El mundo tiende su mano a la paz en Colombia

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Aspecto de la IV Cumbre de la Celac, reunida en Quito en enero.

Países miembros de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños y Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas respaldan negociaciones de paz que se adelantan en La Habana y se comprometen en un futuro proceso de verificación de los acuerdos que se firmen

Alberto Acevedo

Como una contribución a la paz de América del sur y de la región en general, fue interpretada la decisión de la IV Cumbre de Países Latinoamericanos y Caribeños, Celac, reunida en la capital ecuatoriana, de hacerse parte de un proceso de verificación de los acuerdos a que lleguen este año el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia Ejército del Pueblo y de la medida sobre dejación de armas que las partes convengan.

La decisión de la Celac, un bloque de integración regional que agrupa a 33 países, con una población de 600 millones de personas, es de la mayor trascendencia, si se tiene en cuenta que apenas unas horas antes, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, mediante el voto unánime de sus 15 miembros, había adoptado una posición en el mismo sentido, comprometiendo la gestión de la ONU en el acompañamiento del proceso de paz y un trabajo regulatorio para que los países de la Celac desarrollen in situ la labor de acompañamiento, que se prolongaría por espacio de un año, prorrogable por un periodo igual si las partes lo solicitan.

La Celac asumió el compromiso en sesión plenaria del 27 de enero, tras un verdadero plebiscito de intervenciones de respaldo por parte de los mandatarios asistentes al foro latinoamericano. El hasta entonces presidente de la Celac, Rafael Correa, al inaugurar el certamen, aseguró que el organismo regional está listo para verificar el fin del conflicto en Colombia.

Por su parte el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, cuyo gobierno es uno de los acompañantes en el proceso de conversaciones en La Habana, tras asegurar que “la Celac está en vías de consolidación”, puntualizó que es importante que “se construya la paz en Colombia, porque esa es la paz de América del Sur”.

Agenda progresista

El primer vicepresidente del gobierno cubano, Miguel Díaz-Canel, dijo por su parte: “Apreciamos los avances alcanzados en los diálogos de paz entre el gobierno de Colombia y las FARC-EP, que están más cerca que nunca de poner fin al conflicto que ha desangrado a esa nación durante más de medio siglo. Cuba, como garante y sede, seguirá contribuyendo con su labor imparcial”.

La decisión de la Celac se tomó en el marco de una discusión al final de la cual se adoptó la ‘Agenda 2020’ que tiene como objetivos la lucha contra la pobreza y la indigencia, el examen de la situación de Haití ante la suspensión de la consulta electoral, el rechazo al bloqueo económico a Cuba, el respaldo al reclamo soberano de Argentina sobre las islas Malvinas y el apoyo al reclamo de independencia del pueblo de Puerto Rico frente a Estados Unidos.

Dos días antes, el 25 de enero, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó la resolución 2261 de 2016 ‘sobre la Misión Política Especial, que integrada por observadores de la Celac adelantará labores de monitoreo y veeduría al esperado acuerdo de dejación de armas, cuando este se asuma, y reincorporación de las FARC a la vida civil’.

Observadores del devenir de las Naciones Unidas destacaron el hecho de que en 70 años de existencia del Consejo de Seguridad de la ONU, solo en 14 oportunidades los 15 miembros que integran el organismo, se han puesto de acuerdo para adoptar una resolución por unanimidad.

La misión de la ONU, liderada por un representante personal del secretario general del organismo, Ban Ki-moon, tendrá la obligación de presentar informes sobre el fin del conflicto al Consejo de Seguridad cada 90 días, y una relatoría final de su actuación durante un año, vencido el plazo de su misión.

Un sello de legitimidad

Una de las consecuencias de las decisiones adoptadas tanto por las Naciones Unidas como por la Celac, es que se imprime un sello de legitimidad política a lo acordado en La Habana, y le quita espacio a una eventual intervención posterior de la Corte Penal Internacional, escenario al que no disimulan su intención de acudir los enemigos del proceso, tanto en Colombia como en el exterior.

Pero además legitima lo acordado en materia de justicia restaurativa, sin que necesariamente la cúpula guerrillera en negociaciones deba purgar penas de prisión, una de las discusiones más dramáticas del actual proceso de La Habana. Y más importante aun, exterioriza el compromiso ferviente de la comunidad internacional con el proceso de paz en Colombia.

Otros escenarios confirman que el mundo pone sus ojos y tiende su mano fraterna en la tarea de poner fin al conflicto social y armado de nuestro país. Uno de ellos es la reunión de cancilleres del Parlamento Europeo, del 27 de enero pasado, que escuchó al jefe de la delegación de las FARC, Iván Márquez, quien expuso ante la comunidad europea las razones del conflicto, las motivaciones de la insurgencia y reclamó que se reconozca el carácter de rebeldes a la guerrilla colombiana y se le quite el estigma de terroristas.

Quitar un obstáculo

“La paz en Colombia espera mucho de la Unión Europea. A nuestro juicio, lo más justo y consecuente con la búsqueda de la paz es borrar a las FARC-EP de la lista de organizaciones terroristas, con la misma celeridad con que fuimos incluidos, lo cual quitaría del camino un serio obstáculo para la normalización de la vida política colombiana y garantizaría el proceso de reincorporación a la vida civil de los antiguos combatientes rebeldes”, puntualizó Márquez.

El presidente Juan Manuel Santos agradeció el apoyo de Celac y de las Naciones Unidas al proceso de paz y la disposición de participar en un futuro mecanismo de verificación. El entusiasmo del mandatario, que se abrazó ante las cámaras de televisión con varios de sus funcionarios, no estuvo acompañado, como hubiera sido lo deseable, del anuncio lógico de su gobierno de decretar el cese bilateral del fuego, para afinar la confianza de las partes, en la recta final de las negociaciones.

Completa esta mirada internacional al conflicto colombiano el reiterado interés del máximo jerarca de la iglesia católica, el papa Francisco, por informarse de cada uno de los pasos que se dan en las negociaciones de La Habana con la insurgencia colombiana, y en expresar el interés del Vaticano en contribuir a facilitar la consecución de un clima de paz en Colombia.

Así lo expresó en el marco de una consulta con prelados de la iglesia colombiana, en los últimos días de enero pasado, en donde el pontífice confirmó su deseo de visitar el país, en una gira que probablemente se efectuará en el primer semestre del año próximo.