La revolución industrial

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Hasta 1840, el proletariado – ese hijo de la Revolución industrial- y el comunismo, unido ahora a sus movimientos sociales – el fantasma del Manifiesto Comunista-, no se ponen en marcha sobre el continente. El mismo nombre de Revolución industrial refleja un impacto relativamente tardío sobre Europa. La cosa existía en Inglaterra antes que el nombre. Hacia 1820, los socialistas ingleses y franceses – que formaban un grupo sin precedentes- lo inventaron probablemente por analogía con la revolución política de Francia.

No obstante, conviene considerarla antes, por dos razones. Primero, porque en realidad “estalló” antes de la toma de La Bastilla; y segundo, porque sin ella no podríamos comprender el impersonal subsuelo de la historia en el que nacieron los hombres y se produjeron los sucesos más singulares de nuestro período; la desigual complejidad de su ritmo.

¿Qué significa la frase “estalló la Revolución industrial”? Significa que un día entre 1780 y 1790, y por primera vez en la historia de la humana, se liberó de sus cadenas al poder productivo de las sociedades humanas, que desde entonces se hicieron capaces de una constante, rápida y hasta el presente ilimitada multiplicación de hombres, bienes y servicios. Esto es lo que ahora se denomina técnicamente por los economistas, “el despegue (take off) hacia el crecimiento autosostenido”. Ninguna sociedad anterior había sido capaz de romper los muros que una estructura social preindustrial, una ciencia y una técnica defectuosa, el paro, el hambre y la muerte imponían periódicamente a la producción. El take-off no fue, desde luego, uno de esos fenómenos que, como los terremotos y los cometas, sorprenden al mundo no técnico. Su prehistoria en Europa puede remontarse, según el gusto del historiador y su clase de interés, al año 1000, si no antes, y sus primeros intentos por saltar al aire – torpes, como los primeros pasos de un patito- ya hubieran podido recibir el nombre de “Revolución industrial” en el siglo XIII, en el XVI y en las últimas décadas del XVII.

Hobsbawm, Eric: La era de la revolución (1789-1848), Editorial Crítica, Barcelona, páginas 34 a 59.