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Diversidad humana: tan evidente que se olvida

Manuel Antonio Velandia Mora PhD.

En sus operaciones en todo el mundo ACNUR trata de garantizar que todas las personas gocen de sus derechos en igualdad de condiciones y puedan participar plenamente en las decisiones que afectan sus vidas y las vidas de sus familiares y comunidades. Por dicha razón creó su Política de edad, género y diversidad (EGyD), orientada al trabajo con las personas y las comunidades por la igualdad y la protección. Fue una manera de confrontar en sus acciones el quehacer basado en el concepto de “Diversidad humana”, del que hablaremos en el presente artículo.

Estos que parecen meramente conflictos culturales y filosóficos adquieren un valor simbólico especial en tanto que permiten a un gobierno de izquierda dar un sentido de bienestar, calidad de vida y seguridad humana en el que la verdadera inclusión adquiere gran importancia frente a lo que venían siendo y haciendo las políticas de derechas en lo económico, al validar frente a sus votantes un carácter progresista al pseudo embarcarse en estas cuestiones.

Al analizar las dimensiones de EGyD como características personales interrelacionadas, podemos comprender mejor los multifacéticos riesgos de protección y las capacidades de individuos y comunidades y abordarlos y apoyarlos con mayor efectividad, según considera ACNUR. Como respuesta propone promover el respeto de las diferencias como un elemento enriquecedor de cualquier comunidad que se orienta hacia la plena igualdad.

“La diversidad humana es infinita; si quiero observarla, ¿por dónde empiezo?”, se preguntaba el belga Tzvetan Todorov en 1989, en su libro “Nosotros y los otros: Reflexión sobre la diversidad humana”. Él se respondió: Digamos, para entrar en materia, que es preciso distinguir entre dos perspectivas (que guardan relaciones entre sí), se trata del problema de la unidad y la diversidad humana. Su reflexión se soportaba en comprender el etnocentrismo.

Para Todorov, “Los bárbaros· son quienes creen que los otros, los que los rodean, son bárbaros. Todos los hombres son iguales, pero no todos lo saben; algunos se creen superiores a los otros, y es precisamente por ello que son mejores; en consecuencia, no todos los hombres son iguales. Como se ve, esta definición no deja de plantear algunos problemas lógicos, puesto que el hecho de observar que ciertos pueblos se creen superiores y en realidad son inferiores, me obliga a enunciar un juicio del género de los que yo condeno: que los demás son inferiores; haría falta que la comprobación de este tipo de inferioridad se apartara explícitamente de los comportamientos a los que se refiere. A partir de ahí, nada se le podría censurar a ese planteamiento, si no contuviera esta fórmula final: «razonar como nosotros». ¿Hay que creer que no existe más que una buena racionalidad, y que ésta es la nuestra? ¿Acaso no se alaba a esos extranjeros porque saben razonar como nosotros? ¿Y si razonaran de otra manera? Porque, una de dos: o bien la razón pertenece verdaderamente «a todos los climas», es rasgo universal y distintivo de la especie humana, y entonces el «razonar como nosotros” resulta superfluo, o bien no es así, y nuestra manera de razonar es la única buena”.

Parto del supuesto de que una realidad tiene tantas explicaciones como sujetos tratan de explicarla, posibilitando muchas y variadas buenas racionalidades. Esas otras lógicas, esas otras racionalidades nos conducen a reflexionar sobre la inclusión a partir de la comprensión de la triada igualdad, diversidad y unicidad.

La igualdad es una condición que implica tener el trato por igual para todas las personas, independientemente de sus características, género, raza, estatus migratorio, edad, discapacidad, es un derecho humano establecido por la Declaración Universal de los derechos humanos, creada por las Naciones Unidas.

La promoción de la igualdad, de derechos y oportunidades para todas las personas conlleva reconocer que ésta, en especial, adquiere sentido cuando se trata de personas con necesidades y capacidades diferentes y de las acciones directas y medibles para combatirla y la discriminación de los sectores sociales más excluidos que se derivan de su no manejo.

En la lógica de los derechos humanos, la igualdad significa respetar a todos/æs, no en dar a todas las personas lo mismo, de ahí la importancia del concepto de equidad.

La equidad, es la capacidad de dar a cada uno lo que se merece en relación de sus condiciones. Administrar justicia de forma imparcial, considerando las diferencias de cada caso para evitar injusticias. Aplicar justicia conlleva reconocer que cada ser humano es único y por tanto diverso. A Lajusticia se le define como la obligación que tiene el Estado de procurar el equilibrio y la equidad entre la población, principalmente en favor de las personas desfavorecidas.

