Cartas

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Los ganaderos y la guerra

Buenísima la portada de la primera edición de este año, con reyes malos incluidos. No me puedo quedar callado al oír hablar a ese tal José Felix Lafaurie. No le cabe el cinismo en su ser. Son los ganaderos los principales patrocinadores del narcoparamilitarismo, con sus fabulosas chequeras arman un grupo de paracos de un día para otro. Son los ganaderos los principales depredadores del medio ambiente. No solo no pueden ver una mata de monte porque ahí mismo le echan machete, sino que con sus pesticidas, fungicidas, matamalezas, están acabando con la Tierra y todo lo que la habita. Son además los que más se burlan de la legislación del trabajo, pagan limosnas en esas haciendas, sin prestaciones y sin garantías. Fuera de eso los ganaderos son los principales lavadores de dinero, proveniente del narcotráfico y de otros tráficos. En fin, son los ganaderos uno de los principales males que aquejan al país y uno de los mayores generadores de violencia, desplazamiento, despojo y muerte. Amerita por parte del periódico y sus corresponsales un análisis profundo de los males históricos generados por los ganaderos. Betto Vélez (vía Internet).

Desde las tinieblas

Desde las tinieblas de esta mazmorra nos unimos en pensamiento para celebrar la fortuna de contar con hombres como ustedes, dispuestos al más grande de los sacrificios en procura de construir un mundo mejor. Nuestro saludo como siempre será cálido, fraternal y revolucionario, expresado a la distancia en esta misiva, cargada de abrazos y sueños por realizar. Agradecimientos mil por tanta solidaridad y afecto expresado hacia nosotros en sus diferentes actividades de confrontación diaria; fortalecer esos lazos y proponernos mayores objetivos de organización debe ser la tarea en el nuevo año. Si en el corazón de ustedes reina la alegría por haber agotado el mejor recurso en procura del objetivo trazado, a nosotros no nos asiste duda que cabalgamos juntos hacia la victoria. Con afecto revolucionario. Presos políticos Eron Picota, Bogotá.

El salario mínimo

El comentario editorial “salario y pobreza” y la información especial “salario mínimo miserable”, publicadas en la edición 2.671 del semanario periodístico “VOZ”, (semana del 9 al 15 de enero de 2013), refleja en verdad la situación laboral colombiana. Al profundizar sobre el editorial de VOZ y la destacada información sobre el tema resulta muy acertada la preocupación de este medio en el sentido de que además de un interés por mejorar el salario a los trabajadores nacionales también resulta supremamente importante una mejor capacitación, la disminución del desempleo y también del trabajo informal, subempleo o lo que se denomina como “rebusque”. A partir del día primero de enero del año 2013 cerca de cinco millones de colombianos que ganan un salario mínimo mensual recibirán la quincena con el primer incremento del año equivalente a $22.779. No nos digamos mentiras y ubiquémonos en la realidad nacional, el salario mínimo, establecido mediante Decreto del Gobierno nacional colombiano en $589.500, es eso, mínimo y cada año que pasa ha sido menor o más ínfimo; lo anterior está demostrado en los datos anuales de la evolución del salario mínimo en Colombia que en el año 2001 fue del 9.95%; 2002, del 8.04%; 2006, 6.94%; 2012, 5.80% y para el año presente, 2013, 4.02%… La referida suma, para el presente año, no corresponde a los desmesurados incrementos de los servicios públicos, la vivienda, la educación, el transporte y la canasta familiar, en general. De ninguna manera una quincena de menos de $300.000 alcanza para suplir las necesidades básicas de las familias colombianas; más concretamente el aumento de sólo $22.779 mensuales al salario mínimo para este año no se compadece con la difícil realidad que viven los asalariados colombianos.