Resistencia sindical a descapitalización de Ecopetrol

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Pozo de Ecopetrol. Foto Germán Ávila.

La Unión Sindical Obrera se moviliza. Desde 1923 hasta 1948, las sucesivas huelgas de trabajadores afiliados a la USO (antes SUO) presionaron tanto la reversión de las concesiones petroleras (de Mares) como la creación de la empresa de los colombianos.

Pozo de Ecopetrol. Foto Germán Ávila.
Pozo de Ecopetrol. Foto Germán Ávila.

Alfonso Conde C.

Juan Carlos Echeverry, nuevo presidente de Ecopetrol, aspira a convertirse en su enterrador. Neoliberal de pura cepa, quien fuera representante en Colombia de la consultora Latin Source-Global Source con sede en Nueva York y presencia en nueve países de América Latina, al igual que en China, Rusia y Turquía, además de director del Departamento Nacional de Planeación, ministro de Hacienda y consultor del BID, desde el 6 de marzo de este año es el encargado de minimizar hasta su destrucción práctica la Empresa Colombiana de Petróleos.

Desde su nombramiento se ha venido conociendo su política. Se habla de la decisión de continuar desmembrando y descapitalizando a Ecopetrol para entregarla al sector privado sin tener que pasar por la autorización del Congreso de la República, quien debería definir el futuro de esa empresa creada por ley de la república en 1948.

Después del freno de la venta de Isagén, se presenta como única opción por parte del gobierno de Juan Manuel Santos, ante la crisis fiscal, la venta de la empresa petrolera de los colombianos. La forma no es directa: se dice que se aislarán las operaciones que conforman la cadena del petróleo para convertirlas en unidades empresariales independientes, parte del grupo empresarial, y se revisará su rentabilidad individual. Aquellas nuevas empresas que no cumplan ciertos niveles exigidos serán desprendidas del grupo a través de su venta al sector privado.

Así, por ejemplo, se menciona la separación de los campos cuya producción sea inferior a cuatro mil barriles por día (una gran mayoría) y se cuestiona la continuidad de la operación por Ecopetrol de las refinerías de Barrancabermeja (cuya ampliación –Plan Maestro de Barrancabermeja- ya fue frenada) y Cartagena (cuya ampliación ha implicado escandalosos sobrecostos y aún no inicia su funcionamiento).

La maniobra privatizadora

El grupo empresarial ya ha subdividido la empresa. Cenit, hoy la joya de la corona cuyo negocio es el transporte, dependiente de los volúmenes de producción y no de los precios del crudo, recibió los oleoductos (¿donación?) y se constituyó como empresa de papel por acciones cuya operación realiza Ecopetrol como contratista. Reficar, Hocol, Propilco, Comai, Ocensa, varias empresas de apalancamiento financiero situadas en paraísos fiscales, y otras, para un total de más de 25 firmas diferentes, ya son parte de la división de Ecopetrol.

Es de resaltar que desde 1923 hasta 1948 las sucesivas huelgas de trabajadores afiliados a la Unión Sindical Obrera, USO (antes SUO) presionaron tanto la reversión de las concesiones petroleras (de Mares) como la creación de la empresa de los colombianos para manejar y procesar el recurso petrolero de nuestra nación. Fue la acción de Raúl Eduardo Mahecha, María Cano, Ignacio Torres Giraldo y todos los cuadros y las bases sindicales, junto con los pobladores de las riberas del Magdalena, quienes, en defensa de nuestra soberanía construyeron esa que hoy es la primera empresa productora de riqueza de los colombianos, encargada, además, de garantizar la energía que requiere la vida de nuestra nación. Es esa la que quieren entregar a la voracidad de propietarios privados.

La USO, el sindicato petrolero, consciente de las intenciones del gobierno neoliberal de Juan Manuel Santos y su delegado Echeverry, se encuentra en estado de alerta y ya ha comenzado a desarrollar un plan de acción que envuelve, además de su propia movilización en marcha, la sensibilización de la población en zonas petroleras, sus concejos municipales y asambleas departamentales, los sindicatos nacionales, incluidos los magisteriales, las universidades colombianas y el Congreso de la República, para construir una resistencia nacional que impida la privatización, abierta o soterrada, de la empresa que procura nuestra soberanía energética.

Las acciones anteriores se acompañan de la programación de asambleas regionales y nacional por la paz, asunto ya pactado en convención colectiva, bajo el entendimiento de la necesidad de contribuir a la construcción de la paz con democracia y justicia social que permita el desarrollo de los debates hacia una nueva sociedad. Dentro de los espacios mencionados se adelantará también la discusión del proyecto de ley orgánica de hidrocarburos elaborado por el sindicato, en la búsqueda de la garantía legal de la soberanía en la disposición y uso de nuestro recurso petrolero.

La lucha por nuestra soberanía energética será liderada por la Unión Sindical Obrera del sector petrolero pero es un tema que concierne a todos los colombianos.