La diversidad se refiere a los diferentes valores, actitudes, perspectivas culturales, creencias, origen étnico, nacionalidad, orientación sexual, identidad de género, aptitud, salud, estatus social, habilidades y otras características personales específicas. Mientras que las dimensiones de edad y género están presentes en todas las personas, otras características varían de persona a persona. Estas diferencias deben ser reconocidas, comprendidas y valoradas en cada contexto y operación específicos con el fin de garantizar la protección de todas las personas.

Las diferencias entre las personas ya sean reales o percibidas, pueden definir características que juegan un papel fundamental en la determinación de las oportunidades, capacidades, necesidades y vulnerabilidad de un individuo.

La unicidad. Cada persona es única. Tradicionalmente para exaltar las cualidades de una persona se dice una verdad de Perogrullo: !!Es única¡¡, pero la realidad es que no hay ni una sola persona que no lo sea. Evidentemente nadie es como yo, nadie ha sido como yo e incluso yo a partir de mis vivencias soy distinto de mí mismo. Recordemos que somos seres ecosistémicos, es decir propios de una cultura, de un tiempo, de una sociedad, de unas relaciones sociales, económicas, políticas, religiosas, culturales y por supuesto también sexuales. Al ser únicos/æs a cada uno/æ de nosotros/æs nos han afectado el interrelacionamiento de una manera igualmente única y particular.

Debe reconocerse que parece existir una tirantez entre los tres conceptos; sin embargo, de su interrelación, interafectación e interdependencia emerge el verdadero sentido que posee la Diversidad humana.

Lo LGTBI no es la diversidad

¿Por qué somos iguales?, ¿qué importancia tienen las diferencias? Luca Francesco Cavalli-Sforza reflexionaba ya sobre esas preguntas en mayo de 2009, en su libro “¿Quiénes somos? Historia de la diversidad humana”. Teniendo como eje del análisis el racismo, su texto es un llamado a hacer frente a los graves problemas que este genera, e intervenir en ellos sin delegar nuestra responsabilidad a una religión o a un sistema político, con el fin de promover y alcanzar un desarrollo equilibrado del potencial humano.

Está claro que nuestra educación intelectual, moral y social es insuficiente, y debemos mejorarla, pero se trata tan sólo de una pequeña parte de la ingeniería social que tanta falta nos hace para mejorar la permanente negación de los derechos humanos y sexuales que afectan, por ejemplo, a las personas que pertenecen a los sectores LGTBI de las diversidades de géneros y cuerpos en los casos de violencia por prejuicio.

“Cabe destacar aquí que son necesarias operaciones de recuperación social que requieren una intervención urgente, como, por ejemplo, abordar de forma adecuada a personas cruzadas por una serie de interseccionalidades, debido a las cuales su riesgo es muchísimo más elevado. La violencia por prejuicio contra las personas con orientación sexual e identidad de género diversas es una forma de violencia de género impulsada por el deseo de castigar a quienes se considera que desafían las normas sociales de género” (CIDH, 2012, párrafo 27).

No solo esté sector social está siendo vulnerado, evidentemente toda la sociedad es sujeta de las afectaciones asociadas a factores sociales, económicos y culturales. Es necesario tener en cuenta que en Colombia se presentan adicionalmente una serie de afectaciones asociadas a dinámicas propias del conflicto armado que han afectado a casi 10 millones de personas y aun cuando todas son consideradas víctimas cada una es en sí misma diversa a las demás.

Algo que llama la atención es que la idea de diversidad se ha unido al tema de los sectores sociales LGTBI, pero evidentemente las personas que viven las heterosexualidades también son únicas y por tanto diversas.

Este error conceptual, por ejemplo, se videncia en la publicación “Protegiendo la diversidad: Cartilla para la protección de personas con orientación sexual e identidad de género diversas” producida en el marco del proyecto “Construcción de herramientas metodológicas para la protección de personas con orientación sexual e identidad de género diversas”, que contó con el apoyo de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).

Ampliar el concepto de diversidad humana es fundamental para diseñar e implementar programas y rutas de protección que puedan dar respuesta a interrogantes tales como ¿A quién acudir en situaciones de riesgo a la vida o integridad personal? y, por supuesto, para alcanzar la justicia social y la plena seguridad humana.

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