Los caminos de la duda: Se reedita la historia

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Foto: Viridiana Palomino / Secretaría de Cultura CDMX obra de teatro Sólo un Hombre via photopin (license)

Ante la incapacidad del modelo neoliberal y de los gobiernos que lo sustentan, y la credibilidad aún no ganada de modelos alternativos, crecen propuestas nacionalistas que impulsan la defensa del gueto y de la raza y asignan a “los otros” la responsabilidad del fracaso del modelo.

Foto: Viridiana Palomino / Secretaría de Cultura CDMX obra de teatro Sólo un Hombre via photopin (license)

Alfonso Conde C.

Hace poco menos de un siglo, en medio de la gran crisis global que se desató en 1929 (de esas que llaman de onda larga), el capitalismo adoptó medidas de intervención del Estado en las economías como paliativo al problema. Ello no se hizo en todas las naciones. Algunas, como Alemania, gravemente afectadas por el desempleo y por la carencia de materias primas, de la mano de un nacionalista que prometía el retorno a la grandeza y la idea de la supremacía de su raza, emprendieron, por la vía de la guerra, la tarea de la redistribución del mundo.

La mayoría de la población, desesperada por la crisis, apoyó las posturas de ese dirigente que condujo a Europa y a otras regiones del globo a uno de los mayores desastres del siglo XX: la Segunda Guerra Mundial. Hitler, cuyo discurso se hizo atractivo para la mayoría de trabajadores y desempleados alemanes, permeó también a sectores importantes de la población de otras naciones y a dirigentes políticos conservadores de regiones diversas. Sus ideas políticas se regaron entonces como verdolaga en playa. La reacción mundial tardó demasiado.

Hoy, todavía en medio de la crisis que se desató en 2008, parece reeditarse la historia. En todo el mundo se vivió la movilización multitudinaria contra la globalización y el predominio del sector financiero, responsables cercanos de la crisis. Los “Indignados”, “Occupy Wall Street” y otros llenaron las plazas para exigir cambios –no definidos- que permitieran a los pobladores la vida con dignidad.

En ese contexto y ante la incapacidad del modelo neoliberal y de los gobiernos “socialdemócratas” que lo sustentan, y la credibilidad aún no ganada de modelos alternativos, empezaron a crecer propuestas nacionalistas que impulsan la defensa del gueto y de la raza y asignan a “los otros” la responsabilidad del fracaso del modelo imperante. La reelección de Rajoy, el ascenso de Marine Le Pen, el Brexit, el avance del neofascismo, la xenofobia y, últimamente y de manera sobresaliente, la elección de Trump, se inscriben en este proceso que coincide con avances paulatinos de la derecha en Sudamérica, desde Argentina hasta Colombia.

Así como Hitler en su época recibió el apoyo de protestantes del norte, conservadores y monarquistas, en Colombia las tendencias guerreristas han sido promovidas por algunas Iglesias y laicos fundamentalistas, algún sector conservador y la organización política de los nuevos latifundistas que añoran el poder omnímodo del rey iluminado. En ambos casos ganaron apoyo popular.

La acción, entonces, de la política nazi, costó millones de muertos. Trump tendrá próximamente el dedo en el gatillo de las armas de destrucción masiva del imperio. La paz es una consigna de todos los pueblos del mundo.