El ruido de los viudos del poder

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Editorial del Semanario Voz

En medio del ruido de los viudos del poder, en particular de las escandalosas y belicistas declaraciones de los ex presidentes Andrés Pastrana Arango y Álvaro Uribe Vélez, las delegaciones del Gobierno Nacional y de las FARC-EP divulgaron en La Habana el “Comunicado conjunto No. 13” en que anuncian que retomarán las conversaciones en la tercera semana de abril y que los primeros 15 días del mes estarán dedicados “a trabajar por separado en los subtemas que restan del primer punto (desarrollo agrario integral) y a la realización de consultas con la Universidad Nacional y las Naciones Unidas el 5 de abril para la preparación del foro sobre participación política que se llevará a cabo el 28, 29 y 30 de abril en Bogotá”. Decisiones bien importantes.

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A Pastrana y a Uribe los unen dos situaciones: Primero, están, cada uno por su lado, enfrentados a los diálogos de paz de La Habana; y segundo, ambos son perdedores. El primero, en el intento de una paz frustrada porque fue asumida con vacilación y con concesiones al militarismo (“Plan Colombia”, temor a combatir el paramilitarismo y debilidad frente a presiones de la cúpula militar y del Departamento de Estado gringo); el segundo, en el intento de ganar la guerra, mediante una política arrogante y agresiva y que a la postre terminó en el fracaso de la llamada seguridad democrática y en la derrota de la segunda intentona reeleccionista y por ende de un tercer mandato presidencial. Estas son posibilidades reales para los buenos mandatarios que cuentan con el respaldo popular, como fue el caso del comandante Hugo Chávez Frías en la hermana República Bolivariana de Venezuela.

El anuncio del Comunicado No. 13 que sorprendió a varios analistas, que ahora le buscan cualquier cantidad de explicaciones erráticas, fue un acto normal y sensato. Habíamos advertido en este semanario que a pesar de las coincidencias, existen varios temas en “corchetes”, condición en que quedan en la mesa aquellos puntos sobre los que no existe el acuerdo de las dos partes.

Son varios los temas en contradicción sobre el punto agrario, más allá de las diferencias, importantes por cierto, sobre zonas de reserva campesina, latifundio y uso de la tierra. El principal inamovible es la negativa gubernamental a discutir el modelo económico, basado en el libre mercado neoliberal, el poder de las transnacionales y los tratados de libre comercio, entre otros.

Así las cosas, es oportuno que en dos semanas, ambas partes, por separado, estudien y reflexionen sobre los temas en cuestión, para que al regreso a la mesa pueda “concluir el trabajo sobre los puntos de la Agenda de manera expedita y en el menor tiempo posible”, como dice el Acuerdo General y lo recuerda el reciente comunicado No. 13. Igualmente, es significativa la convocatoria al foro sobre participación política para los días 28, 29 y 30 de abril en Bogotá.

Las dificultades del proceso de diálogo y el bombardeo permanente de los enemigos de la paz, con Uribe Vélez, Pastrana Arango, los militaristas y sus amigos, a la cabeza, demuestran la necesidad de que desde las organizaciones populares, sindicales y sociales, incluyendo a la izquierda y a los sectores democráticos, se adelante el respaldo al proceso de paz, haciendo llegar las propuestas y sugerencias concretas al debate de la mesa de diálogos. Este es un espacio democrático y de participación ciudadana.

En esta dirección no puede haber atajos vergonzantes de ciertos personajes que se autocalifican de “izquierda”. Respaldar el proceso de paz de La Habana no implica respaldo a la reelección de Juan Manuel Santos, que adelanta un gobierno neoliberal y en contra de los intereses del pueblo.

El motivo, por supuesto, de la marcha del 9 de abril, es el respaldo a la paz con democracia y justicia social y una forma, desde la orilla democrática, de buscar alianzas y coincidencias en la lucha por los cambios estructurales que el país necesita. El asunto no es si Santos va o no a la marcha; el problema de fondo es con qué consignas y objetivos es la participación popular. Buscar los atajos es la manera de sacarle el bulto a un compromiso altruista, en realidad por razones sectarias y de acelerada descomposición política.