domingo, abril 6, 2025
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Con la lámpara de Diógenes: Más represión, menos paz

Nos corresponde romper con todo tipo de comportamiento abyecto al Estado y al gobierno y construir paso a paso o con saltos, un imaginario ideológico y una práctica política de insubordinación que conduzca a la concreción de ciudadanos autónomos. Así se rompe el cerco de guerra y se genera la paz.

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Rubén Darío Arroyo Osorio

El Estado colombiano con la democracia formal no puede ocultar ya su catadura de “poder disciplinario”, según la expresión de Foucault cuando expresa que el Estado al tener como función sustancial “vigilar y castigar”, solo trata de enderezar conductas de los ciudadanos que no se ajusten a su imaginario y ejercicio del poder dominante.

Así las cosas, el gobierno de Santos habla de paz, promete la paz y ejecuta la guerra, la violencia estatal con todos sus aparatos ideológicos de represión y con toda la fuerza bruta, incluso de manera desproporcionada.

En una intervención a un suburbio de ciudadanos marginados de todas las oportunidades de vida digna por este mismo estado y su sistema de inequidad social, económica, política y cultural; contra estudiantes que protesten pacíficamente exigiendo la solución de un problema específico en su colegio o universidad; contra los desempleados que protestan por la falta de empleo digno, contra los campesinos, indígenas y sectores étnicos atropellados por las multinacionales y el capital nacional que arrebatan sus tierras, fatigan sus fuentes de agua, saquean los terrenos mineros y colocan a disposición de la policía, del Esmad, del ejército y de todos los organismos represores, la maquinaria de guerra, para amedrentar e incluso asesinar a quien no siga las órdenes que posibilitan una convivencia de docilidad y exclusión.

En esta normalización disciplinaria, dice Foucault, el Estado espera que los individuos ajusten sus actos, sus gestos sus formas de pensar a unos modelos adecuados a la norma, lo que sería entonces lo normal y lo que no se adecua a ella sería lo anormal… Ahora acaban de asesinar a los indígenas y campesinos que participan en el justo Paro Agrario; ordenan que los agentes armados disparen contra el estudiante de la Universidad Distrital, Miguel Ángel Barbosa, fallecido por las heridas causadas por el Esmad.

Y como toda práctica tiene lugar por una ideología y bajo una ideología y, también toda ideología se realiza por un sujeto y para un sujeto, como nos lo recuerda Althusser (1971), ahora el Estado pretende afinar más su maquinaria de muerte, sus mecanismos psíquicos del poder reformando el Código de policía para legitimar y legalizar la negación de todo sujeto, de todo ciudadano que no encaje en su engranaje de barbarie y docilidad. Así nos corresponde romper con todo tipo de comportamiento abyecto al Estado y al gobierno y construir paso a paso o con saltos, un imaginario ideológico y una práctica política de insubordinación que conduzca a la concreción de ciudadanos autónomos. Así se rompe el cerco de guerra y se genera la paz.

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