes son los verdaderos culpables del aislamiento? ¿A quién no le interesa nuestro encuentro de hermanos, de compadres y amigos, y por qué?”, dijo. Anotó que también “todos sabemos quiénes son”.

Sus palabras fueron pronunciadas con fluidez y chispa humorística. Confieso que Correa me tramó con su palabra y presencia, lucida, atlética, elegante y juvenil. Qué bueno haber oído aquella vez y visto de cerca a Rafael Correa, el orador, el preclaro dirigente y magnífico escritor, para entender mucho más profundamente lo que significa su difícil tarea, realizada con coraje en esta hora de transformaciones continentales y agresiones permanentes.

Hay que elevar hoy la solidaridad con Ecuador y su Revolución Ciudadana, amenazada con golpe blando para poner el pueblo contra el pueblo. El pueblo de este lado debe estar atento contra esta amenaza al proceso revolucionario ecuatoriano que favorece a miles de compatriotas, habitantes de este lado de la frontera, quienes aprovechan los logros de la economía ecuatoriana al servicio de todos.

Entonces fue cuando recordé un lejano poema, escrito hace 41 años en un viaje accidentado hecho por primera vez atravesando la frontera imaginaria de Colombia y Ecuador que falsamente nos separa.

Entrando una madrugada a Quito

Serían las dos del otro día
lloviendo entré a ciudad Quito.
El autobús despacio por las calles de piedra
entraba como quien entra a una iglesia
sin hacer ruido.
En la radio la música más triste
y Ecuador, Colombia y la miseria
como una sola patria
extendida, sobre el lomo podrido de riquezas
de la cordillera de los Andes.

Quito, 1970