Palabra itinerante: Buscando caminos

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Jaime Cedano Roldán

Desde Europa se mira a América Latina con expectativas e ilusiones. Siempre ha sido así. Pero las miradas de años atrás eran de rabia por las condiciones de vida de los pueblos, de solidaridad con sus luchas y de condenas contra los regímenes dictatoriales y violentos. Siempre se ha percibido admiración hacia los pueblos latinoamericanos por las diversas expresiones de resistencia. Se acompañaron solidarias las gestas antidictatoriales, las movilizaciones sindicales, estudiantiles y muy especialmente las luchas indígenas y campesinas.

Cuba ha sido el centro de la solidaridad, y en sus momentos la revolución sandinista y las luchas en El Salvador generaron amplios movimientos de solidaridad. Ahora la esperanza y la admiración se han multiplicado ante los cambios políticos y sociales que han acontecido y de ser hoy la región el centro de las luchas contra el neoliberalismo.

América Latina es un ejemplo a seguir. En este punto bien vale la pena resaltar los esfuerzos que se hacen en España para construir un bloque alternativo, una poderosa corriente política y social que tenga capacidad movilizadora para enfrentar las brutales agresiones del capital y que se pueda perfilar como una alternativa electoral.

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Cada día se percibe con mayor nitidez que la crisis es un problema estructural y que la única opción para salir de ella es a través de una ruptura del sistema, que ya no hay espacio para soluciones mediante pactos como el que en estos momentos están buscando dos de los políticos más desprestigiados de España como son el líder del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, y el del Partido Popular y presidente de Gobierno, Mariano Rajoy. Ellos saben, y mucho mejor lo saben quiénes realmente están detrás del poder, que en España se puede producir una ruptura del sistema.

El bipartidismo está en bajada vertiginosa, la monarquía se desprestigia por sí sola cada día y supuestamente era ella la garantía de la unidad nacional. No hay día donde no haya movilizaciones y protestas a pesar del endurecimiento de la represión y las judicializaciones. No hay día en que ministros, parlamentarios, presidentes autonómicos, los príncipes o la reina no sean abucheados por donde aparecen. Crece la indignación ante los escándalos de corrupción y de los obscenos privilegios de unos y otros. Pero no ha habido unidad.

Hay muchas desconfianzas hacia las cúpulas sindicales y la izquierda parlamentaria. Pero hay movimientos. Izquierda Unida crece y se propone ser movimiento político y social y por primera vez los movimientos sociales y la izquierda tradicional se sientan a pensar en una propuesta política y social, a desechar mutuas desconfianzas. Es decir a recorrer los caminos duros y difíciles de la unidad que son los que en América Latina han propiciado los cambios que tanto se admiran.