De desfiles militares y patriotismo antipatriota

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Desfile militar el pasado 20 de julio. Foto Ejército Nacional de Colombia

En los gobiernos de la derecha hubo un esfuerzo desmedido, con consecuencias desastrosas, por presentar la situación general del país como un paraíso de ecuanimidad

Julián González

Nietzsche afirmaba que la amistad se fundamentaba, en últimas, en una final característica: “la mentira”. Un regodeo hipócrita en el que ambas partes se mienten para mantener la apariencia de apoyo mutuo; una denegación permanente de sí mismos y de su percepción sobre el otro, dinámica que tiene lugar debido al temor narcisista que acarrea el potencial riesgo de lastimar (e incluso romper irremediablemente) el vínculo entre ellos, al ser honestos. Por ello, en toda su ambigüedad, la condescendencia es, en lo relativo a la amistad, un paradigma de la falsa amistad.

La teoría psicoanalítica aplica esta misma tesis para su clínica. Para el psicoanálisis, la única real enfermedad del sujeto es el yo; el yo es una defensa que impide la emergencia del sujeto, su deseo. El individuo fabrica una serie de historias para mantener a raya la angustia que produce la proximidad a su verdad. Del mismo modo que la falsa amistad, estas historias, en tanto denegación narcisista, tienen el objetivo de evitar que emerja la verdad de su deseo.

El falso amigo

Así opera, también, la posición de la derecha con respecto a su patriotismo, y en extensión, a la defensa de lo que, para ellos, representan los pilares de la identidad de la patria. En los gobiernos de la derecha, y, sin duda, un caso sin precedente como este último gobierno de Duque, hubo un esfuerzo desmedido (con consecuencias desastrosas) por presentar la situación general del país, frente a ellos, y frente a los demás, como un “paraíso” de ecuanimidad.

Referirse a cuestiones como, por ejemplo, la integridad de las Fuerzas Armadas, y concebirlas como una institución a-prior transparente y constitutivamente virtuosa, es para ellos, el más notable gesto de amor a su patria.

Por el contrario, como queda claro, sólo un falso amigo es quien apoya en su deterioro y degeneración a con quien supuestamente estará incondicionalmente. En su egoísmo, procurando evitar la posible confrontación que acarrearía exponer a su amigo a lo incorrecto de sus decisiones, consciente de que este (su “amigo”), en la mayoría de los casos, no estará dispuesto a admitir su error, y se negará rotundamente a aceptar su participación en el allanamiento del camino de su propio fracaso, preferirá empujarlo hacia él antes de quedar mal frente a sí mismo y a la imagen que tiene su amigo de él.

Así mismo, la derecha considera que encubrir los actos criminales de algunos miembros de las Fuerzas Armadas, enaltecer sus personalidades para invisibilizar sus delitos, es un acto patriótico sin comparación.  Según sostienen, hacer críticas a las Fuerzas Armadas, cuestionar sus procedimientos, no es propio de patriotas.

La negación

Para ellos, amar el país es negar en el exterior que nuestra situación es muy problemática, por decir lo menos. Y, en el mismo sentido, cuando un colombiano se refiere a las penosas condiciones en que sobreviven no pocos de sus compatriotas, este individuo debe ser desterrado por osar decir la verdad.

Como cuando un individuo se niega a reconocer sus fallas, e incluso, se enfada y es capaz de agredir a quién lo expone frente al público, la solución de la derecha cuando alguien presenta frente al público hechos vergonzosos acerca de la situación del país, es censurarlo y poner en duda su patriotismo.

Sin embargo, lo que se pone de manifiesto es que, mentirse a ellos mismos y a los otros, sobre las precarias condiciones del país, sobre el deterioro de todos los aspectos de la vida social: económicos, culturales, políticos, etc., todo esto, constituye, realmente, el gesto antipatriota por excelencia. Sabemos que no hay acto de patriotismo mayor que dejar de mentirnos y asumir por completo nuestras responsabilidades. Así mismo, no hay acto antipatriota más grande que la “negación”, que el encubrimiento.

La senadora Cabal, un ejemplo paradigmático de este antipatriotismo de derecha, “trinó” en su cuenta de Twitter: “Un soldado o un policía de la patria, jamás serán iguales ni inferiores a un guerrillero. ¡Dios bendiga y proteja a nuestros héroes! #EnModoPatrio”. Como si entre más se esforzase uno por encubrir los errores de su “amigo”, fuera uno un “mejor amigo”.

Desde luego, un militar que comete un delito no es lo mismo que si lo comete un civil o un guerrillero, es exponencialmente más grave. Así mismo, las medidas que deben tomarse deben ser más sólidas e intransigentes.

La crítica y el cambio histórico

La revista Semana (que es más una subdivisión de propaganda y panfleteo de la derecha neoliberal, que una revista propiamente dicha) tituló hace poco, como suele hacerlo, con un objetivo propiamente ideológico y político: “La amenazante advertencia de la primera línea a Gustavo Petro en Bogotá”, intentando con esto promover fisuras al interior de las coaliciones de izquierda, algo completamente comprensible si aceptamos que para la derecha, criticar a su aliado, a su compañero político o criticarse a sí misma, es un acto de traición, y no un acto de honesto compromiso.

Lo que no advierte la derecha es que la auténtica izquierda es por constitución “crítica”. Que esté dispuesta a cuestionarse a sí misma las veces que sean necesarias no es una desventaja, si no, justamente, su razón de ser. Por lo tanto, el gesto político de izquierda por excelencia (que contrasta con el tópico derechista de “cada uno su lugar”) es cuestionar el orden universal concreto en nombre del carácter radicalmente antagónico (es decir, político) de la vida social, aceptar la necesidad del conflicto como motor del cambio histórico.

Así pues, comprender la amistad como el encuentro de dos sujetos que están dispuestos a exponerse a la verdad fría (y en ocasiones dolorosa), sin ceder a ningún chantaje moral, ni a ningún cálculo narcisista, y promover de este modo que el otro, sin temor y con coraje, confronte sus propios autoengaños, aunque esto signifique romper el vínculo irremediablemente, es el acto de la amistad auténtica incondicional.

Así como enfrentarse uno mismo a sus autoengaños y ser capaz de aceptar su derrota, para así, recomenzar de nuevo, implica un proceso de autocrítica aterrador pero liberador. Esto es lo que hace un verdadero patriota, dejar de mentirse, responsabilizarse por sus errores.