Simón Trinidad: “Ni siquiera puedo escribir a los jueces”

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Hernán Camacho

Era diciembre de 2004 cuando el presidente Álvaro Uribe autorizó la extradición del hombre nacido en el Valle del Cacique de Upar, capital del departamento del Cesar, cuna del vallenato, ciudad que lo conoció como Ricardo Palmera Pineda, profesor de economía, banquero y político. De familia tradicional, prestante como pocas, invitado especial de la clase política del Caribe a escuchar sones de acordeones en parrandas de amanecer. Esa era la vida de Palmera antes de las FARC.

Simon Trinidad

Simón Trinidad, miembro de las FARC-EP, fue escogido negociador plenipotenciario de esa guerrilla en los diálogos de paz en La Habana (Cuba) por sus profundos conocimientos sobre la economía regional y nacional, su capacidad y audacia política, pero además por la experiencia como negociador en el proceso del Caguán. Hoy con derecho a una hora de sol al día y una sola visita autorizada, la de Alix Pineda de Palmera, su progenitora, pasa las horas Simón Trinidad, en la prisión federal de Fiorence, Colorado (Estados Unidos). Un preso político en injusto cautiverio.

Carácter firme

VOZ accedió en exclusiva a una grabación en la que Simón Trinidad denuncia la flagrante violación a sus derechos como colombiano en territorio extranjero, pero ante todo como ser humano. Las palabras de Trinidad fueron recogidas el pasado 11 de marzo y son fruto de una de las cuatro únicas reuniones en “confidencialidad” con su defensa en Colombia. Allí él hace un urgente llamado a la delegación de negociadores del gobierno nacional para interceder en su repatriación inmediata y sumarse a las tareas como negociador plenipotenciario.

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VOZ transcribe las palabras de uno de los tres guerrilleros extraditados al país del norte: “Quiero que lo escuchen en La Habana. Esta es una denuncia ante la prensa nacional e internacional de lo que están haciendo conmigo. Yo tengo 14 juicios y no me dejan hablar, no me dejan enviar documentos, no puedo hablar con nadie, no me dejan escribir una carta. Yo no tengo garantizado el derecho de defensa y eso lo debe conocer la delegación del gobierno en La Habana”.

Ninguna de sus reclamaciones ha sido escuchada, sus abogados de oficio en los EE.UU. han preferido apartarse de su defensa y ser lo menos diligentes posible por temor a ser acusados como colaboradores del terrorismo internacional.

Aislado

“Yo pedí hablar con el Comité Internacional de la Cruz Roja desde hace cuatro años y no me han permito siquiera eso. Yo quiero que tú conozcas esto –le dice a su abogado en Colombia, Ramiro Orjuela, con quien solamente ha podido hablar de sus 126 procesos en Colombia cuatro veces tras nueve años de reclusión-”, reitera afanado Trinidad, pues ve cómo los guardias de custodia pretenden interferir la comunicación que está sosteniendo.

No ha sido fácil para Trinidad la comunicación con el exterior pues tiene negado leer, escribir y el ingreso de visitas. De hecho, diferente a su mamá, solamente Piedad Córdoba lo ha podido visitar desde su extradición y por solo tres cuartos de hora, con una ceñida vigilancia.

Denunciar las violaciones en su persona y su dignidad desde la cárcel de máxima seguridad es una proeza ya admirable.

En la oportunidad de confidencialidad de Trinidad con su abogado éste le pregunta cuál es la parte más complicada para el ejercicio de su defensa, y sin vacilación responde: “Que no tengo defensa, Ramiro, en la práctica no tengo defensa. Hablar contigo 10 o 15 minutos no es suficiente y no me permiten enviar documentos ni escribir a los jueces, donde yo pueda probar mi inocencia”. Y es en ese momento de la conversación cuando de manera abrupta termina la comunicación, que dura un minuto treinta. “Desde hace dos años no había podido siquiera verlo por teleconferencia. Es infame”, señala Orjuela.

Sin el debido proceso

En 24 de los 126 procesos, jueces y fiscales de la República de Colombia han fallado a favor de Simón Trinidad, demostrando así la ausencia de responsabilidad en las acusaciones que tiene en su contra. Razones difíciles de explicar por las autoridades colombianas. En palabras de su defensa, la ausencia de criterio hace que cualquier acción armada de la guerrilla se la adjudican a él, sugiriendo que hace parte del Secretariado de las FARC “y eso no es cierto”.

Dos únicos manuscritos de su inconfundible autoría son conocidos por VOZ, y muestran las inconsistencias jurídicas de fondo aplicadas a los procesos en su contra. A finales del año 2011 y principios del 2012 cartas a la Fiscal General de la época, Vivian Morales, son plena prueba de la violación al debido proceso.

Esa insistencia en hacerse escuchar, al menos le sirvió para que un año después el Ministerio de Justicia enviara una petición al buró carcelario gringo y solicitara, con acostumbrada sumisión, se le permitieran asistir a las videoconferencias programadas sin las cadenas que le ataban sus manos a la cintura. “Era una permanente zozobra verlo así, pues con un distraído movimiento de su parte recibiría descargas eléctricas. Ahora al menos le veo las manos”, dice Orjuela en un estado de indignación imposible de ocultar.

El país y la paz lo necesitan. El llamado de la delegación de paz de las FARC en La Habana por su presencia física es a diario. No hay negociación completa sin las opiniones de Simón Trinidad. “A él le cabe el país en la cabeza”, reitera Orjuela a VOZ.

El hombre que casi nunca ve el sol sigue alzando su voz contra la injusticia de su confinamiento. Los tiempos de banquero y guerrillero no pueden pasar desapercibidos en la historia política del país y en las esperanzas de paz de una nueva Colombia. Un personaje cuyo testimonio de vida es capaz de tentar la pluma literaria de Gabo, es un colombiano con una convicción de paz a prueba de fuego.