Frida Kahlo, revolucionaria

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Frida Kahlo, en su estudio.

En una ocasión, escribió: “Lo único que quiero son tres cosas: vivir con Diego, seguir pintando y pertenecer al Partido Comunista”

Frida Kahlo, en su estudio.
Frida Kahlo, en su estudio.

Hernán A. Ortiz Rivas

En este tiempo se cumplen seis décadas de la defunción de Frida Kahlo (1954), y un siglo, siete años, de su nacimiento (1907); circunstancias que recordamos para escribir unas pocas palabras sobre la vida revolucionaria de una mujer muy comprometida con sus ideas comunistas, desde la juventud hasta la muerte, mujer extraordinaria que dejó una obra pictórica de fama mundial, que en la presente ocasión no podemos analizar.

Según el registro civil, Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón nació el 6 de julio de 1907, en Coayacán, pequeño pueblo, hoy perteneciente a la ciudad de México, cuando el país azteca estaba en las puertas de la revolución de 1910, el acontecimiento más importante del siglo XX en esa gran nación. Frida decía con insistencia que ella había nacido con la revolución mexicana de 1910, cuando Emiliano Zapata, un personaje de su admiración, iba a levantar a los pueblos del sur, afirmación que ponía de presente su actitud revolucionaria, sin ser cierta, pero que demostraba su fidelidad a las luchas de los pobres.

Frida pertenecía a una familia de clase media. Su padre fue fotógrafo, de origen judío, húngaro-alemán, su madre era mexicana con raíces mestizas. En los primeros años de su vida se enfermó de poliomielitis, que le dejó una pierna adelgazada, por lo cual las crueles muchachas de su vecindario le decían: “¡Frida Kahlo, pata de palo! ¡un pie bueno, el otro malo!”.

Desde su infancia, Frida estuvo condenada al sufrimiento, que mitigaba con la lectura. A sus 18 años sufrió un grave accidente al colisionar el bus en que viajaba, en compañía de su novio, contra un tranvía, accidente que ella dibujó a lápiz, el cual le produjo serias lesiones que la incapacitaron varios meses, cuyas secuelas la persiguieron toda la vida. La infancia y la juventud de Frida transcurrieron junto a su familia, en la casa azul de Coayacán. Quería estudiar medicina, pero, debido al accidente, tuvo que desistir, terminando sus estudios preparatorios, donde se puso en contacto con las ideas revolucionarias, que se propagaban en los centros de enseñanza de la capital.

Mezcla Salvaje

A los 21 años, Frida adhirió a un círculo intelectual, liderado por Julio Antonio Mella, comunista cubano, compañero sentimental de Tina Modotti, dirigente revolucionaria. Allí pudo hablar con Diego Rivera, a quien admiraba desde su juventud, hombre gordo, feo, que tenía fama de mujeriego y de comunista, quien llegó a ser el mayor amor de su vida.

Frida poseía un cuerpo hermoso, con un rostro delicado, cabello largo, cejas pobladas, unidas. Era una mujer de gran atractivo, mezcla salvaje de Europa y México. Diego Rivera formaba parte del grupo extraordinario de pintores mexicanos, junto a David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco, Xavier Guerrero. Le llevaba varios años a Frida. Ambos militaban en el Partido Comunista Mexicano, del cual salieron y volvieron a ingresar.

El 21 de agosto de 1929 se casaron por lo civil en Coayacán. La novia se vistió con “ropas indias”, el novio a la manera “americana”. A los diez años se divorciaron, luego volvieron a contraer matrimonio. En medio de sus infidelidades, incluida la bisexualidad de Frida, ambos se necesitaban mucho, practicaban un enorme amor, eran una especie de locura de dos, que los ataba con una fuerza sobrehumana. Entre los amores de Frida se cuentan varios dignos de destacar, los que tuvo con Trotsky y con Breton, al primero, como se sabe bien, la pareja Rivera-Kahlo lo alojó en su casa, junto con su mujer Natalia.

Frida no sólo fue una excelente pintora, una mujer de una belleza extraña, un cuerpo lleno de dolor y alegría. También ha pasado a las letras mexicanas, como autora de un espléndido diario personal, que empezó a escribir a mediados de 1944, que abarca casi diez años, diario que contiene testimonios, recuerdos, notas, cartas, de singular ternura y preciosidad literaria. Frida tuvo muchas muertes en vida; antes de su partida final, participó en una manifestación contra el imperialismo norteamericano, por la caída de Jacobo Arbenz, en Guatemala.

Muy enferma de infección pulmonar, falleció en la noche del 13 de julio de 1954, siete días después de su 47 cumpleaños. En una ocasión, escribió: “Lo único que quiero son tres cosas: vivir con Diego, seguir pintando y pertenecer al Partido Comunista”. Las tres cosas y muchísimas más resplandecen con luz eterna, en su casa “azul”, donde están sus cenizas, en el museo que conserva su memoria cada día más viva.