Cartas

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El expresidente Uribe estampa su firma contra la paz en Medellín (Antioquia). /AFP

La ultraderecha contra la paz

El centro democrático en cabeza de Álvaro Uribe Vélez, no solo echó veneno por los poros sino llamas de candela contra el proceso de paz por los grandes medios guerreristas a su servicio. Al regresar de EE.UU. luego de recibir la bendición del pentágono, arrancó el firmatón de la “resistencia civil” contra la paz porque, según él, el gobierno de Santos le entregó el país a las FARC. El temor de Uribe Vélez y sus amigos es a la comisión de la verdad por sus ocho nefastos años de gobierno, sobre los cuales la Comisión de Acusaciones de la Cámara no hizo nada para investigarlo.

Los colombianos deben tener en cuenta que el Pentágono estadounidense son encubridores de alta calaña y la conducta de Uribe Vélez es negativa, pero como es defensor incondicional del capitalismo salvaje, de la libre inversión de las transnacionales y de los TLC, enemigo de los procesos de cambios sociales y revolucionarios que se dan en la región, como es el caso de Venezuela, los cuales son rechazados por los obreros colombianos; rechazamos y condenamos la intervención gringa y de la ultraderecha de la región contra la soberanía de los países, Venezuela no está sola. Bonifacio Medina (vía Internet).

El expresidente Uribe estampa su firma contra la paz en Medellín (Antioquia). /AFP
El expresidente Uribe estampa su firma contra la paz en Medellín (Antioquia). /AFP

Un mandato por la paz

Para el año 1997, organizaciones de la sociedad civil impulsaron la iniciativa “Mandato ciudadano por la paz, la vida y la libertad”, buscando presionar el inicio de diálogos formales entre el gobierno y la insurgencia con el fin de ponerle un punto final al conflicto de nuestro país. De este exitoso ejercicio democrático, resultaron 10 millones de papeletas por el sí al inicio de las negociaciones. Hoy, 19 años después, vemos la necesidad de reafirmar este mandato para decirle un sí rotundo a la terminación del conflicto con las FARC.

Ya sea por medio de consulta popular, referendo, plebiscito u otro mecanismo de refrendación de los acuerdos, la legitimidad de los mismos por parte de la sociedad civil es fundamental para propiciar un ambiente de perdón y reconciliación que permitan una efectiva implementación de lo pactado, donde todos los actores del conflicto, tanto las fuerzas militares y los desmovilizados, como las víctimas directas e indirectas aportemos a la construcción de ese país donde la equidad y la apertura democrática sean pilares fundamentales en el vivir diario de nuestra nación.

Si bien en este punto del proceso tenemos los ojos puestos en la definición del mecanismo de refrendación, tenemos que empezar a pensar en una socialización de los acuerdos acompañada de una pedagogía y andragogía adecuada, para que así los colombianos conozcamos en su totalidad lo acordado, ya que, hasta el momento la gran mayoría de ciudadanos no conocen ni entienden los consensos a los que se ha llegado, y así, resulta complejo que la ciudadanía se empodere de este proceso.

Un mandato por la paz, es pues una ciudadanía empoderada reclamando a gritos un país en paz, una paz estable, duradera y con esa justicia social que todos anhelamos. Como lo mencionó la representante Ángela Robledo: “Prefiero una paz imperfecta y no una guerra perfecta”. Andrés Felipe Cortés, ex candidato a Edil de Suba (vía Internet).