Laudato Si

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Papa Francisco, máximo jerarca de la Iglesia Católica.

Encíclica papal de alto contenido social señala la responsabilidad del capitalismo en el desastre ambiental que vive el planeta. El papa Francisco levanta ampolla entre la Iglesia ortodoxa y conservadora.

Papa Francisco, máximo jerarca de la Iglesia Católica.
Papa Francisco, máximo jerarca de la Iglesia Católica.

Editorial del Semanario VOZ

El papa Francisco I, sumo pontífice de los católicos, promulgó la semana pasada desde Roma la encíclica Laudato Si (Alabado Seas) “Los cuidados de la Casa Común”, evocando a San Francisco de Asís, el llamado santo de los pobres. Es un documento interesante y de alto contenido social, que revela una Iglesia que mira hacia los pobres, precisamente los más afectados en estos tiempos por la dictadura del capital y por el neoliberalismo, cuyo modelo es la férula para explotar a los más necesitados, a la vez que les niega sus derechos y anhelos sociales.

Es un documento, no faltaba más, confesional y doctrinario, desde la perspectiva de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Está escrito para sus cardenales, obispos, sacerdotes y feligreses, que son millones en todo el planeta. Aunque también dice que está dirigido a todos los pobladores de la Tierra que se interesan por el tema. Con lenguaje directo señala que son los poderosos y el modelo que representan los responsables del calentamiento global y del creciente deterioro ambiental que dañan la naturaleza. La responsabilidad es de los humanos y no obedece a causas sobrenaturales, es la verdad científica que acoge el audaz papa Francisco I que no deja de sorprender a la Iglesia y al mundo.

De inmediato hubo reacciones. Aunque desde antes en el Vaticano los sectores más de ultraderecha, ligados a las comunidades más conservadoras de la Iglesia Católica, las mismas que acoge en Colombia el procurador Alejandro Ordóñez, filtraron el borrador de la Encíclica. El documento, aún no acabado, fue entregado a periodistas y medios de comunicación, que lo divulgaron a pesar de que sabían el daño que sufriría la imagen del sumo pontífice. Creyeron que así Francisco echaría pie atrás, pero no lo hizo, siguió adelante y enfrentó el vendaval de las críticas conservadoras y de los sectores más violentos de la Iglesia, ligados en el pasado a los actos de corrupción, en la actualidad perseguidos y recriminados por el papa.

Desde Estados Unidos, los sectores más reaccionarios acusaron hasta de comunista el contenido de la encíclica doctrinaria. “No se puede culpar al capitalismo ni al consumismo y al sector financiero de lo que es responsabilidad de los pecados del hombre”, planteaban algunos círculos católicos de Washington. La Iglesia de Polonia, tan atrasada como es, la calificó de problemática y de poner en peligro la explotación de las riquezas naturales en su país. Útiles para el desarrollo económico no importa al precio y consecuencias que sean.

En general, Laudato Si cayó bien en el mundo. Es un discurso en favor de los pobres y de enjuiciamiento a las causas políticas y económicas del calentamiento global y de la depredación ambiental. El papa alerta sobre el peligro que desaparezca el agua: “Es previsible que el control del agua por parte de grandes empresas mundiales se convierta en una de las principales fuentes de conflicto de este siglo”. Las empresas y los políticos son los culpables por haber “hecho el uso irresponsable de los bienes que Dios ha puesto en la Tierra”. Llama la atención sobre el flagelo de la deuda externa y dice que existe una deuda ecológica de los países ricos con los países en vías de desarrollo.

Reconoce el papel de las organizaciones sociales que defienden el medio ambiente. “Merecen una gratitud especial quienes luchan con vigor para resolver las consecuencias dramáticas de la degradación ambiental en las vidas de los más pobres del mundo”, dice. Valora el papel de la joven generación: “Los jóvenes nos reclaman un cambio. Ellos se preguntan cómo es posible que se pretenda construir un futuro mejor sin pensar en la crisis del ambiente y en los sufrimientos de los excluidos”.

Aboga por el cambio: “El cambio es algo deseable, pero se vuelve preocupante cuando se convierte en deterioro del mundo y de la calidad de vida de gran parte de la humanidad”. El papa no le teme al cambio: “El cambio climático es un problema global con graves dimensiones ambientales, sociales, económicas, distributivas y políticas, y plantea uno de los principales desafíos actuales para la humanidad”.

Hay numerosos puntos de vista en que el meollo de la encíclica coincide con los marxistas, aunque cada uno desde su perspectiva ideológica. En Colombia, el cardenal y arzobispo de Bogotá, Rubén Salazar, parece distanciarse de la mirada crítica de su jerarca eclesial. Para él, en el país la responsabilidad del deterioro ambiental está en coyunturales actos de sabotaje de la guerrilla. Como si no existieran el neoliberalismo, los Tratados de Libre Comercio y las transnacionales que se roban los recursos naturales. Una alta jerarquía alejada de los pobres y al lado de los poderosos que explotan el trabajo de los hombres y de las mujeres.

Por fortuna hay sectores de base, obispos y prelados que han hecho causa común por la paz, la democracia y la justicia social. La misma que reclama el papa Francisco.