Abusos en empresas operadoras: “Transmilenio se lava las manos”

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Buses articulados y biarticulados de Transmilenio por la avenida Caracas de Bogotá. Foto archivo.

Los conductores de los articulados están desesperados por los malos tratos, las extensas jornadas laborales y la desprotección estatal. Anuncian cese de actividades

Juan Carlos Hurtado Fonseca
@aurelianolatino

A inicios del presente año, desde la Secretaría de Gobierno de Bogotá se hizo un llamado a los conductores de articulados del sistema Transmilenio, para conocer las situaciones de abuso laboral y persecución sindical que han venido denunciando desde años atrás, problemática que los tiene organizando un paro.

Los operadores de articulados organizados sindicalmente plantearon su problemática y la entidad se comprometió a crear unas mesas de trabajo con presencia de los gerentes de las empresas, los conductores, Transmilenio, la Secretaría de Movilidad, la Secretaría de Tránsito y el Ministerio de Trabajo, para discutir el problema y buscar salidas.

Según José Luis Pedrozo Martínez, presidente del Sindicato Nacional de Trabajadores del Transporte (SNTT) seccional Bogotá, los llamaron porque ahora sí están interesados en tener armonía laboral en Transmilenio ya que se acerca el momento de sacar de circulación los buses tradicionales que aún recorren las calles de la ciudad.

En la reunión se socializaron aspectos relacionados con las tablas partidas, los horarios, los pagos, las formas de contratación, seguridad y la persecución sindical, entre otros. Y es que las condiciones en las que asumen la responsabilidad del transporte urbano de pasajeros no son las adecuadas. Desde hace años se han puesto en evidencia abusos de las empresas operadoras o propietarias de articulados, sin que se haga algo por parte de las instituciones o autoridades competentes.

Enfermos y perseguidos

José Luis Álvarez García es conductor de la empresa Somos K desde hace 12 años. Después de nueve de estar laborando tuvo una desviación de columna debido a las inadecuadas sillas y al estado de las vías por las que transitan los articulados: “Me salieron dos hernias discales y discopatía. Fui a la EPS, me revisaron, hicieron radiografías, exámenes y me operaron. Me colocaron tornillos en la columna, pero después de un año de terapia y recuperación sufrí un accidente de trabajo dentro de la empresa; la silla del bus que iba conduciendo se cayó y a raíz de ese golpe seco en la columna se me zafaron los tornillos del lado derecho y tuvieron que operarme de afán”.

“La empresa me reubicó en el patio de la 80 recibiendo todos los buses troncales; allá llevaba dos años y ocho meses, pero cuando me vinculé al sindicato por tantas anomalías que veía, mi jefe inmediato, Álvaro Tamayo, me dijo que había cometido un error, que me iba a sacar del patio de la 80. A los 20 días me mandaron para la calle, a un semáforo en una estación con unos horarios extensos. Allí trabajo de seis de la mañana a seis de la tarde con cuatro horas de almuerzo, poniendo un cartel para que los buses no se pasen en rojo y no pisen la cebra. En mi tiempo de almuerzo me toca quedarme en un parque esperando que pase el tiempo, ya que no alcanzo a ir a mi casa. Eso provocó que se agravara el problema de salud”.

José Luis Álvarez explica que esa conducta la tienen con los enfermos sindicalizados para que se aburran y renuncien. También les quitaron una bonificación por valor de 350 mil pesos mensuales, pero se la dejaron al resto de conductores.

Comenta que les cambiaron de ARL y los obligaron a iniciar de ceros el proceso de valoración médica porque la que los recibió no tenía historias clínicas: “En la empresa hay conmigo más de 20 personas enfermas de la columna por culpa de las sillas. La empresa compra las más baratas. A raíz de mi enfermedad no puedo hacer ejercicio, no puedo jugar con mis hijos y me separé de mi esposa, ya que duré dos meses y medio en cama”.

La EPS le reconoció la enfermedad profesional, pero la ARL Liberty no. “Apelé y me mandaron a la Junta Regional de Invalidez, me dijeron que era enfermedad común. Apelé y me mandaron a la Junta Nacional de Invalidez donde llevé las pruebas: unos videos de las sillas y se dieron cuenta que era enfermedad profesional”.

Se sienten desprotegidos. Aseguran que las diferentes entidades distritales y nacionales del Estado se tiran la pelota y ninguna los ayuda: “Transmilenio se lava las manos y dice que hay que hablar con la empresa pero no, todo sigue igual”.

Jornadas laborales

Las extensas jornadas laborales producto de las tablas partidas, es decir de trabajar cuatro horas, descansar cuatro o más y retomar por otras cuatro, están produciendo estrés laboral y cansancio corporal. En los periodos de reposo deben permanecer en los vehículos, cafeterías, parques o viendo vitrinas. No alcanzan a ir a sus hogares. Dicen que ya no tienen vida familiar.

La sobreexplotación ha llegado al punto que, cuando en una empresa operadora renunciaron 60 conductores porque les ofrecieron mejores condiciones manejando carrotanques en Pacific Rubiales, en Puerto Gaitán (Meta), la empresa no los remplazó sino que extendió y acomodó los horarios de quienes se quedaron.

Pero el problema es mayor cuando afecta a usuarios del sistema y de las vías. Según el presidente del SNTT Bogotá, José Luis Pedrozo, el cansancio de los conductores ha causado accidentes graves: “Un compañero me contó que hace más o menos un año cuando recibió el bus estaba muy cansado, tenía sueño. Salió del Portal Américas y llegando a la estación Mundo Aventura le dio un microsueño y colisionó con otro bus. Se despertó cuando sintió el choque. El accidente fue muy duro, el compañero se fracturó las dos piernas, quedó atrapado, lo operaron, está caminando, pero está en terapias, se lastimó la cara y tuvo pérdida de audición. Actualmente se encuentra operando, pero dice que le duelen las piernas por la posición”.

Cuando el presidente del sindicato tuvo un accidente la situación fue distinta. Ante un inesperado pare que le hizo una inspectora de Transmilenio al articulado que iba adelante, este frenó bruscamente y José Luis no pudo hacerlo a tiempo. Asegura que iba a menos de 50 por hora pero que no pudo evitar la colisión.

La empresa decidió terminar el contrato por el suceso. No obstante expresa que no estaba tomado ni iba a alta velocidad: “Esa fue una excusa, lo hicieron por ser sindicalizado. No existe croquis de tránsito porque no fuimos asistidos. Desde el 2 de enero estoy despedido. Demandé y en primera instancia gané, no me han reintegrado porque apelaron. Si no hubiera estado sindicalizado no me echan. Hay varios casos donde quienes se accidentan por el cansancio los echan si están sindicalizados, pero quienes no lo están en la organización siguen laborando”.

Al cierre de esta edición del semanario VOZ había planeada una reunión en la que los conductores afiliados a diferentes sindicatos establecerían un plazo de 10 días para la instalación de las mesas; de no cumplirse, irían a cese de actividades lo que generaría un caos de movilidad en la ciudad.