Ecos de la cumbre Hábitat III. Vivir en la ciudad es perjudicial para la salud

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Aún falta por construir una agenda de justicia social y urbana.

Se estima que para el año 2050, en los centros urbanos vivan 6.300 millones de habitantes. Ese crecimiento poblacional estará acompañado de la falta de acceso a servicios básicos y de manifestaciones crecientes de desigualdad e  inequidad social

Por: Ricardo Arenales

Entre el optimismo y la desilusión trascurrieron los debates que organismos gubernamentales al más diverso nivel, y reconocidos especialistas, libraron en la ciudad de Quito, en el marco de la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre Vivienda y Desarrollo Urbano Sostenible, Hábitat III, que sesionó entre el 17 y el 20 de octubre pasado.

El foro mundial sobre políticas poblacionales fue convocado con la idea de que los gobiernos de manera mancomunada enfrenten crecientes dificultades que azotan a las metrópolis, como la desigualdad, la violencia, los efectos del cambio climático, la carencia de servicios públicos esenciales como agua potable y electricidad, entre otros problemas, que se multiplican en proporción igual o mayor al crecimiento de la población.

Aún falta por construir una agenda de justicia social y urbana.
Aún falta por construir una agenda de justicia social y urbana.

Al término del evento,  que congregó a unos 50 mil delegados, se aprobó la Declaración de Quito sobre ciudades y asentamientos sostenibles para todos, que ya se le denomina como Nueva Agenda Urbana para los próximos 20 años, una guía en la que los gobiernos se comprometen a combatir la pobreza, la desigualdad, la discriminación, mejorar la planificación urbana y construir metrópolis resilentes al cambio climático.

Los participantes en otro foro paralelo, denominado Resistencia a Hábitat III, que congrega a organizaciones sociales de todo el mundo, indicaron que en la agenda aprobada por el evento de las Naciones Unidas no hay nada nuevo, que estos propósitos ya se habían señalado en Hábitat I y Hábitat II. Pues lo que suele suceder es que los estados asumen una serie de compromisos y sus delegados pronuncian discursos conmovedores, y se olvidan después de unos y otros. Como ha sucedido frente a los compromisos en otros foros internacionales como el del cambio climático, el de la ayuda a los inmigrantes o el que trazó los objetivos para el desarrollo.

Desarrollo e inequidad

El propio secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon se refirió a lo que denominó el lado oscuro de la urbanización: “Es justo decir que la planeación urbana no ha marchado de la mano de la urbanización masiva. Mil millones de personas viven en barrios marginales, donde no tienen acceso a servicios básicos como agua, alcantarillado, energía. Esto ha provocado muchos efectos negativos”.

Y es que la lucha por superar la pobreza, la marginalidad y la exclusión social, aparecen como los mayores retos para el desarrollo de las ciudades en las próximas décadas. Ciertamente, las ciudades se han convertido en la forma predominante de asentamientos humanos. Constituyen importantes agentes de desarrollo económico, pero también de inequidad social.

La ciudad debe ser reconocida como un bien común para enfrenar la desigualdad y la inequidad.
La ciudad debe ser reconocida como un bien común para enfrenar la desigualdad y la inequidad.

Previsiones de los propios organismos de las Naciones Unidas indican que para el año 2050, 6.300 millones  de personas vivirán en las ciudades. Para el año 2009, más de la mitad de la población del mundo vivía ya en las ciudades. Más del 90 por ciento del crecimiento urbano se produce hoy en los países en vías de desarrollo. Para el año 2040, todas las regiones del mundo, incluyendo África, serán mayoritariamente urbanas.

Cambio en los hogares

Hasta el año pasado, había en el mundo 29 megaciudades, consideradas estas como las que tienen más de diez millones de habitantes. Para el año 2030, el mundo tendrá 41 de estas megaciudades. Otros estudios indican que será precisamente en estas metrópolis donde se tomaran las grandes decisiones de la humanidad para entonces.

En muchos países, el tamaño de los hogares está disminuyendo. Muchos de ellos, compuestos por tres personas: padre madre y un hijo; pero crecen las familias monoparentales, en  las que el padre, ya viejo, vive solo, porque murió la esposa y los hijos se fueron. También la del profesional soltero que constituye una familia. En esta perspectiva, se estima que no ha sido construido un 60 por ciento de los edificios necesarios para albergar en el año 2030 a la población urbana mundial. Si la tendencia persiste, para 2050 la población urbana se duplicará y la superficie edificada se triplicará.

Las políticas públicas deben atender los derechos de los pobladores.
Las políticas públicas deben atender los derechos de los pobladores.

Cuando se menciona a las ciudades como motor de la economía, es porque alrededor del 80 por ciento del Producto Interno Bruto del planeta se genera en las ciudades. Y un 60 por ciento de ese PIB, en las 600 ciudades más productivas, donde actualmente vive una quinta parte de la población.

Pobreza

Pero estas ciudades son al mismo tiempo responsables de la mayor parte del consumo mundial: entre el 60 y el 80 por ciento de la energía del planeta, el 75 por ciento de los recursos naturales y en ellas se produce el 75 por ciento de las emisiones mundiales de carbono, que inciden en el calentamiento global.

Pero en un mundo regido por las leyes del mercado, en la medida en que crecen estos índices de desarrollo, se dan la marginalidad, la inequidad y la pobreza. De acuerdo a un estudio del Worldwatch Institute, denominado “La situación del mundo 2016. Ciudades sostenibles: del sueño a la acción”, el 10 por ciento de la población urbana en los países en desarrollo, no tiene acceso a electricidad; un 18 por ciento utiliza todavía madera o carbón vegetal para cocinar.

Una de cada siete personas habitantes de las zonas urbanas, viven en condiciones de pobreza, generando asentamientos marginales. En 2013, 863 millones de personas vivían  en tugurios y más de 170 millones, ni siquiera tenían letrinas y debían hacer sus necesidades al aire libre.

Un bien común

En el certamen inaugural de la reunión de la capital ecuatoriana, Ban Ki-moon reconoció también que en la actualidad el 75 por ciento de las ciudades tienen los mayores niveles de inequidad. Y el anfitrión de la reunión, Rafael Correa criticó la especulación con la tierra y lo que denominó como plusvalía ilegítima, que han favorecido a unos pocos privilegiados.

Entre tanto, voceros de Resistencia a Hábitat III, indicaron que en América Latina y el Caribe viven 641 millones de personas, de las cuales el 80 por ciento habitan en zonas urbanas, y al menos 104 millones en tugurios y favelas.

En esta perspectiva, indicaron activistas de organizaciones sociales, hacer realidad los compromisos de la cumbre de Quito, y las recomendaciones adicionales de las organizaciones no gubernamentales, serán decisiones que no están en los gobiernos sino en la fuerza de la movilización  de las masas urbanas.

Por ejemplo las políticas públicas deben atender los derechos de los pobladores. El llamado es a los ciudadanos a trabajar por sus derechos, a enfrentar los conflictos que habrán de surgir con los nuevos desarrollos urbanos y trabajar porque la ciudad sea reconocida como un bien común.