Editorial VOZ 3203
Se celebra esta semana el 10 de diciembre (10D), Día Internacional de los Derechos Humanos. Algunos hablan de conmemoración, pero en realidad se celebra porque es la fecha en que Naciones Unidas aprobó en Asamblea General la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en 1948.
Se celebra la terminación de la Segunda Guerra Mundial y el inicio de una era de paz y convivencia en el mundo, con base en uno de los consensos más importantes entre los Estados y naciones, la firma y entrada en vigor del cuerpo de principios universales de los derechos humanos, que se supone deben sostener la convivencia en una sociedad civilizada.
El problema es que cada 10 de diciembre, esta celebración ha estado empañada por el progresivo empeoramiento de la situación de millones de personas en el mundo a los que se les violan sus derechos, se les niega su desarrollo en dignidad y respeto. La población mundial sufre los efectos devastadores de la voracidad del capital, con sus negocios mineros y del agua, sometiendo a sequías a millones de personas que no tienen acceso a energía y alimentos. El negocio capitalista arrasa con la vida y la cultura de los pueblos, ocasiona desastres naturales, inestabilidad económica e inflación, conflictos armados, desigualdades sin precedentes e impunidad persistente.
Este 10D-2023, no puede ser celebrado porque esta declaración, nacida de la condena del genocidio nazi contra los judíos, se repite como bofetada a la lógica y el sentido humano de la declaración del 48. El genocidio y el holocausto sionista contra el pueblo palestino no deja margen a la celebración. Estamos obligados a conmemorar la pérdida de tantas vidas inocentes que yacen bajo los escombros de la ONU.
Algunos datos globales de Amnistía Internacional corroboran la imposibilidad de celebrar. “De 156 países analizados, en 20 se cometieron crímenes de lesa humanidad y de guerra; en 94 usaron la tortura; en 49 se realizaron devoluciones de personas a países en los que corren graves peligros; en 84 se usaron fuerza ilegítima contra personas que se manifestaban pacíficamente; en 29 se aprobaron leyes que limitaban el derecho a protestar”.
Por su parte, la ONU en el Informe Anual afirma “que La discriminación afecta a casi el 20 por ciento de la población, según datos procedentes de 31 países”, Entre las mujeres, la probabilidad de ser víctima de discriminación es más alta que entre los hombres”.
Así mismo, “Los conflictos causan cientos de bajas civiles cada día. En 12 de los conflictos armados más graves del planeta, un centenar de civiles murió cada día, entre 2015 y 2017. Uno de cada ocho fallecimientos correspondió a una mujer o a un niño”. El portal Prensa Latina informa esta semana que según El Ministerio de Salud de Gaza “el número de víctimas fatales por la guerra asciende ya a 18 mil 205, y 49 mil 645 los heridos, desde el pasado 7 de octubre”.
El sistema de protección de derechos humanos a nivel global, impulsado por la ONU, está en su peor crisis. Su silencio cómplice, su inoperancia, la burocratización y arrodillamiento al designio de las potencias capitalistas ante el genocidio de pueblos enteros es insostenible.
Un 10D con nada que celebrar y muchos retos y consensos por lograr, en bien de la humanidad.