Ondas gravitacionales: La banda sonora del universo

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La comunidad científica internacional valora el descubrimiento de las ondas gravitacionales, como un acontecimiento de la magnitud de la invención del telescopio hace varias centurias y la perspectiva que se abre de descubrir fenómenos insospechados en la vida y las relaciones de los cuerpos celestes

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Ricardo Arenales

La onda gravitacional, un descubrimiento científico del que dieron cuenta los medios de comunicación hace dos semanas, es una oscilación en el tejido del espacio-tiempo, que a pesar de que en su recorrido va debilitándose hasta niveles imperceptibles a nuestros sentidos, transmite sin embargo valiosa información sobre la existencia de planetas, sistemas y fenómenos espaciales, algunos de ellos insospechados por la mente humana.

El especialista en estos temas, Manuel Martínez Llaneza, gusta de emplear un ejemplo sencillo para entender este fenómeno. Es como cuando un barco, al navegar, cambia el estado del mar, desplazando el agua del espacio que la nave va ocupando. Esa agua, al contacto con el barco, va formando olas que se alejan, a una velocidad que va a depender de las características físicas del aire, de la propia agua y de la gravedad.

Las olas permiten recolocar el agua apartada y al mismo tiempo transmiten la información de que han sido desplazadas por un barco. Desde luego, si vemos las olas, podemos inferir que hay un barco en movimiento, en la dirección de donde éstas provienen. Esas olas, sin embargo, decrecen con la distancia hasta hacerse imperceptibles. El mismo ejemplo podría ponerse con el avión en relación al aire, y con otros cuerpos.

El fenómeno es similar en el espacio cósmico. Solo que, para el caso de las ondas gravitacionales, estas son tan extraordinariamente imperceptibles, que para captarlas es necesario que se produzca un choque de magnitudes colosales. Y esto fue lo sucedido con el acontecimiento revelado por los científicos.

Hace millones de años

Al parecer, hace mil millones de años luz, cuando en la tierra apenas se formaban las primeras células que insinuaban vida, se produjo la fusión de dos agujeros negros, que desprendieron una cantidad enorme de ondas gravitacionales. Estas han recorrido el espacio infinito y apenas ahora, gracias a unos elementos de captura también extraordinarios, denominados interferómetros, se ha podido establecer certeza de su existencia.

La importancia del descubrimiento es que nos permite encontrar explicaciones de numerosas ‘acciones’ de los planetas a distancia, especialmente de la acción gravitatoria. En el caso de los agujeros negros, nos llegan señales medibles, situación que antes era impensable, al no disponer la ciencia de la sofisticación actual en la exploración de estos acontecimientos.

El notable científico Albert Einstein habló por primera vez de las ondas gravitacionales, en 1916, en el texto de su Teoría General de la Relatividad. Pero el hombre de ciencia alemán no pudo demostrar su existencia y en varias ocasiones dudó de la consistencia de su teoría.

Retos

En agosto pasado, en el marco de una investigación en la que vienen participando unos mil científicos de medio centenar de universidades y de países, se tuvo noticias de las ondas gravitacionales, pero su constatación se produjo apenas hace dos semanas.

El reto, ahora, es encontrar la naturaleza de esas ondas gravitacionales, su velocidad, su nexo entre la gravitación y la física de partículas. Así como en el ejemplo del barco sobre el agua, las ondas gravitacionales también transmiten valiosa información. Hoy se sabe que en un sistema solar como el nuestro, los planetas “se enteran” de la existencia del sol a través de la fuerza gravitatoria, que los hace girar a su alrededor.

Esas ondas abren una puerta enorme para estudiar el universo. Permitirán encontrar las huellas del denominado Big Bang, cuya teoría sin embargo es puesta en duda por algunos científicos. En todo caso, la humanidad comienza a transitar un nuevo camino, el de grandes hallazgos, que desembocarán en tecnologías, que ojalá sean puestas al servicio de la humanidad y no de las grandes corporaciones transnacionales.