Una oportunidad para rectificar

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Hay que hacer una evaluación seria de la situación organizativa y modificar decisiones antidemocráticas que no han producido ningún resultado

Marcha de trabajadores CUT

Miguel Antonio Caro

Desde comienzos de los años 90 del siglo pasado, el movimiento sindical colombiano inició un proceso de crisis que aún no da señales de resolverse y, por el contrario, cada día tiene nuevos desarrollos.

Esta situación debería propiciar un debate profundo y constructivo al interior de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), a fin de que su próximo congreso nacional haga una evaluación de las políticas y actuaciones desarrolladas, sobre todo en los últimos años, y produzca las rectificaciones necesarias para que pueda jugar el papel que los trabajadores y el pueblo esperan de ella.

Como en estas breves líneas es imposible abarcar todos los asuntos, habrá referencia apenas sobre algunos aspectos del tema organizativo. En la Declaración de Principios aprobada en 1986, en el Congreso Fundacional, se estableció que “la CUT continuará trabajando con todos los esfuerzos y recursos hasta alcanzar la completa organización y unidad de los trabajadores colombianos, tanto del campo como de la ciudad, en una sola central. Adelantará las tareas que se requieran para transformar la actual estructura sindical, mediante la construcción de grandes sindicatos por ramas industriales y de los servicios”.

Además, normas con este mismo contenido fueron incluidas en los estatutos. Posteriormente se determinó que las federaciones no pueden elegir delegados a los congresos de la CUT pues sus sindicatos filiales lo hacen y, por lo tanto, si se les mantiene ese derecho, se configura doble representación. Asimismo, se decidió que los sindicatos de menos de 500 socios tampoco pueden elegir delegados a los congresos y se establecieron plazos para que las federaciones se disolvieran y los sindicatos se fusionaran según su actividad.

Estas medidas tenían por objeto ejercer presión para que las federaciones se transformaran en sindicatos de rama y los pequeños sindicatos se incorporaran a los grandes; es decir, para que se cumpliera el objetivo de transformar la estructura sindical.

Sin embargo, 28 años después el balance es tan precario que obliga a repensar las cosas. Los trabajadores organizados en sindicatos hoy son porcentualmente menos que en 1986 y escasamente llegan al 4%; en materia de unidad hay un notorio retroceso, no sólo por la aparición de nuevas centrales, como la CNT y la UTC, sino por la escandalosa dispersión de los trabajadores de muchas empresas y entidades en múltiples organizaciones; los sindicatos de rama, en vez de fortalecerse se han debilitado, como lo demuestran los casos de Anthoc, UNEB, Sintraelecol y otros, que ahora tienen menos afiliados.

Una excepción notable es la Unión Sindical Obrera (USO), que se ha fortalecido cuantitativamente con los trabajadores contratistas, aunque sigue siendo débil entre los trabajadores de planta de las empresas petroleras.

Algunas causas

Entre las causas de esta situación están el desempleo, la inestabilidad, la deslaboralización de las relaciones de trabajo, la tercerización y las demás políticas antisindicales impuestas por el neoliberalismo, a las que hay que agregar la campaña de exterminio contra los sindicatos y sus dirigentes; el notable deterioro de la negociación colectiva y la imposibilidad práctica de hacer negociaciones por ramas de la economía y de los servicios, lo que conspira contra los sindicatos de industria; el hecho lamentable de que los sindicatos de rama no han logrado demostrar que son una alternativa de organización superior a las federaciones o a los sindicatos de otras clases; y la agresiva campaña divisionista de cooptación adelantada desde el gobierno, particularmente contra el movimiento sindical de clase.

Las medidas de presión, cuyos efectos se suponían transitorios, se convirtieron en permanentes, con graves repercusiones para la precaria democracia que hay en la CUT. Que las federaciones de rama y los sindicatos de menos de 500 socios no puedan elegir representación oficial a los congresos era aceptable por algún tiempo, en aras de desarrollar el sindicalismo por ramas, pero convertirlo en norma permanente es abiertamente discriminatorio y antidemocrático pues significa dejar a un inmenso grupo de organizaciones sin un derecho elemental del que deben disfrutar todos los afiliados a la CUT.

Lo que hay que hacer, entonces, no es renunciar al objetivo de construir grandes sindicatos por rama, que es una política organizativa correcta ante el proceso de concentración y monopolización de la economía propias de la naturaleza del capitalismo. Es claro que el futuro del movimiento sindical no está en la organización de pequeños sindicatos ni, mucho menos, en la división de sus escasas fuerzas.

Pero también ha quedado claro que la unidad no se consigue a punta de decretos ni fijándole plazos perentorios, sino trabajando por las bases para formarles conciencia y demostrarles, en la práctica, que los cambios que se proponen son positivos.

Por lo tanto, hay que hacer una evaluación seria de la situación organizativa, modificar decisiones que, además de ser antidemocráticas, no han producido ningún resultado, y diseñar una nueva metodología teniendo en cuenta que a los trabajadores no hay que darles órdenes sino argumentos convincentes, si se quieren resultados satisfactorios.