Aprueban en primer debate adhesión de Colombia a la OTAN. La doctrina militarista impera en el Congreso de la República

Ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, con el director de la Oficina de Seguridad de la OTAN, Stephen Smith.
Ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, con el director de la Oficina de Seguridad de la OTAN, Stephen Smith.

Simón Palacio

Entre los tratados internacionales, uno de los más cortos en su forma es aquel que con 12 países y solo 14 artículos dio origen a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), el acuerdo más conciso y más peligroso para la humanidad: un acuerdo de guerra fratricida.

El 4 de abril de 1949, Estados Unidos, Francia, Bélgica, Holanda, Luxemburgo, el Reino Unido, Canadá, Dinamarca, Islandia, Italia, Noruega y Portugal hicieron parte de los países fundadores de la OTAN. Ya en 1952 se unieron Grecia y Turquía, en 1955 la República Federal de Alemania, en 1982 España; la República Checa, Hungría y Polonia fueron miembros en 1999. Y en el año 2004 accedieron Bulgaria, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania y Rumania. Croacia y Albania engrosaron la lista en 2009. Y Colombia alista maletas para ser parte de ese selecto grupo militar tras ser aprobado en primer debate el acuerdo firmado por el ministro de la Defensa Juan Carlos Pinzón, en Bruselas en junio del pasado año.

El acuerdo

La firma del documento obedeció, según el ministro Pinzón, a un acuerdo de cooperación y seguridad de información, orientado al intercambio de información e inteligencia con miras a mejorar las capacidades en ambas partes para hacerle frente a las amenazas comunes, especialmente el crimen transnacional. Para el ministro, Colombia entró en una fase de “diplomacia para la seguridad” y emprendió la construcción del acuerdo de cooperación con la Unión Europea en países como Bélgica, Francia, el Reino Unido, España y ahora la OTAN.

Eso le permitiría al país “tener acceso a conocimiento, experiencia, buenas prácticas en materia de misiones de paz, misiones humanitarias, derechos humanos, justicia militar, procesos de transformación y mejoramiento del sector de defensa y seguridad, entre otros temas”, según el proyecto de ley presentado por Pinzón y acompañado de la cancillería colombiana.

En reunión que sostuvo el jefe de la cartera de Defensa colombiano con el general Philip Breedlove, quien oficia como comandante Supremo Aliado en Europa de la OTAN, en los Estados Unidos, se abrió el camino para la firma del tratado de adhesión de Colombia a la OTAN en la categoría de aliado global. En dicho encuentro se trataron temas relacionados con la integridad y transparencia en seguridad y el necesario intercambio de información con el organismo multilateral para temas como: lucha contra el narcotráfico, el terrorismo, el secuestro, la extorsión, el lavado de activos y otras amenazas transnacionales.

Los presupuestos

Pero es en el mes de marzo del presente año, en una visita a Colombia de Stephen Smith, director de la Oficina de Seguridad de la OTAN, que el proyecto aceleró su marcha. En esa ocasión se dio a conocer el proceso de certificación de procedimientos y medidas de seguridad de información, que Colombia debía incluir para llegar a cumplir las exigencias del organismo multilateral. Era el aval de la OTAN para que Colombia fuera aliado activo y concretar la llamada estrategia diplomática por la seguridad.

Y fue un mes después que se conoció la integración de Colombia al Sistema Integrado de Catalogación de Defensa de la OTAN, herramienta de organización de procesos logísticos para la Fuerza Pública, y entró a la exclusiva red internacional de adquisiciones de insumos para la guerra desarrollando el llamado Plan Maestro Logístico direccionado por los Estados Unidos. Primer presupuesto de adhesión al organismo internacional.

Los intereses de la OTAN

Para el congresista de la comisión segunda de la Cámara, Iván Cepeda, el proyecto es un atentado a la soberanía colombiana y va en contravía de los propósitos que hoy en plena campaña presidencial pretende vender el presidente candidato. “Estas son de las cosas totalmente incongruentes por parte del gobierno de Juan Manuel Santos. Estamos hablando de paz, de avanzar en un proceso de paz, mientras en el Congreso de la República se tramita un acuerdo con la OTAN que se presenta como algo anodino, que no tiene ningún alcance estratégico pero que en realidad deja abierta la puerta para que Colombia se vaya integrando a un bloque militar en contra de la integración latinoamericana”, manifestó.

Amenaza al continente

Lo que pone en tela de juicio a Colombia ante sus vecinos es que, por una parte, dice estar interesado en la integración latinoamericana y no se opone a las reglas de convivencia trazadas en la Celac y en Unasur; y, por otro lado, se ve al Ejecutivo buscando apoyos militares con potencias que abiertamente están contra la integración y los procesos democráticos del continente, en especial contra la democracia venezolana.

“El ministro pretende escudarse en que este es un tratado que no tiene mayores alcances, que simplemente se trata de un intercambio de información y hacer operaciones conjuntas con tropas de los países de la OTAN. Pero por supuesto que ese es un campo de gran indefinición”. Y es que las preguntas que surgen no han tenido respuesta factible desde la oficialidad: ¿Qué información se va intercambiar? ¿Esa información compromete la seguridad nacional? ¿Qué tipo de operaciones se van a realizar? ¿Operaciones que violan la soberanía de otros países vecinos? ¿Servirá ese apoyo militar a las potencias enemigas de procesos latinoamericanos de democracia como en el caso de Venezuela? Todo eso deja abierto un proyecto de ley que consta de tan solo tres artículos.

Doctrina de guerra

Este proyecto de ley, que ha sido discreto en su trámite en el Senado y la Cámara, guarda estrecha relación con la doctrina de guerra interna que aún se sigue impartiendo en las aulas castrenses. El adoctrinamiento militar acoge principios de la guerra fría materializados en la lógica política y militar que practica la OTAN. Esa situación ha reclamado cambios desde la institucionalidad. Para una paz verdadera y duradera esa doctrina militarista sí está en debate.

En eso coincide Cepeda: “Yo creo que en general un proceso de paz exitoso obliga a que Colombia se reoriente en el escenario internacional de una manera radical. No vamos a ponerle un punto final a nuestro conflicto armado para convertirnos en un país exportador de tecnología militar o de experiencia militar o intervención en conflictos ajenos”.

Colombia debe ubicarse en el panorama mundial de países pacíficos, no solamente desde el punto de vista formal con eventuales acuerdos fruto de las conversaciones de paz, sino también desde su papel en el continente.