lunes, abril 15, 2024
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Activistas y “técnicos”, qué dilema tan chimbo

Los nuevos nombramientos en el Gobierno despiertan la furia de la oposición, que acusa a los nuevos funcionarios de ser demasiado “ideológicos”. ¿Qué oculta esta virulencia?

Federico García Naranjo
@garcianaranjo

La renovación del equipo de gobierno sucedida la semana anterior desató un agrio debate jaleado por voceros del establecimiento y los medios corporativos de comunicación. Un intenso escozor provocó los nombramientos de Gustavo Bolívar al frente del Departamento de Prosperidad Social, Cielo Rusinque en la Superintendencia de Industria y Comercio, Alexander López en Planeación Nacional, Laura Sarabia en el Departamento Administrativo de la Presidencia de la República, Carlos Carrillo en la Unidad para la Gestión del Riesgo y Diego Cancino como viceministro del Interior.

Si bien la anterior lista es bastante plural ─afortunadamente no todos son “petristas purasangre”─, lo cierto es que todas sí son figuras comprometidas con el proyecto del cambio y su nombramiento expresa una clara intención del presidente de reforzar sus líneas de trabajo más importantes y rodearse de gente de confianza. Por eso, la cantinela opositora se ha encendido con virulencia para denunciar que Petro está “purgando” al Estado de sus mejores “técnicos” para reemplazarlos por vulgares activistas sin experiencia. Sobre esta reacción histérica de la derecha pueden proponerse algunas reflexiones.

Todo es ideológico

El dilema entre “técnicos” y “activistas” es falso. No existe un lugar epistemológico desprovisto de ideología, es decir, todo lo que conocemos está mediado por nuestra interpretación subjetiva de la realidad. Los activistas o los políticos son tan ideológicos como los “técnicos”, todos leen la realidad desde su propia óptica. Otra cosa es que la ideología neoliberal se haya vuelto hegemónica y, por tanto, se haya confundido con el “sentido común”. Por ello, cuando hablan los “técnicos” se supone que lo hacen basados en un conocimiento científico desprovisto de ideología, es decir, de intereses políticos.

Pero, ¿quiénes son los “técnicos”? Como nos los presentan, se supone que son seres de luz, sin ambiciones personales, sin intereses y sin bajos instintos, cuando en realidad son cachorros de la clase dominante, formados en universidades extranjeras neoliberales y quienes ostentan una profunda conciencia de clase. Ellos son los que han diseñado e implementado durante doscientos años las políticas públicas que, como todos sabemos, han hecho de este país uno de los más desiguales y violentos del mundo.

Por eso, el dilema entre “objetivos” e “ideológicos” es falso. Todos tenemos grados de objetividad y de ideología en nuestras decisiones, nada es blanco o negro. Otra cosa es que la clase dominante sienta pasos de animal grande y se dé cuenta de que el marco ideológico está cambiando, es decir, que la gente está empezando a pensar diferente y que ello se expresa en los nombramientos del Gobierno. Eso les aterra.

Experiencia o mañas

Otra crítica que se ha proferido contra la renovación del equipo gubernamental consiste en que son personas sin experiencia en el cargo, sin trayectoria en la administración pública y, por ende, sin la capacidad para realizar su función. Ello en principio puede ser cierto, al menos la primera parte, es decir, que son personas sin una experiencia específica en el área que van a administrar. No obstante, ello no es un obstáculo para que puedan realizar una buena gestión.

Es imposible configurar un equipo de colaboradores que reúnan exactamente las condiciones que exige el perfil de cada cargo. Nadie puede hacerlo. Por eso existen los manuales de funciones. Cada nuevo funcionario que cumple con unos requisitos mínimos de formación, llega a su puesto sin tener mayor conocimiento del cargo y, con el tiempo, lo va adquiriendo, como sucede con cualquier empleo.

Al final, los famosos “técnicos” no han hecho otra cosa que rotar históricamente por diferentes cargos públicos ─y privados, por supuesto─ a punta de cobrar favores clientelistas y exhibiendo hojas de vida que sugieren una amplia experiencia. Sin embargo, basta con analizar sin mucha profundidad el alcance de sus realizaciones como funcionarios para darse cuenta de su mediocridad, cuando no de su venalidad.

El Gobierno se radicaliza

La otra crítica que se ha esgrimido contra la renovación gubernamental es que Petro escogió únicamente a petristas de su entera confianza y está cerrando los canales de diálogo con otros sectores políticos, lo que puede lesionar su gobernabilidad. Frente a esta opinión pueden decirse, al menos, dos cosas. La primera es que la derecha de este país está tan acostumbrada a manejarlo como su finca que les parece inconcebible un Gobierno sin ellos. No saben hacer oposición, no saben proponer programas alternativos, no saben hacer control político. Solo saben gritar, desinformar y apelar al odio y al miedo. Por ello, en vez de dar un compás de espera a los nuevos nombramientos y hacer un control político eficaz, se dedican a denostar a las personas, incluso antes de su posesión.

La segunda es que en buena hora el presidente Petro ha decidido incorporar a su equipo a verdaderos colaboradores que comparten su visión de país. No solo es que sean personas de su confianza, honestas y trabajadoras. Es que son personas de talante democrático, comprometidas con transformar al país y reivindicar a la clase trabajadora. Si bien no todos ellos pueden catalogarse como de izquierda, lo cierto es que allí hay un grupo de funcionarios dispuestos a garantizar el buen uso de los recursos públicos y contribuir para acelerar los cambios que el país necesita y por el que votó.

Mientras la gran prensa vocifera que el Gobierno se radicaliza, se aísla aún más de la ciudadanía ─dicho por ellos suena paradójico, es verdad─ y “quema las naves” del diálogo político, nosotros, por el contrario, vemos un saludable impulso a los cambios ordenados por el pueblo y que, ante los intentos de golpe blando, necesitan más y mejor acompañamiento.

Quedan poco más de dos años de gobierno de Petro y los cambios no dan espera. Los meses que vienen serán cruciales para definir las bases de una transformación a largo plazo en este país. Por ello, es una buena noticia que el presidente renueve su equipo con gente comprometida y de confianza. “Técnicos” o activistas, da igual. Lo importante es que gobiernen para el pueblo y si son radicales, es decir, si quieren atacar los problemas de raíz, pues mejor.

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